Estimados lectores.

El primer versículo de nuestra Perashá nos dice: “Ki tetzé la-miljamá al oiveja” —“Cuando salgas a la guerra contra tu enemigo, y Hashem lo entregue en tus manos…”. Muchos comentaristas explican que la manera de recibir la bendición de Dios para conquistar al enemigo es estar por encima del enemigo, no solo en el campo de batalla, sino también en lo espiritual y moral. La Torá utiliza la expresión “al oiveja” —“por sobre tu enemigo”— para enseñarnos que la verdadera victoria no es solo militar o física, sino que requiere elevarnos, ser superiores ética y moralmente a quien enfrentamos.

Hoy en día, el pueblo judío se ve rodeado de enemigos. Están aquellos que buscan nuestra destrucción física, con misiles, bombas, cuchillos o ataques brutales; y están también quienes quieren vernos desaparecer, quienes nos odian, nos envidian y canalizan sus frustraciones acusándonos de todo.

Frente a todos ellos no debemos rebajarnos a su nivel ni pelear de igual a igual. Debemos recordar que nuestra fuerza proviene de la conexión con Dios, y que esa conexión es la que nos garantiza que, al final, el enemigo será entregado en nuestras manos.

El versículo añade un detalle crucial: el botín no es material. El verdadero botín es espiritual, es lograr que incluso la experiencia dolorosa de la guerra nos eleve, permitiéndonos liberar y revelar la chispa divina que estaba atrapada en lugares tan oscuros. Con esta perspectiva, esperamos y pedimos ser merecedores de que esta larga guerra —que parece extenderse ya por miles de años— llegue a su fin, y que podamos ver pronto la Redención final con la llegada del Mashíaj Tzidkeinu.

Rabino Eli Levy

¡Shabat Shalom!