En el judaísmo, la fe no es una proposición binaria, de sí o no.

Si bien, según la ley judía, el requisito mínimo de fe es la creencia en un Ser singular, omnipresente y omnipotente Quien es la Causa de toda existencia,1 vivir verdaderamente con fe significa mucho más que eso. Curiosamente, la palabra hebrea para fe, emuná, deriva de la misma raíz que uman, que significa “artesano”, “obrero” o “profesional”.2

Si bien alcanzar la condición de artista a menudo comienza con la identificación de un talento innato, ese talento, si no se ejercita, puede permanecer dormido, sin desarrollarse.

La verdadera maestría depende del cultivo constante a través de la expresión y el cuidado permanente. Para ser competente en un oficio, uno necesita dedicar tiempo, esfuerzo y práctica para desarrollar sus habilidades. Asimismo, la fe es una búsqueda continua, una especie de arte que mejora con el tiempo y la práctica. De hecho, en hebreo moderno, imunim (voz relacionada con emuná, “fe”) significa “ejercicios”. Así como uno necesita de una rutina de ejercicios para mantener su cuerpo en forma, también el alma necesita nutrición regular para mantener su fe vibrante.

Por lo tanto, la fe no es un sustantivo estático, algo que uno posee y nunca pierde; más bien, es un verbo dinámico, una búsqueda y proceso activos que requieren constante cultivo. En el plano intelectual, el viaje de fe es uno que nos exige comprender tanto como podamos acerca de Di-s, la Torá y el alma, y lo que no podemos comprender o demostrar lo circunscribimos al campo de la fe. Sin embargo, los Sabios demandan de nosotros que constantemente profundicemos y optimicemos nuestra comprensión.3 Al hacerlo elevamos el techo de nuestra fe, de modo que lo que alguna vez hemos tomado por medio de la fe, ahora lo alcanzamos por medio de la comprensión y el conocimiento. Esta danza dialéctica entre fe e intelecto es una de las expresiones primarias del eterno viaje de la fe.

Sin embargo, a pesar de su caricatura común, la fe no es sólo convicción obstinada ante la ausencia de razón; la fe es una manera de conocer arraigada en la experiencia. Aprendemos haciendo, y desde el contexto de la acción surge una percepción a la que jamás se podría acceder a través de meras palabras y pensamientos. Es como intentar explicar el sabor de una fresa a alguien que nunca antes ha comido una. No hay palabras ni formas de expresión o metáforas que puedan jamás hacerle justicia. Semejante experiencia sólo puede apreciarse en toda su plenitud llevando una fresa a la boca y morderla.

De manera similar, cuando se trata de fe, hay un grado de comprensión e identificación que viene solo a través de la realización de mitzvot, los actos y prácticas sagrados prescriptos por la Torá.

Este es el significado de la declaración de los israelitas en Sinaí cuando aceptaron la Torá exclamando: “Haremos y [y a través de hacer] entenderemos”.4 Aquí yace un cambio de paradigma en el corazón de la comprensión judía de la fe. No es que cuanto más entendamos y creamos, más haremos; más bien, cuanto más hagamos, más llegaremos a comprender y creer.5

Por lo tanto, el judaísmo reclama a sus adherentes dar un salto de acción, no solo de fe. A la luz de esto, las mitzvot se revelan no solo como frutos de la fe, sino también como sus raíces nutritivas.

En definitiva, la fe es un viaje de por vida que nutre y se nutre del continuo avance intelectual y experiencial.

Significativamente, en el judaísmo, una persona de fe no se denomina “buen” judío sino judío “practicante”. Comprometerse en el arte y acto de fe es, así, practicar cada día y esforzarse continuamente por perfeccionar este arte espiritual para que nuestra conexión, tanto con el Creador como con la creación, se expanda y profundice día a día.

El Concepto

La fe no es estática ni fija, sino dinámica y fluida. Al igual que el cuerpo, el alma necesita nutrición y ejercicio constantes para florecer.

Sucedió Una Vez

En sus memorias, el Sr. Gordon Zacks, un destacado activista judío y asesor presidencial estadounidense, relata sobre una audiencia que tuvo una vez con el Rebe de Lubavitch:

”—¿Cree usted en la revelación, Sr. Zacks?” —me preguntó el Rebe.

”—Creo en Di-s y creo en que Él inspira... pero no creo que Él escriba —respondí.

”—Usted pretende decir, Sr. Zacks, que en esta vasta estructura que Di-s ha creado, de plantas, animales, cadenas alimentarias, estrellas y planetas… ¿la única criatura en todo el universo que no comprende cómo encaja allí y cómo vivir una vida de propósito es el ser humano?

”—Sí. —le respondí.

”—¿Y qué hay de la complejidad del cuerpo humano? —replicó el Rebe— ¿y del diamante que es la célula humana? ¿y de cómo el cuerpo digiere los alimentos y se constantemente se renueva con absoluta consistencia?

”Solo atiné a encogerme de hombros, pero mi respeto por él se incrementaba a cada instante.

”—¿Y cómo puede usted explicar el cerebro y la mente? ¿Cómo es que guían todo este notable sistema de manera tan intencionada y precisa? ¿Y qué hay de cómo nosotros encajamos en el inconmensurable ecosistema terráqueo, donde inhalamos el oxígeno que tan maravillosamente las plantas producen para nosotros? ¿Acaso todo eso podría ser accidental?

”¿Cómo podía responder a semejantes cuestionamientos?

”—Y más allá de lo que sucede en la Tierra —prosiguió el Rebe— ¿qué hay de todos los cuerpos celestes en el espacio que parecen seguir un orden tan perfecto y armonioso? ¿Acaso es sensato pensar que el hombre es la única criatura del planeta sin pautas para vivir su vida? ¿Acaso le cabe al hombre ignorar la Torá que Di-s nos legó como hoja de ruta para guiarnos? ¡Este es el eslabón perdido que nos conecta con la complejidad de la naturaleza!

”Así fue. Comentario tras comentario. Más veces de las que puedo contar, no pude siquiera comenzar a rebatir sus argumentos.

”Durante nuestra conversación, el Rebe citó el libro de Kazantzakis, Zorba el Griego:

”—¿Recuerda usted al joven conversando con Zorba en la playa, cuando Zorba le pregunta sobre el propósito de la vida? El joven admite que no lo sabe. Y Zorba comenta: ‘Bueno, todos esos libros que lees, ¿de qué sirven? ¿Para qué los lees?’ El amigo de Zorba responde que no lo sabe. Zorba percibe que su amigo no tiene respuesta al cuestionamiento más fundamental. Ese es el problema contigo. ‘La cabeza de un hombre es como un comerciante’, dice Zorba, ‘lleva cuentas... La cabeza es un pequeño comerciante, pero cauteloso; nunca arriesga todo lo que tiene, siempre guarda algo en reserva. Jamás rompe la cuerda’.

“—Los sabios y los comerciantes calculan todo. Nunca pueden cortar la cuerda y ser libres. Su problema, Sr. Zacks, —prosiguió el Rebe— es que está tratando de hallar el mapa de Di-s a través de su cabeza. Es poco probable que así logre hallarlo. Usted debe experimentar (realizando actos concretos) antes de poder sentir verdaderamente y luego ser libre para aprender. Permítame enviarle un maestro por un año y le enseñe cómo ser judío y vivir como tal. Liberará toda una nueva dimensión en su vida. ¡Si realmente usted pretende cambiar el mundo, comience por usted mismo! Si usted arroja una piedra en un estanque observará cómo los círculos concéntricos irradian hacia la orilla. Usted influirá en todas las personas que lo rodean y ellas a su vez influirán en otros. Esa es la única manera de poder mejorar el mundo’.”

* * *

Kalman Cowl, profesor de música de la Universidad de Columbia, entabló amistad con algunos jasidim y solía visitarlos con frecuencia en la sinagoga central de Jabad, en 770 Eastern Parkway, Brooklyn. En una ocasión, sus amigos lo persuadieron de solicitar una reunión con el Rebe de Lubavitch. Sin embargo, estaba aprensivo acerca del encuentro, porque, en sus propias palabras: “Aunque me sentía ferozmente judío, no creía en Di-s”.

En su reunión, después de intercambiar amabilidades, Kalman le dijo al Rebe: “Agradezco el privilegio de que aquí, en 770, me enseñen tanto sobre mi herencia, pero no quiero permanecer aquí bajo falsos pretextos. No tengo fe”.

El Rebe meditó por unos momentos y simplemente dijo: “Mientras su falta de fe sea motivo de preocupación para usted, entonces yo no tengo de qué preocuparme”