Algunos ven el tiempo como una fuerza impiadosa que avanza sin cesar dejando nuestra vida a su paso. Como una cinta transportadora que nunca se detiene, cada momento nos acerca más a nuestro final. Esta comprensión del tiempo puede ser profundamente inquietante. En palabras del poeta William Carlos Williams: “El tiempo es una tormenta en la que todos estamos perdidos”.

Pero, ¿es ésta la única manera de ver el tiempo, como un recurso limitado y que disminuye raudamente, el cual debemos atesorar o consumir frívolamente antes de que se acabe? ¿O podría haber otra forma de ver el tiempo, una que no necesariamente conduzca a sentimientos de escasez, urgencia y ansiedad?

Mientras que la palabra “momento” deriva del latín momentum (movimiento), que implica la incesante marcha del tiempo, la versión hebrea de la misma palabra, rega, deriva de ragúa, un estado de sosiego o reposo.

No es que en el judaísmo el tiempo se detenga, el tiempo no se detiene para nadie, sino que el tiempo en sí consiste de una secuencia de paradas. En otras palabras, tú no estás en la cinta transportadora del tiempo; más bien, la cinta transportadora pasa ante ti, entregando nuevos momentos en rápida sucesión para que tú entres y habites. Esto lo sugiere la expresión bíblica para referir el proceso de envejecimiento, ba baiamim,1 que literalmente significa “entrar en días”.

Rashi2 sugiere que la raíz de la palabra rga (momento) significa estar plegado como un acordeón. El tiempo está así compuesto por una secuencia de momentos apretadamente empaquetados. Podemos elegir desplegar estos momentos, viendo a cada momento en sí mismo como la oportunidad única que representa; o podemos dejarlo al tiempo así, plegado, dejando que cada momento irrepetible pase desapercibido y sin ser debidamente apreciado. Es elección de cada uno.

El Anterior Rebe de Lubavitch, R. Yosef Itzjak Schneersohn, escribe:3 “La percepción del tiempo como largo o corto depende absolutamente de nosotros. A veces muchas horas pasan rápidamente; y otras, pocas horas parecen interminables”.

Este enfoque empoderador del tiempo centra nuestra atención en el presente nítido más que en la distorsionada percepción del transcurso del tiempo, y se expresa en las numerosas palabras bíblicas que se refieren al tiempo.

Por ejemplo, la palabra et, la más común referencia bíblica al tiempo, está relacionada con la palabra ata, “ahora”; no hace alusión a un movimiento o progresión, sino a un punto particular, una “parada” en el tiempo.

Zman, la palabra hebrea para “tiempo”, está relacionada con la palabra hazmaná, “invitación”. El tiempo en sí es una especie de invitación, cada momento nos llama e invita a aprovechar la oportunidad que representa. Zman también es un acrónimo de ze man, “¿qué es esto?” A primera vista, cada momento parece igual al anterior; sin embargo, esta palabra para “tiempo” nos insta a desplegar cada momento y buscar su importancia propia y única.

De manera similar, la palabra shaá, “hora”, también significa volverse hacia algo o prestarle atención, como en el versículo: Di-s shaá (prestó atención) a Abel y su ofrenda.4

Esta visión del tiempo como una sucesión de momentos independientes en lugar de una corriente o flujo ininterrumpido se basa en la perspectiva del judaísmo sobre la existencia en sí. El judaísmo no ve la creación como un episodio único que, una vez puesto en marcha, continúa existiendo por sí mismo; más bien, la creación es un evento milagroso que requiere una renovación constante para seguir existiendo. Esto está referido en nuestras oraciones diarias, donde en la bendición que precede al Shemá, decimos: “Quien en Su bondad renueva las obras de la creación cada día, constantemente”.

¿Por qué la creación requiere una renovación constante? Esto se debe a que, a diferencia de un artesano, que simplemente moldea un artículo con materiales que existían antes de haber él interferido en ellos y que continúan existiendo aun después de haber terminado de moldearlos, el acto de la creación implica crear ex nihilo, traer a la existencia algo de la nada absoluta.

Filosóficamente hablando, la necesidad de una fuerza creativa en sí indica que el estado natural de la existencia es el estado de la nada, y al igual que todo lo que va en contra de su estado natural, la creación requiere de una fuerza activa y constante que la renueva en cada momento. Porque si la fuerza creativa dejara de crear, aunque fuese por un instante, toda la creación se revertiría inmediatamente a su estado natural de nada.5

Desde esta perspectiva, por muy similar que cada momento parezca al anterior, en realidad no es parte de un continuo en absoluto. Más bien, cada momento es una realidad completamente nueva y diferente que se crea en ese mismo instante. Y debido a que, como enseña el Talmud,6 “Di-s no crea nada sin un propósito”, cada momento tiene su propio objetivo y oportunidad únicos que nunca antes existieron y que nunca jamás volverán a estar disponibles.

Por lo tanto, nuestra tarea, como mensajeros de Di-s en este mundo, es hacer realidad ese propósito utilizando el momento presente para cumplir su raison d’être.

Esta visión cinematográfica del tiempo como una secuencia de fotogramas independientes que se reproducen uno tras otro cambia la forma en que deberíamos utilizar nuestro tiempo. El Zóhar7 interpreta el versículo8Abraham era anciano, venido con días” como “Abraham trajo todos sus días consigo”. Según esta visión del tiempo, los días son “coleccionables”, cada uno con su propia inspiración y valor distintivos. El éxito de Abraham en distinguir todos sus días derivó de su capacidad para entrar plenamente en el potencial único de cada momento específico.

Citando el libro HaIom Iom:9 “Debemos cuidar el tiempo... Cada mínima porción de tiempo, cada día que pasa, no es sólo un día más sino una cuestión de vida...”.

A cada persona se le asigna de lo Alto un número determinado de días para vivir.10 Nuestra tarea es optimizarlos, preguntándonos constantemente: “¿Qué quiere Di-s de mí en este preciso instante?”

El Talmud11 relata que R. Yojanan ben Zakai yacía en su lecho de muerte, llorando. Cuando sus discípulos le preguntaron el motivo de su llanto, Yojanan respondió: “Veo dos caminos ante mí (uno bueno y otro malo) ... y no sé por cuál me llevarán, ¡cómo pues no he de llorar!”

Este episodio evoca la pregunta12 de por qué R. Yojanan esperó hasta yacer en su lecho de muerte para pensar en su trayectoria de vida. ¿No debería uno reflexionar sobre la dirección de su vida constantemente?

Una de las explicaciones13 es que R. Yojanan estaba demasiado absorto en aprovechar cada instante de su vida como para pensar en su posición personal y en la suma de sus acciones, es decir, hacia qué camino lo conducían. En lugar de preguntarse constantemente: “¿Hacia dónde me dirigen?”, R. Yojanan se preguntaba: “¿Qué quiere Di-s de mí en este momento?”. Fue sólo cuando llegó su hora que entendió que Di-s quería que pasara esos últimos momentos haciendo un recuento de sus logros de vida, y por eso fue sólo entonces que miró hacia atrás, a su vida, como un todo.

Si bien esto puede ser una vara demasiado alta para el común de las personas, sí brinda una perspectiva de cómo podríamos optar por vivir más en el momento y atender a su llamado.

En definitiva, hay dos formas de experimentar el tiempo. Uno puede estar completamente preocupado por el pasado o el futuro, sin prestar atención al presente; o puede vivir completamente en el presente como si nada más existiera. Vivir en el pasado o en el futuro, a menudo induce remordimiento o ansiedad, como describe la reprimenda en Deuteronomio:14 “Por la mañana dirás: ¡Ojalá fuera de noche! Y por la noche dirás: ¡Ojalá fuera de mañana!”. Vivir el momento, por otro lado, como sugiere la palabra hebrea rega, es tranquilizador y reconfortante.

Sin embargo, es importante señalar que la idea mística judía de vivir en el momento difiere radicalmente de la versión planteada por la psicología popular. En la visión judía, vivir el momento no es sólo una forma de liberarnos de los remordimientos por el pasado o de las preocupaciones por el futuro desconectándonos temporalmente de la realidad y eligiendo no pensar en ella. No es un estado glorificado de inconciencia o distracción; más bien, es la práctica consciente de la atención plena. Vivir el momento es estar decididamente conscientes y conectados con la energía Divina y el propósito único de cada instante.

Esta idea se expresa bellamente en el Tania15 de R. Schneur Zalman de Liadi: “Cada momento trae consigo una nueva y única fuerza vital que emana del cosmos espiritual, dejando que la energía del momento anterior regrese a su fuente llevándose con ella todas las buenas acciones que en él se hayan logrado”.

Al cambiar nuestra mentalidad de pensar en lo rápido que se acaba el tiempo y centrarnos en cambio en la oportunidad única inherente a cada momento, descubrimos que no somos víctimas indefensas que se ahogan en los furiosos rápidos de una vida fugaz; más bien, somos músicos sublimes interpretando el canto de nuestra alma en el acordeón Divino del tiempo.

El Concepto

En el pensamiento judío, una vida no se mide por jubileos, décadas, años, meses o incluso días, sino por la profundidad y plenitud con la que se utiliza y se vive cada instante.

Sucedió Una Vez

Rabi Shlomo ben Avraham ibn Aderet, conocido como Rashba, fue considerado el líder del judaísmo español durante su época. Se desempeñó como rabino de la sinagoga principal de Barcelona durante cincuenta años. Además, su reputación como autoridad rabínica excepcional era de renombre mundial, y gente de todo el mundo le enviaba preguntas sobre la vida judía, la Torá y la ley judía.

Además de su extenso conocimiento halájico, Rashba era un médico muy solicitado. Judíos y no judíos por igual viajaban desde todas partes de España para verlo. También era el médico real, lo que a menudo requería que viajara al palacio y permaneciera allí por muchas horas.

Como si todo ello no fuera suficientemente agotador, Rashba era el director de una yeshivá e impartía tres clases diarias de Torá a sus discípulos, lo que requería mucho estudio y preparación de su parte. ¡Y, sin embargo, encontraba la manera de dar un paseo todos los días por salud y relajación! ¿Cómo lo hacía? ¿Cómo administraba su tiempo? ¿Cuál era su secreto?

Durante una alocución en 1970, el Rebe de Lubavitch explicó: “Existe un concepto llamado ‘éxito en el tiempo’. No podemos alargar nuestros días, ni podemos agregar horas adicionales a nuestras noches; pero podemos maximizar nuestro uso del tiempo considerando cada segmento de tiempo como un mundo en sí mismo.

“Cuando dedicamos una fracción de tiempo, ya sea una hora, un día o un minuto, a una tarea determinada, en ese momento deberíamos estar totalmente entregados a esa tarea específica, como si nada más existiera en el mundo.

“Por supuesto, debes ser consciente de las diferencias entre cosas de mayor y menor importancia, entre medios y fines, entre viajes y destinos. Pero sea lo que fuese en lo que estés involucrado, inviértete por completo allí”.16