Sigue a tu corazón” es la sabiduría predominante en la sociedad actual; “sé fiel a lo que sientes” parece ser el mantra de nuestra generación. Desde esta perspectiva, el principal árbitro de nuestras acciones deberían ser nuestras emociones.
En el pensamiento judío, el tema es más complejo. Ciertamente, los sentimientos de uno se valoran como fuente de motivación para nuestras acciones y opciones de vida. Sin embargo, el judaísmo también es escéptico de dejarlo todo a nuestros caprichos. Algunas cosas son simplemente demasiado importantes como para esperar una oleada de inspiración. A veces se requiere acción sin importar cómo nos sintamos en el momento.
Basado en esta conciencia, el judaísmo plantea que “la acción es primordial”;1 los sentimientos, e incluso las creencias, son secundarios a cómo uno se conduce realmente en este mundo y cómo elige pasar su tiempo y utilizar sus recursos. Esta es la lógica que subyace en la halajá, el vasto sistema de ley judía y requerimientos de conducta para cumplir los mandamientos de la Torá.
Halajá, literalmente significa caminar y el concepto se enfoca principalmente en cómo nos movemos por el mundo. Es el “camino” judío de honrar y actualizar el potencial de santidad e impacto existencial de cada uno de nuestros pasos. Las propias mitzvot se centran casi por completo en acciones tangibles que uno debe hacer o evitar dentro de las dimensiones personales, profesionales, sociales y rituales de la vida. Como mandamientos, comprenden la piedra angular de la religión y la cultura judías. Las mitzvot dan expresión concreta a principios abstractos como justicia, autocontrol, amor al prójimo, rectitud, imparcialidad, etc. Estas son las cosas que la Torá considera sencillamente demasiado importantes como para posponerlas hasta que estemos dotados de la inspiración y la motivación para hacerlo.
Según la enseñanza judía, siempre es el momento adecuado para buscar la justicia, alimentar a los pobres, cuidar al extranjero, pagar a tiempo a los empleados, actuar con respeto en todo tipo de relaciones, expresar gratitud a Di-s por los frutos de tu trabajo, y así sucesivamente. Y es esta inversión espiritual en la acción obligatoria, en lugar del sentimiento fugaz o la filosofía abstracta, lo que ha llevado a personas de todas las épocas a caracterizar al judaísmo como una religión definida por la “acción sobre la creencia”.
Sin embargo, todo eso no quiere decir que el judaísmo niegue o menosprecie el rol y la importancia de los sentimientos y la inspiración en el ámbito de la acción. Para nada. Pero sí sugiere que la Torá adopta un enfoque diferente para la acción ética y la práctica sostenible que simplemente “busca tu felicidad”.
Los compromisos religiosos, relacionales y sociales exigen un mayor grado de consistencia conductual e incluso perseverancia voluntaria para mantenerlos y estar a la altura. Verdad, fe, amor, justicia, comunidad, educación, éxito… estos valores, metas e ideales, todos ellos requieren de acción práctica constante para llegar a ser realidades. No es suficiente con solo pensar en ellos o tener sentimientos por ellos.
Esto significa que cualquiera que desee vivir de acuerdo con tales compromisos, inevitablemente deberá presentarse, apoyar y contribuir a su realización, incluso cuando no necesariamente le apetezca o lo sienta así.
¿Cómo se asegura entonces que el compromiso con la práctica sostenible no degenere en una serie de acciones mecánicas desprovistas de corazón y alma? La enseñanza judía tradicional ofrece una perspectiva novedosa para resolver este dilema conductual.
En lugar de enmarcar el asunto como una vía de sentido único, del sentimiento hacia la acción, de la inspiración hacia la iniciativa, los Sabios enseñan que los sentimientos pueden fluir tras las acciones, y no solo a la inversa. Como lo expresa concisamente el compendio de mandamientos del siglo XIII, el Sefer HaJinuj:2 “Los corazones se sienten atraídos a fluir tras las acciones”.
El reconocimiento de que en lugar de esperar pasivamente la inspiración uno puede cultivar conscientemente sentimientos de entusiasmo, pasión e incluso placer por sus compromisos más importantes a través de la acción reiterativa, es relevante para todas las formas de práctica, aprendizaje y maestría. Por ejemplo, muchos escritores y músicos enfatizan la importancia de sentarse a escribir o practicar todos los días, estén inspirados o no. Hay algo en el ritmo y la regularidad del acto en sí que ayuda a mantener e incluso profundizar progresivamente las habilidades y la identificación de uno con su forma de arte. A veces, se trata simplemente de apoyar la pluma sobre el papel, los dedos sobre las teclas, el pincel sobre el lienzo, o sentarse a meditar, lo que abre los canales internos para que la inspiración fluya.
A menudo, las inspiraciones simplemente están a la espera, aguardando a que iniciemos el proceso. Nuestro impulso proactivo es el pararrayos proverbial que puede captar y orientar las corrientes energéticas de la creación. Si nunca actuamos, nuestro potencial infinito permanece sin explotar.
Lo que es cierto para el proceso creativo es igualmente cierto para el proceso espiritual. Por ejemplo, en el judaísmo, la plegaria es un deber diario tres veces al día, cuyos horarios están estrictamente prescriptos. Cabe señalar que los Sabios se refieren a la plegaria como “trabajo (servicio) del corazón”.3
Esto sugiere que los Sabios entendieron que la inspiración para la plegaria diaria no surge fácilmente; requiere trabajo cierto. ¿Y cuál es ese trabajo? Es el trabajo de preparar,4 ablandar y abrir el corazón diariamente para que esté plenamente presente y receptivo a la Presencia Divina en nuestras vidas en cualquier momento dado. En vez de que la plegaria surja desde un sentido de intimidad e inspiración Divinas, la inspiración y la intimidad surgen del acto perseverante de la plegaria.
La referida perspectiva psico-conductual, de que nuestros sentimientos pueden surgir de nuestras acciones, tiene múltiples implicaciones. No necesitamos ser esclavos de nuestros erráticos estados emocionales. Podemos hacer que nuestras emociones trabajen para nosotros en lugar de seguir indefensos su impredecible y a menudo egocéntrica orientación. Si queremos vivir cierto estilo de vida, o de acuerdo con cierto conjunto de valores, debemos realizar esas acciones que encarnan y expresan esas verdades, lo cual, a su vez, pueden generar los correspondientes sentimientos5 e inspiración.6
Todo esto, y más, está aludido en la palabra hebrea maasé, “acción”, relacionada con la voz measin,7 “forzar”. Esto revela un hilo común en el pensamiento judío: muchas de las cosas más gratificantes, impactantes e importantes para nosotros, para hacer en este mundo, no son necesariamente las que vienen de forma natural. Elevar nuestras acciones y conciencia a la luz de lo Divino, de acuerdo con la Torá, requiere esfuerzo. En última instancia debemos optar por forzarnos a actuar de acuerdo con nuestros valores e ideales más elevados.
De lo contrario, si los dejamos librados a su propia suerte, nuestras emociones y apetitos inevitablemente nos conducirán por mal camino.
En definitiva, la inspiración y las emociones son importantes, pero también son efímeras. A veces estamos motivados, pero a menudo no. Cuando establecemos una rutina regular desarrollamos una “segunda naturaleza” que permite que las acciones que elegimos perduren a pesar de los cambiantes estados emocionales.
Así que no solo sigas a tu corazón aguardando hasta que te apetezca hacer algo importante; eso puede no suceder nunca. En cambio, sigue la sabiduría judía atemporal expresada por el eslogan de la marca registrada de Nike, ¡Just do it!, “¡Simplemente hazlo!”. Los sentimientos surgirán espontáneamente cual ondas en un estanque de agua al arrojar allí una piedra.
El Concepto
No esperes que surja la inspiración. Simplemente haz lo correcto, y la inspiración surgirá.
Sucedió Una Vez
Un jasíd se dirigió una vez a lo de su Rebe, R. Shneur Zalman de Liadi, el Alter Rebe, para una audiencia privada. Allí se lamentó de que su observancia religiosa la sentía mecánica y carente de pasión e inspiración. El Alter Rebe le respondió compartiendo una novedosa interpretación de un célebre episodio bíblico.
En el cuarto capítulo del segundo libro de los Reyes, leemos sobre el milagro de la vasija de aceite realizado por el profeta Elishá. Una viuda empobrecida buscó la ayuda del profeta, lamentándose de que sus acreedores estaban a punto de llevarse a sus dos hijos como esclavos, pues todo lo que ella poseía no era más que una única vasija de aceite. El profeta le dijo que pidiera prestados tantos recipientes vacíos como fuera posible y los llenara con aceite de su vasija. Lo que parecía imposible dada la ínfima cantidad de aceite resultó un milagro: el aceite continuaba fluyendo en tanto había recipientes para contenerlo.
El Alter Rebe explicó el significado más profundo de la difícil situación de la viuda y el consejo de Elishá, interpretando la historia de una manera psico-espiritual dirigida directamente al hombre que acudió a consultarle.
La mujer (ishá) es análoga a la llama Divina innata del alma8 (esh), que constantemente anhela expresar su amor por Di-s (representado aquí por el profeta Elishá).
Una mujer, la esposa de uno de los profetas, clamó a Elishá:
El alma clama a Di-s:
Mi marido, tu siervo, ha muerto;Mi servicio a Ti carece de vitalidad, está desprovisto de inspiración. Anhelo llenar mis actos con pasión y significado...
Y el acreedor ha venido a llevarse a mis dos hijos como esclavos.Y mis bajas inclinaciones están apoderándose de mis emociones. Pretenden que adore lo material y reverencie lo temporal, nublando mi visión de Tu verdad eterna.
Elishá respondió: “¿Qué tienes en tu casa?”Di-s responde: “¿A qué parte de tu alma aún puedes acceder?”
Ella respondió: Tu sierva no tiene nada en la casa, salvo una pequeña vasija de aceite:
El alma responde: No tengo nada más que la esencia original, cuya llama interna y núcleo están siempre puros de las cosas mundanas de la vida.
Dijo [Elishá]: Pide prestados recipientes a tus vecinos; recipientes vacíos, que no sean pocos.Continúa haciendo obras de bien y divinas, incluso si te parecen “prestadas” y vacías. Recuerda, las obras son recipientes, receptores listos para la luz y la conexión divinas...
Y vierte [de tu aceite] en aquellos recipientesCuantos más recipientes obtengas, más fluirá tu “aceite” de su fuente y colmará tus acciones de significado y profundidad.
Sin el recipiente de la acción, no hay nada que encienda el aceite de la inspiración. En última instancia, si persistes en hacer lo que sabes que es verdadero y correcto, tu esencia divina colmará cada uno de tus “recipientes vacíos”.
El jasíd salió de allí con renovado vigor y comprensión, dedicándose nuevamente a crear los nobles recipientes de sus acciones.
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