Miketz Janucá
Orgullo judío frente a quienes buscan silenciarnos
Estimados lectores:
Hace más de quince años que escribo estos editoriales semanalmente. A lo largo de este tiempo, en varias ocasiones hemos vivido tragedias en el pueblo judío, y siempre es muy difícil escribir algo inspirador después de un golpe así. Pero esta vez la tragedia tocó mi puerta a nivel personal. En el atentado de Sídney, la familia de mi esposa estaba en la organización del evento; si hubiera estado en Australia para Janucá, lo más probable es que hubiese estado en el evento de la playa.
Perdimos a nuestro primo, el rab Eli Schlanger, que D-s vengue su sangre. También conocía personalmente a Rubén Morrison, quien dio su vida intentando frenar al terrorista. Mi sobrina de 14 años, Jaia Dadon, resultó herida de bala mientras cubría con su propio cuerpo a dos niños pequeños. Todavía estamos en shock.
Es difícil inspirar en estos momentos; es difícil encontrar palabras de aliento. Siempre la respuesta es traer más luz, no bajar los brazos, hacer más mitzvot, realizar buenas acciones en memoria de los fallecidos y por la recuperación de los heridos. Pero no es sencillo escribirlo sin que suene mecánico.
Lo que sí está claro es que hay quienes no toleran ver judíos orgullosos, viviendo su judaísmo plenamente y de manera pública. No lo soportan: quieren que el judío desaparezca o, en el “mejor” de los casos, que se esconda con miedo. Que guarde sus mezuzot, que no haga demostraciones públicas de su judaísmo, que no use kipá en la calle, y ni hablar de organizar un evento de Janucá en una plaza pública.
Y eso es algo que no podemos permitirnos. Las víctimas de este atentado no nos lo permitirían. No puedo imaginar que vean con buenos ojos que retrocedamos, que nos escondamos, cuando ellos dieron su vida haciendo precisamente lo contrario.
Hoy, más que nunca, debemos estar orgullosos de ser judíos, demostrarlo y conectarnos cada vez más con nuestro legado.
En estas velas que quedan de Janucá, en las velas de Shabat, en dar caridad a diario o en sumar cualquier otra práctica judía que aún no realizas, hazlo en memoria de quienes ya no pueden hacerlo.
Shabat shalom,
Rabino Eli Levy
Rodeado de extraños, tenía miedo de recitar una bendición por miedo de llamar su atención.
La prisión de Iosef termina cuando el Faraón sueña con siete vacas gordas que son tragadas por siete vacas flacas, y con siete espigas gordas tragadas por siete espigas delgadas..
Nuestros sabios nos enseñan que hay dos tipos de pruebas en la vida, pruebas de riqueza y pruebas de pobreza. Es común que el rico crea que no necesite de D-os; “se las puedo arreglar solo” y es común que el pobre crea que D-os no existe o que lo haya abandonado.