Estimados lectores:

Esta semana celebramos Lag BaOmer. En esta fecha recordamos el fallecimiento de Rabí Shimón Bar Iojai, una de las figuras más profundas de nuestra tradición y asociado con la revelación del Zohar, la obra central del misticismo judío.

Rabí Shimón vivió en una época de fuerte persecución romana, tanto política como religiosa. Debido a sus enseñanzas, se vio obligado a esconderse en una cueva durante años para salvar su vida. Fue precisamente en ese lugar, en medio del ocultamiento y la dificultad, donde se revelaron enseñanzas de una profundidad extraordinaria, que luego iluminarían al pueblo judío por generaciones.

Él no quiso que el día de su fallecimiento fuera recordado con tristeza, sino con alegría. Un día de luz, de elevación y de conexión espiritual. En Israel, es una de las fiestas más populares, celebrada por religiosos y no religiosos, ashkenazim y sefaradim, jasidim y no jasidim. Su deseo y su luz iluminan cada vez con más fuerza.

Y esto se conecta con lo que leemos al final de la parashá Bejukotai, donde la Torá describe el exilio, la persecución y el sufrimiento del pueblo judío. Son momentos difíciles, pero sabemos que esa oscuridad no es vacía; en su interior se oculta una bendición inmensa, una luz tan elevada que no puede revelarse de manera directa, y que solo a través de la presión logra manifestarse.

Así como el Zohar surgió en un contexto de persecución y ocultamiento, también la redención final y su luz vendrán justamente desde los últimos momentos de nuestro galut. Que tengamos el mérito de ver muy pronto esa revelación completa, con la llegada del Mashíaj.

Shabat Shalom,
Rabino Eli Levy