Nuestra conquista física de las siete naciones que ocupaban la Tierra de Israel alude a nuestra conquista espiritual de las siete emociones del alma humana/animal. Los dos obstáculos mayores para esta conquista son la “cabeza” y el “brazo”.
La “cabeza” es el bloqueo mental que resulta de calcular las probabilidades de lograr el éxito en el marco de la cultura materialista dominante. En soledad, y enfrentado a los grandes recursos que domina la sociedad materialista, el judío tiene la tentación de rendirse sin siquiera comenzar la lucha. El “brazo” representa los recursos físicos que se encuentran a nuestra disposición. Hemos trabajado duro para ganarnos esos recursos, y por ello somos reticentes a gastarlos en búsquedas espirituales cuyos beneficios materiales no son para nada evidentes.
Debemos negar la validez de ambas actitudes a un mismo tiempo,“de un golpe”.1

Creo que la pública opinión, en mi entorno, no coincide con las dos aseveraciones representadas por la cabeza y el brazo: el pueblo Judio en inmensamente rico y resilente; digalo si no la recuperación que ha tenido después de la WWII, el desarrollo del Estado de Israel. etc.
Interesante saber que todos los que forman el Tzahal (צה״ל ) pertenecen a la tribu de Gad. Tengo confianza en que la bendición que les dió Moshé en su lecho de muerte haya trascendido las generaciones y G-d los tenga siempre bajo su amparo.
A nivel individual, el texto de hoy hace que me sienta alejado de estas bendiciones; soy una mezcla de dos culturas pero la sangre de mis ancestros indigenas es la que prevalece en mi vida diaria. Las ramas materna y paterna tienen componente Otomí que en lengua Nahuatl significa flechador de pajaros, lo cual, de alguna manera, me hace sentir cerca de la tribu de los de Gad y de los del Tzahal.