La Biblia está llena de hombres y mujeres justos y rectos que marcaron el rumbo de la historia: Abraham, Sara, Moshé, David, Ester y muchos más. Pero entre ellos también aparecen numerosos personajes oscuros y verdaderos villanos que desempeñaron papeles decisivos en el desarrollo de nuestra historia. A continuación, conoce a 14 “malos” de la Biblia y descubre qué hay detrás de su imagen.

1. Esav: el hermano gemelo de Iaakov que quiso matarlo

Esav era hijo de nuestro patriarca Itzjak y de su esposa Rivká, y hermano gemelo de Iaakov. Mientras Iaakov era íntegro y dedicado al estudio, Esav pasaba sus días cazando, robando e incluso asesinando. Celoso porque Iaakov había recibido las bendiciones de su padre en lugar de él, planeó matarlo, obligando a Iaakov a huir del hogar familiar. La enemistad entre los descendientes de Esav y el pueblo de Israel se prolongó durante generaciones.

Sin embargo, incluso allí pueden encontrarse algunas joyas. Varios conversos célebres descendían de Esav, entre ellos el profeta Ovadia,1 Onkelos2 y Rabi Meir.3 Además, el pensamiento jasídico enseña que Esav poseía un enorme potencial espiritual que finalmente se revelará en la era mesiánica.4

2. Ishmael: el hermano agresivo

Ishmael era hijo de Abraham y de su sierva Hagar, y medio hermano mayor de Itzjak. Sin embargo, no siguió el camino de su padre: rindió culto a ídolos y se comportó de manera agresiva con Itzjak. Al reconocer la mala influencia que podía ejercer sobre su hermano, Sara pidió a Abraham que enviara lejos a Hagar e Ishmael.

Con el tiempo, sin embargo, Ishmael se arrepintió y terminó sus días como un hombre íntegro.5 De hecho, aunque no acostumbramos poner a nuestros hijos el nombre del malvado Esav, varios grandes sabios del Talmud llevaron el nombre Ishmael, en parte porque ese nombre había sido dado por Di-s.

3. El faraón: esclavizador de los judíos

Quizás el villano más famoso de la Biblia sea el faraón, el rey de Egipto que esclavizó al pueblo judío y solo aceptó liberarlo después de presenciar la mano de Di-s en las Diez Plagas. Incluso entonces cambió de opinión y persiguió a los judíos hasta que su ejército se ahogó en el Mar de Juncos.

Pero en algún momento del proceso el faraón llegó a reconocer el poder de Di-s y declaró: “Di-s es justo, y yo y mi pueblo somos malvados”.6 Según algunas opiniones, incluso llegó a arrepentirse por completo: habría sobrevivido al cruce del Mar de Juncos y más tarde se habría convertido en el rey de Nínive que condujo a toda la ciudad al arrepentimiento después de escuchar la advertencia del profeta Ioná.7

4. Amalek: el enemigo eterno

Amalek era nieto de Esav y continuó el legado de odio de su abuelo hacia el pueblo judío. Su nación fue la primera en librar una guerra contra los judíos mientras atravesaban el desierto, lo que dio lugar al mandato Divino de borrar el recuerdo de Amalek y no olvidar jamás lo que hizo.

Aunque hoy no podemos identificar a ningún amalekita concreto, el pensamiento jasídico enseña que el legado de Amalek sigue muy presente, manifestándose en forma de cinismo, apatía y duda frente a todo lo sagrado.

5. Bilam: el profeta malvado

Bilam era un profeta y hechicero no judío, contratado por Balak, rey de Moav, para maldecir al pueblo judío. Después de ser humillado por una burra que comenzó a hablar, descubrió que era incapaz de maldecir a los judíos y terminó pronunciando sobre ellos enormes bendiciones.

Pero el odio de Bilam nunca desapareció por completo. Más tarde ideó un plan para que las mujeres de Midián sedujeran a los hombres judíos y los llevaran al pecado, provocando una devastación tanto física como espiritual.

Y, sin embargo, algunas de las bendiciones más hermosas de la Torá salieron precisamente de su boca, como Ma Tovu: “¡Qué buenas son tus tiendas, Iaakov!”.8 Además, Bilam fue uno de los primeros en profetizar acerca de la llegada del Mashíaj.9

6. Nabucodonosor: destructor del Templo

Nabucodonosor, el cruel y ambicioso rey de Babilonia, conquistó gran parte del mundo conocido de su época y sembró el temor entre sus súbditos. Es recordado por haber devastado la presencia judía en la Tierra de Israel, exiliado a la gran mayoría de sus habitantes a Babilonia y destruido el Primer Templo Sagrado.

A pesar de su crueldad y de su idolatría, reconocía la existencia de Di-s. Sin embargo, creía erróneamente que Di-s había entregado la administración del mundo a seres celestiales.10

7. Hamán: el villano de la historia de Purim

El legado de Amalek continuó con su descendiente Hamán, el primer ministro persa que convenció al rey Ajashverosh de permitir el exterminio de todos los judíos de su imperio. Su caída y la extraordinaria manera en que se desbarató su plan son celebradas cada año en Purim.

El nombre de Hamán terminó convirtiéndose en sinónimo de todo aquel que, a lo largo de la historia, intentó destruir al pueblo judío. Cada vez que una comunidad judía se encontraba a merced de un gobernante o ministro cruel, muchas veces esa figura era apodada “Hamán”, y el día de su caída se celebraba como un “Purim” local.

8. Vashti: la reina vanidosa

Hamán no fue el único villano de la historia de Purim. Vashti, la primera esposa del rey Ajashverosh, era una mujer vanidosa y arrogante que, según enseñan nuestros sabios, obligaba a jóvenes judías a trabajar desnudas en Shabat.11 Su final llegó cuando se negó a presentarse ante Ajashverosh, lo que abrió el camino para que Ester se convirtiera en la nueva reina.

9. Datán y Aviram: una pareja de provocadores

Todos los personajes mencionados hasta ahora —con la posible excepción de Esav12— no pertenecían al pueblo judío. Lamentablemente, la Biblia también tiene su cuota de “malos” judíos. Entre los primeros encontramos a Datán y Aviram, dos hermanos que parecían estar siempre involucrados en algún conflicto.

Ya en Egipto denunciaron a Moshé después de que golpeara a un egipcio para proteger a otro judío, obligándolo a huir a Midián.13 Más tarde encabezaron las protestas contra Moshé y Aharón cuando la esclavitud se volvió aún más dura.14

En el desierto, esparcieron maná en Shabat con la intención de desacreditar la afirmación de Moshé de que ese día no caería maná.15 Su última acción fue sumarse a la desastrosa rebelión de Kóraj, tras la cual la tierra se abrió y los tragó vivos.

10. Los diez espías: mensajeros de la desesperanza

Cuando los judíos pidieron a Moshé que enviara espías para explorar la Tierra de Israel, él aceptó y eligió a doce hombres para la misión. Mientras Iehoshúa y Caleb permanecieron fieles a su tarea, los otros diez no lo hicieron. Regresaron con informes exagerados y aterradores destinados a desalentar al pueblo e impedir que avanzara.

La desesperación y rebelión que siguieron llevaron a Di-s a castigar al pueblo, obligándolo a permanecer cuarenta años en el desierto antes de poder entrar finalmente en la Tierra Prometida.

Sin embargo, en un nivel más profundo, los espías tenían intenciones elevadas. En el desierto el pueblo vivía una existencia espiritual ideal, centrada alrededor del Mishkán y de la cercanía con Di-s. Los espías temían que asentarse en la tierra y tener que trabajarla los hiciera descender de aquel elevado nivel espiritual.

Pero estaban equivocados, porque el propósito de la Creación no es escapar de la realidad, sino entrar en ella y transformarla en una morada para Di-s.16

11. Doeg y Ajitofel: los enemigos de dos caras del rey David

Dos de los enemigos más feroces del rey David habían sido grandes estudiosos de la Torá, y uno de ellos incluso había sido un amigo cercano. Aun así, ambos le causaron un enorme sufrimiento.

Mientras David huía del rey Shaúl, recibió ayuda de Ajimelej, el Cohen Gadol del Mishkán, que en aquel momento se encontraba en Nov. Pero Doeg, antiguo jefe del Sanedrín que se había apartado del camino de la Torá, informó a Shaúl de la ayuda que Ajimelej había prestado a David. Shaúl ordenó ejecutar a los 85 sacerdotes de Nov, y el propio Doeg llevó a cabo la sentencia.17

En cierto sentido, todavía peor fue Ajitofel, consejero del rey David y brillante erudito de Torá, famoso por la sabiduría de sus consejos. Cuando Avshalom, hijo de David, se rebeló contra su padre, Ajitofel abandonó a David y apoyó a Avshalom.18

David expresó en los Salmos la angustia que le provocaron su antiguo compañero y quienes lo acompañaron: “Oh Di-s, hazlos descender al pozo de la destrucción. Que los hombres sanguinarios y engañadores no alcancen la mitad de sus días. Pero yo confiaré en Ti”.19

12. Ajav: el rey idólatra

En tiempos de Rejavam, hijo del rey Shlomó, diez de las doce tribus se separaron del Reino de Iehudá y formaron su propio Reino de Israel. Muchos de los reyes de Israel practicaron la idolatría, pero pocos alcanzaron el nivel de corrupción del rey Ajav.

Bajo la influencia de su malvada esposa Izevel, extendió la idolatría por todo el país y persiguió a los verdaderos profetas de Di-s, incluido el profeta Eliahu, con quien mantuvo una relación compleja.

Debido a sus numerosos pecados y a su participación en los perversos planes de su esposa —entre ellos el asesinato de Navot—, toda su casa terminó siendo destruida, tal como Eliahu había profetizado.20

13. Atalia: la reina despiadada

Atalia era hija de Ajav e Izevel y estaba tan entregada a la idolatría como sus padres. Su matrimonio con Iehoram, rey de Iehudá, vinculó a ambos reinos, con consecuencias trágicas.

Cuando murió su hijo Ajazia, sucesor de Iehoram, Atalia se propuso eliminar a todos los herederos de la Casa de David que pudiera encontrar. Luego se proclamó reina y gobernó el Reino de Iehudá con crueldad y mano de hierro.

Afortunadamente, el pequeño Ioash, hijo de Ajazia, sobrevivió escondido. Tras seis años de terror, una rebelión puso fin al gobierno de Atalia y restauró la monarquía legítima.21

14. Guejazi: el sirviente desleal

Guejazi fue asistente del profeta Elisha, pero a pesar de su cercanía con un hombre tan grande, demostró tener mucha más codicia que fe.

Cuando Elisha lo envió por delante con su bastón para revivir al hijo de la mujer shunamita, Guejazi no creyó que realmente funcionaría, por lo que decidió probar el bastón sobre un perro muerto que encontró en el camino. El perro volvió a la vida, pero Guejazi perdió la capacidad de devolverle la vida al niño.

Más adelante, después de que Elisha curara de lepra al general arameo Naamán y rechazara cualquier pago, el codicioso Guejazi corrió detrás de Naamán y le mintió, afirmando que su maestro había cambiado de opinión. Luego se quedó con los regalos para sí mismo.

Por su deshonestidad y codicia, Elisha maldijo a Guejazi para que “heredara” permanentemente la lepra de Naamán.22

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