Estimados lectores:

Lo primero que encontramos en la historia de Abraham es que Di-s le ordena:
“Vete de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre, hacia la tierra que Yo te mostraré. Haré de ti una gran nación. Te bendeciré y engrandeceré tu nombre, y serás una bendición”.

Hasta este momento no sabemos nada sobre Abraham. En el caso de Noaj, la Torá nos dice claramente que era “un hombre justo”. Sin embargo, de Abraham no se menciona ningún mérito previo. Aunque el Midrash revela que Abraham ya había demostrado una entrega absoluta a Di-s, incluso siendo arrojado a un horno encendido por el rey Nimrod, la Torá elige no contar nada de su pasado.

Abraham es el primer hebreo, el ancestro de todo el pueblo de Israel. El mensaje profundo es que nuestra conexión con Hashem no depende únicamente de lo que pensamos, sentimos o incluso logramos, sino principalmente del hecho de que Di-s nos eligió y nos dio la misión y el privilegio de cumplir Sus mitzvot.

Esto se refleja en las bendiciones que Hashem le dio a Abraham. Cuando Di-s dice “Te haré grande”, entendemos que frente a Él nada es realmente grande. Lo único verdaderamente grande es Di-s mismo. Pero cuando cumplimos Sus preceptos y vivimos según Su voluntad, nos conectamos con esa grandeza infinita. Y cuando Hashem le dice “serás una bendición”, como explica Rashi, aprendemos que Abraham recibe el poder mismo de bendecir, colocándolo en un nivel único de asociación con la bendición divina.

En resumen, por más que logremos mucho en la vida, lo que nos hace verdaderamente grandes no son nuestros méritos personales sino nuestra conexión con Hashem.

Shabat Shalom
Rabino Eli Levy