Vaiera
La revelación que todos buscamos
Se cuenta una hermosa anécdota. Cuando el rabino Shalom DovBer, el quinto Rebe de Lubavitch, era un niño pequeño, lo llevaron ante su abuelo, el Tzemaj Tzedek, para recibir una bendición por su cumpleaños. Apenas entró en la habitación, comenzó a llorar.
Luego de calmarlo, su abuelo le preguntó por qué lloraba. El niño respondió: “En el jéder aprendimos que Dios se reveló a Abraham. ¿Por qué no se revela también a mí?”.
El Tzemaj Tzedek le contestó: “Cuando un judío de noventa y nueve años reconoce que aún debe circuncidarse, entonces merece que Dios se le revele”.
¿Qué nos enseña esta historia?
A veces esperamos milagros, esperamos ver una revelación clara. Pero la tarea del judío es convertirse en un recipiente, estar profundamente entregado a la voluntad de Hashem. Cuando una persona deja de lado su propia voluntad y se dedica sinceramente a cumplir la voluntad divina, su vida se llena naturalmente de claridad y de la presencia revelada de Hashem.
¡Shabat Shalom!
Rabino Eli Levy
Di-s se revela a sí mismo a Avraham tres días después de la circuncisión del primer judío a la edad de 99 años....
Saúl se preguntaba cada mañana cuál era la misión de su vida. Después de unos días D-os le contesta: ¿Ves esta montaña en frente de tu casa? Debes empujarla cada mañana durante una hora.
Más que caricaturas unidimensionales, somos seres multifacéticos en constante lucha con impulsos contradictorios. Depende de nosotros elegir qué lado de nosotros mismos reforzaremos y llegaremos a ser en cada momento.
La Torá menciona crema, leche, un becerro y unas tortas. ¿O hay algo más detrás de eso?
Hay similitudes entre el modelo freudiano de la psiquis humana y el descrito por Rabi Shneur Zalman del Liadi en el Tania.No obstante donde Freud ve como la fuerza motivadora del hombre a los impulsos sexuales, el Tania ve el alma divina. Esta es la principal diferencia de alto impacto.