Rabí Dovid de Lelov dijo una vez a un joven que le vio estudiando el tratado talmúdico de Bava Kama:
"Que sepas, hijo mío, que así como ahora estudiamos el tratado de Bava Kama, en el futuro, cuando venga el Mashíaj, habrá un tratado de Dovid de Lelov, un tratado por derecho propio.”1
Esta metafórica enseñanza revela una perspectiva radical sobre la Torá y su papel en nuestras vidas. La Torá que estudiaremos en el Mundo Venidero incluirá una Torá "personal", compilada a partir de las enseñanzas que hemos aprendido aplicando la palabra de Di-s a las circunstancias y a la historia propia y única de nuestras vidas.
Para tener éxito en nuestra misión de revelar la esencia Divina dentro de todos, Di-s nos proporcionó un manual operativo para la vida llamado Torá, que nos fuera entregada para ayudarnos a descifrar nuestro lugar en el mundo e identificar nuestra contribución única a su santificación y mejoramiento. 2
El Rebe se refirió a este punto en una carta dirigida a un destacado médico que cuestionaba el diseño inteligente del universo:
"Quien contemple el sistema solar, por ejemplo, o las complejidades de un átomo, necesariamente llegará a la conclusión y a la convicción de que nuestro universo no surgió por ‘accidente fortuito’. Dondequiera que mires, verás diseño y propósito.”
Puesto que el Creador creó el mundo con un propósito, también es lógico suponer que deseaba que el dicho propósito se realizara y, por lo tanto, revelaría a la humanidad cuál es dicho propósito y cómo realizarlo”3
¿Y cómo revela Di-s dicho propósito y los caminos para llevarlo a la práctica? Otorgando la Torá a la humanidad.
La palabra Torá, subrayó reiteradamente el Rebe, proviene de la raíz hebrea horaáh,4 , “instrucción”. Es la hoja de ruta que Él nos facilitó para ayudarnos a alinearnos con nuestro rol único en revelar la Divinidad en todas las cosas.
La Torá contiene 613 mitzvot. El significado simple de la palabra mitzvá es “mandamiento”, refiriéndose a los 613 mandamientos Divinos concedidos al pueblo judío, junto con los siete mandamientos concedidos a la humanidad toda, que definen acciones específicas que debemos realizar o abstenernos de realizar.
Algunos ejemplos entre las muchas mitzvot de la Torá incluyen actividades tan diversas como colocarse los tefilín, declarar la Unicidad de Di-s, observar el Shabat, kosher y acudir en ayuda de los pobres y necesitados.
También hay mitzvot que incluyen prohibiciones contra la calumnia, el chisme y el robo, por ejemplo.
En el pensamiento jasídico, sin embargo, la palabra mitzvá se correlaciona con la palabra aramea tzavta5 , “conectar” o “unir”, lo que arroja luz sobre el hecho de que estas prácticas nos empoderan para reorientar y reunificar progresivamente nuestras realidad interna y externa a fin de alinearnos y armonizarnos con la omnipresencia oculta de D-os. A través de estas prácticas nos conectamos con Él.
Esta perspectiva —de que la Torá y las mitzvot son el manual y las herramientas para aclarar y santificar la vida cotidiana— transforma todo lo que hacemos en una oportunidad para rectificar el mundo. Las bendiciones antes y después de comer, por ejemplo, se transforman en poderosas prácticas para establecer intenciones. Así, podemos elegir si el acto de comer es hedonista o sagrado, indulgente o iluminador, saludable o perjudicial, energizante o enervante.
He aquí un gran secreto: ¿Por qué creó Di-s diversos tipos de alimentos y bebidas que los seres humanos desean? Porque los mismos contienen chispas Divinas que anhelan ser devueltas a la santidad.6 Comentando el versículo, Hambrientos y también sedientos, sus almas envueltas en ellos,7 Baal Shem Tov enseña que, de hecho, es el alma la que nos hace sentir hambre y sed. Nuestro deseo de comer es una respuesta a una especie de magnetismo espiritual, que aprovecha nuestro apetito físico para atraernos hacia el trabajo espiritual de elevar las chispas Divinas ocultas en los elementos más básicos del mundo material. Así, somos invitados a buscar y hallar a Di-s en todas partes, incluso en un mero vaso de agua.
Las mitzvot que rigen nuestras interacciones sociales –caridad, actuar con responsabilidad y la generosidad– revelan y nos arraigan en la interconexión esencial de toda vida humana. Un simple gesto de asentimiento y una sonrisa a alguien en la calle reparan sutilmente las grietas de nuestro tejido social. Y lo mismo, concederle un momento de bondad a alguien que está sufriendo. Acercarse a un familiar distanciado se convierte en un acto espiritual de rectificación cósmica. Somos enviados para hallar a Di-s en la vida de nuestros amigos, en nuestra familia y en los desconocidos que se cruzan en nuestro camino.
Toda mitzvá, por insignificante que parezca, nos acerca al cumplimiento de nuestro propósito supremo: la revelación y reunificación del Uno Infinito. No necesitamos alcanzar la grandeza, ganar status o lograr hazañas extravagantes para rectificar el mundo. Incluso el más insignificante de nosotros puede contribuir profundamente al propósito de la creación siguiendo el más mínimo de los mandamientos que D-s nos ha concedido.
La dimensión interior
Por muy cierto y hermoso que fuera el paradigma anterior, dejaba poco margen para que cada individuo aplicara la sabiduría de la Torá a los matices específicos de su vida.
Durante gran parte de los 3200 años previos, se entendía tradicionalmente que, al interactuar con la Torá, sus diversos textos y tradiciones se centraban principalmente en acciones externas (conductuales o rituales) y se dirigían al pueblo judío como miembros de un colectivo, pero no necesariamente en un sentido holístico o personal.8 En resumen, se consideraba que la Torá se dirigía a la persona promedio como miembro de una comunidad más amplia, unida por un conjunto común de leyes, enseñanzas, tradiciones y prácticas.
Sin embargo, nuestra comprensión del poder de la Torá para abordar e iluminar nuestra trayectoria individual y nuestro propósito en la vida empezó a cambiar radicalmente en el siglo XVIII con el surgimiento del movimiento jasídico, fundado por Baal Shem Tov. Esta evolución de perspectiva alcanzó un avance trascendental con la fundación del movimiento jasídico Jabad a cargo de R. Schneur Zalman de Liadi, conocido como Alter Rebe.
El proverbial auge del jasidismo provocó un profundo cambio de paradigma en los corazones de las masas y las mentes de los eruditos, en el que la Torá fue revelada para abordar no sólo las prácticas externas del judaísmo, sino también la vida interior de cada alma individual.
El jasidismo ayudó a dilucidar e iluminar la idea radical de que existe una dimensión interior de la Torá, un manual íntimo y divino que aborda las profundidades y los destinos de cada alma única. A través de esta lente, cada faceta de la vida interna de una persona puede conectarse con su propósito supremo, evocando las chispas del potencial Divino dentro de cada encuentro, experiencia y aspecto de la historia de su vida.
Esta revelación resultó revolucionaria por su simplicidad, al reconocer con valentía la ineludible realidad de que todos lidiamos con desafíos y emociones internas para las cuales no existen mandamientos bíblicos ni guía explícita. Rabi Baal Shem Tov, y sus numerosos discípulos tras él, se esforzaron por validar el hecho de que tales luchas personales son parte esencial de la vida cotidiana de cada persona y, por lo tanto, deben estar escritas en su historia sagrada. Superarlas, a su vez, constituye un poderoso triunfo espiritual personal. El Alter Rebe, en particular, declaró que estos actos de redención interna —conectar nuestro mundo interior con Di-s en todo momento— son componentes esenciales de nuestro servicio a Él. Este espacio interior representaba la última frontera de la búsqueda espiritual, el último aspecto no reclamado en la búsqueda de crecimiento y redención espiritual de cada persona.
A través de esta nueva perspectiva transformadora, la Torá se veía ahora como una fuente de sabiduría y un faro a medida para iluminar el camino particular de cada persona, incluyendo las condiciones específicas de su vida y propósito individual y específico. Además, este enfoque holístico sobre el papel de la Torá en nuestras vidas fue concebido de manera tal que nada se perdiera. Más bien, el nuevo enfoque jasídico añadió profundidad y dimensión a las perspectivas existentes. Asimismo, invitó a cada persona a convertirse en un participante activo y parte integral de la tradición viva.
¿Dónde estás?
Un ejemplo profundo y paradigmático de este enfoque individualista hacia la Torá tuvo lugar en 1798, cuando el Alter Rebe fue encarcelado bajo falsas acusaciones de que sus enseñanzas socavaban la autoridad imperial del zar de Rusia. 9
Estuvo en prisión en la fortaleza de Pedro y Pablo en Petersburgo durante cincuenta y tres días. Dada la gravedad de las acusaciones, sumado al implacable clima político de la época y la condición deshumanizada que padecían los judíos en toda Rusia, el Alter Rebe se había resignado a la inevitabilidad de su ejecución y comenzó a prepararse para el martirio mediante la plegaria y contemplación profunda.
Mientras tanto, entre los interrogadores del Rebe había un ministro del gobierno que poseía un amplio conocimiento de la Torá y sus comentarios. Durante uno de los interrogatorios, el ministro planteó al Alter Rebe una pregunta que había dejado perplejos a muchos eruditos y sabios, relativa al intercambio entre Di-s y Adán después de que éste hubo comido del árbol prohibido.
Dice la Torá: “Di-s llamó a Adán y le dijo: ‘¿Dónde estás?’.”10
—¿Es que acaso Di-s no sabía dónde estaba Adán? —preguntó el ministro al Alter Rebe.
El Alter Rebe citó la respuesta tradicional atribuida a R. Shlomo Itzjaki, el venerado erudito y comentarista francés, conocido como Rashi:
—Ese “¿Dónde estás?", —explicó— era la forma amable de Di-s para acercarse a Adán, como preparándolo para una delicada conversación sobre las consecuencias de haber comido del Árbol del Conocimiento.
—Ya sé lo que Rashi dice al respecto —respondió el ministro.— Deseo oír cómo entiende usted, Rebe, dicho versículo.
—¿Cree usted en que la Torá es eterna y que cada una de sus palabras es aplicable a cada individuo, bajo todas las condiciones y en todos los tiempos? —preguntó El Alter Rebe al ministro.
—Sí, —respondió el ministro.
R. Schneur Zalman se sintió complacido al oír de boca del ministro su aceptación de la aplicabilidad universal, eterna e individual de la Torá, una de las enseñanzas fundamentales por las que ahora estaba siendo juzgado.
—El concepto "Dónde estás", —explicó el Rebe— es el llamado eterno de Di-s a cada ser humano individualmente. “¿Dónde estás en el mundo? ¿Qué has hecho? Se te ha asignado un cierto número de días, horas y minutos para cumplir tu misión en la vida. Has vivido [tantos] años y [tantos] días". —En este punto el Alter Rebe, que no conocía al ministro con anterioridad y no sabía nada de él, mencionó la edad exacta del ministro.— “¿Dónde te encuentras en el camino de tu vida? ¿Qué has logrado hasta ahora [de tu misión en la vida]?”
¡Al preguntarle a Adán: “¿Dónde estás?”, Di-s no solo se estaba dirigiendo a una persona en particular que vivió en un momento específico, sino nos estaba preguntando a cada uno de nosotros, en cada momento de nuestras vidas!
En ese preciso instante, el Alter Rebe dio un giro radical. Apenas momentos antes había estado dispuesto a apartarse de la corriente del viaje de su vida. Pero la pregunta del interrogador —que el Alter Rebe interpretó como un mensaje directo de Di-s para recordarle la importancia de su misión terrenal— lo inspiró nuevamente y lo animó a canalizar sus anhelos espirituales hacia una dedicación aún más intensa al propósito de su vida en este mundo.
El buen augurio y la profunda sincronicidad del inesperado encuentro fueron tomadas por el Alter Rebe como una señal de que había llegado el momento de redoblar sus esfuerzos para difundir la doctrina espiritual que acababa de compartir: Cada individuo tiene un propósito único que cumplir en este mundo, y la Torá es el manual mediante el cual cada uno de nosotros puede descifrar y alinearse con su propósito sagrado y encontrar una guía real y en tiempo real hacia su cumplimiento. 11
¿Dónde te encuentras tú en el camino hacia tu propósito Divino? Para quienes buscan orientación, existe un mapa multidimensional que Di-s nos ha dado, llamado la Torá, que está esperando a que recorran sus múltiples senderos y beban de sus inagotables fuentes de sabiduría. Las inestimables enseñanzas que contiene para quienes eligen seguir su camino y, al mismo tiempo, forjar su propio camino, sin duda les ayudará a aclarar, guiar e inspirarse para llegar a ser quienes están destinados a ser.
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