Si de verdad quieres conocer bien a alguien, —qué atrapa su interés, su imaginación, su pasión— estudia los pasajes resaltados en los libros que tiene en su mesita de noche.

En este espíritu, es profundamente revelador que en medio del vasto cuerpo de literatura y sabiduría judías, el Rebe subrayara reiteradamente las tres siguientes enseñanzas:

1. "Quien salva una sola vida es como si salvase un mundo entero1

2. "Por lo tanto [puesto que toda la humanidad desciende de un mismo y único individuo], todos y cada uno tenemos el deber de decir: 'El mundo fue creado para mí." 2

3. "Uno debe verse a sí mismo y al mundo como si estuviera sobre la balanza del bien y del mal en perfecto equilibrio. Con una mínima buena acción la balanza se inclina hacia el lado del bien, trayendo salvación para sí mismo y para el mundo entero.3

Juntas, estas tres máximas ayudan a formar la base de la filosofía del Rebe, que considera a todos y a cada uno de los individuos cual inestimables e indispensables contribuyentes a la creación en su conjunto.

Esta fue la dignificante verdad que el Rebe compartió con una persona que atravesaba una lamentable crisis personal. El hombre le había planteado al Rebe que su trabajo comunitario había sufrido tantas decepciones que se sentía insignificante hasta el punto de la desesperanza. El Rebe le respondió:

Debo hacer especial referencia a su comentario sobre que se siente "carente de toda utilidad", etc. Huelga decir que no hay cabida ni justificación para tal sentimiento, Di-s no lo permita, pues contradeciría uno de los principios básicos del judaísmo en general y de Jabad en particular, que declara que cada judío individualmente es como un mundo completo....4

Tal enfoque inspirador del Rebe surge de la noción cabalística de que, desde el mismísimo principio, Di-s ha preparado el camino y dispuesto las circunstancias adecuadas para traerte a la vida como parte de una historia que abarca la creación toda. Literal y figuradamente, Di-s creó el cosmos para hacer posible tu existencia. ¿Por qué? Porque eres muy preciado, siempre y de todas las maneras, y porque eres esencial para el mundo de una manera irremplazable, insustituible e inimitable.

Aunque parezca difícil de comprender, el proyecto de Di-s no funciona sin ti. Esta sublime comprensión representa el significado más profundo de la enseñanza mishnáica anteriormente citada: "El mundo fue creado para mí".

Lejos de ser un cliché del posmodernismo o un mantra narcisista, "el mundo fue creado para mí" transmite la verdad radical de que tú (y cada uno) es esencial para el objetivo de la creación, y sin ti, sería imposible que el mundo alcance su propósito final y absoluto.

Como escribió el Rebe inspiradoramente en un calendario y compendio de sabiduría para la juventud:

"Que nadie diga: '¿Qué puedo hacer yo para ayudar en esta elevada tarea? Porque este mundo es un gran palacio real, el palacio de Di-s, Rey del Universo, erigido a partir de numerosos componentes, grandes y pequeños. Incluso la partícula más pequeña de la gran construcción dejaría un hueco si no estuviese. Cada uno de nosotros debe, por tanto, poner de su parte.”5

Primer hombre de Acción

Al respecto, el Rebe expone en una carta de 1964 en los días previos a Rosh Hashaná. El acontecimiento esencial que celebra el año nuevo judío es la creación de Adán, el primer ser humano, que inició el propósito de la creación al reconocer el poder de su Creador, estableciendo así la soberanía de Di-s sobre el cosmos y poniendo en marcha el drama cósmico en el que todos y cada uno desempeñamos un papel fundamental.

El Rebe profundiza:

“Una de las principales características distintivas de la creación del hombre es haber sido creado único, a diferencia de otras especies, que fueron creadas en grandes poblaciones. Esto indica enfáticamente que un solo individuo tiene la capacidad de llevar toda la Creación a su estado de plenitud absoluta, como fue el caso de Adán, el primer hombre.”6

El Rebe concluye la carta diciendo que lo mismo es cierto para cada uno de nosotros:

"Todo judío, independientemente de la época, el lugar y su situación personal, tiene la más plena capacidad (por tanto, también el deber) de elevarse y alcanzar el más alto grado de plenitud, y lograr lo mismo para la Creación en su conjunto."

Contrariamente a las visiones pesimistas que afirman nuestra incapacidad de cambiar el mundo, el Rebe enseñó reiteradamente que cada uno de nosotros está imbuido de forma única del espíritu interior del infinito, incluyendo el propósito Divino que aquel imparte y el poder sagrado de iluminar y elevar la creación como un todo. Esta conciencia deja poco espacio para la visión moderna e imperante del mundo, según la cual estamos desamparados, somos insignificantes y carecemos de poder, y vivimos en un mundo quebrado, demasiado grande para que podamos impactar en él de alguna manera.

"Rosh Hashaná refuta los argumentos de quienes no asumen su compromiso bajo la excusa de que es imposible cambiar el mundo... que el mundo es tan grande y uno tan insignificante... ¿cómo puede uno esperar lograr algo?

"...Ha habido momentos en que tal concepto —es decir, la capacidad de un individuo por sí solo de ‘transformar’ el mundo— ha sido recibido con escepticismo y exigencias de pruebas, etc.

"Sin embargo... [en nuestro tiempo] hemos visto cómo un solo individuo fue capaz de llevar al mundo al borde de la destrucción, de no haber sido por las misericordias del Rey del Universo, Quien ordenó: 'la tierra se mantendrá firme; no caerá'."

Este es un ejemplo verdaderamente extraordinario de la capacidad del Rebe para encontrar algo positivo y redentor, incluso en el reino aparentemente irredimible del mal. Tomando un ejemplo positivo del arquitecto de los indescriptibles horrores del Holocausto, el Rebe transmuta el terrible abuso de poder de un hombre en un mensaje transformador para cada uno de nosotros:

Si esa persona tuvo el poder de cambiar el curso de la historia, ¡también lo tenemos cada uno de nosotros! Tal conciencia infunde una enorme importancia a cada una de nuestras acciones particulares. Si yo importo, mis acciones importan… y mucho.

El Rebe concluye con una verdad axiomática a la que apelaba a menudo:

"Si tal es el caso en el reino del mal, seguramente el potencial es mucho mayor en el reino del bien. Pues, en verdad, la Creación es esencialmente buena y, por tanto, más inclinada hacia el bien que hacia lo opuesto."

Grandes Expectativas

Esta enseñanza radical fue la base de la respuesta del Rebe a R. Itzjak Meir Gurary, cuando, en 1970, este le pidió orientación.

Aunque estaba dotado de historias y enseñanzas de los grandes sabios y jasidim de antaño, Gurary explicó que creía que sus alumnos necesitaban una verdad poderosa y abarcadora que les inspirara a permanecer profundamente comprometidos con una vida de devoción y fe mientras vivían en el mundo moderno. El Rebe respondió:

"Su mensaje debería reafirmar continuamente la enseñanza de Maimónides de que cada persona debe considerarse a sí misma, y al mundo todo, en una balanza en perfecto equilibrio. Inculque a sus alumnos que cada acción que realicen, por pequeña o aparentemente insignificante que fuese, encierra un gran potencial, y que podría ser que dichas acciones, aparentemente pequeñas, sean las que induzcan la verdadera y absoluta redención.”7

Este era el antídoto espiritual del Rebe para lo que él consideraba el principal desafío de nuestro tiempo. Como fuera mencionado en el capítulo 1, el Rebe diagnosticó que la juventud moderna sufría de un profundo sentido de insignificancia personal, representado por la pregunta: ¿Mi aní, u'má aní? ¿Quién soy y qué soy? Esto puede resumirse aún más en la autocrítica ecuación existencial:

Si yo no importo, lo que yo hago no importa

El Rebe enseñó lo contrario: No solo importas tú, sino cada acción tuya, grande o pequeña, tiene el poder de transformar la creación y la historia en su conjunto.

Una acción nada desdeñable

Una y otra vez, el Rebe insistía en que no sólo se nos ha conferido de lo Alto el poder de elevar la creación, sino que se nos ha confiado el deber sagrado y la responsabilidad de hacerlo.

En palabras del Rebe:

"Aquí reside la profunda, pero clara, directiva, a saber, que una persona —todas y cada una de las personas— es potencialmente capaz de 'conquistar el mundo'. ...Si alguien no cumple con su tarea y no utiliza sus inestimables poderes Divinos, no es meramente una pérdida y un fracaso personal, sino afecta al destino del mundo todo." 8 ,9 ,10

Esta poderosa verdad se refleja en la historia de un hombre que fue convocado a la orilla del mar para pintar una barca. Mientras pintaba, el hombre se percató de que la barca había hecho agua, así que decidió repararla antes de terminar su tarea, cobrar y regresar a casa. Al día siguiente, el propietario de la barca se presentó ante el pintor y le entregó una importante suma adicional.

Sorprendido, el pintor recordó al propietario de la barca que ya había cobrado.

"Esto no es por la pintura, sino por la reparación de la barca", respondió el hombre.

"Fue algo tan pequeño que ni siquiera pretendía cobrar por ello. ¿No me estarás pagando demasiado por tan poca cosa?".

"Mi querido amigo, no entiendes", dijo el hombre. "Permítame contarte lo que ha sucedido..."

"Cuando te pedí que pintaras la barca, me había olvidado mencionarte lo de la gotera. Cuando el barco estuvo bien seco, mis hijos salieron a pescar. Cuando me enteré de que habían salido en la barca, me puse frenético porque recordé la fuga de agua. Imagina mi alivio y felicidad cuando los vi regresar sanos y salvos. Examiné la barca y noté que la habías reparado. ¿Entiendes ahora por qué te estoy tan agradecido? ¡Has salvado la vida de mis hijos! No existe suficiente dinero para recompensarte por tu 'pequeña' buena acción...”11

Cada acción influye en los acontecimientos de un modo que nunca podemos imaginar o prever, aunque en ese momento parezca pequeña o insustancial. Incluso el más pequeño gesto de generosidad o acto de caridad tiene el potencial de generar un bien tremendo, ya que reverbera propagándose por el mundo todo. Y lo mismo ocurre a la inversa. Como enseñan nuestros Sabios, "mitzvá goreret mitzvá, aveirá goreret aveirá: “una buena acción trae otra buena acción, una transgresión trae otra transgresión".12 Cada acto, cada elección, se amplifica y se propaga creando más de su tipo. De este modo, cada una de nuestras acciones se convierte en un eje a partir del cual se despliega un mundo de posibilidades.

El Rebe ilustró esta verdad crucial en la tarde de un Shabat de verano de 1969, coincidiendo con el histórico lanzamiento de la nave espacial Apolo 11. En el curso del farbrenguen procedió a utilizar la misión lunar como una parábola en tiempo real para ilustrar el significado sagrado de las acciones de una única persona y el poder de una única persona para dar forma al curso de la historia. Dijo así:

"Baal Shem Tov enseña que 'de todo lo que una persona ve u oye debe derivar una lección en su servicio al Creador'. De hecho, este acontecimiento, y cada uno de sus aspectos y detalles, rebosa de enseñanzas sobre nuestra misión en la vida.”13

A continuación, el Rebe hizo referencia a la constelación de factores delicadamente equilibrados que estuvieron en juego en todo momento a lo largo del histórico viaje. La misión Apolo 11 fue producto de décadas de dedicación de unas cuatrocientas mil personas que trabajaron en docenas de disciplinas científicas, de ingeniería y tecnológicas. Contó que a cada persona tenía un rol con parámetros y procedimientos meticulosamente orquestados y elaborados. Cada movimiento dentro de la cabina, cada interruptor accionado, cada descanso, cada gesto y cada acto se regían por un plan minuciosamente dispuesto del que dependía el éxito de un proyecto multimillonario14 y la consecución de las más altas aspiraciones de la humanidad. Dentro de esta delicada organización, cada acto tenía el potencial de salvar, o sabotear, la misión. 15

El Rebe concluyó que si éste es el caso de un proyecto científico multimillonario, ¡cuánto más al aplicarse al drama cósmico y a la danza Divina de la creación misma!

El cambio radical de José

Para el Rebe, esta idea no tenía nada de figurativo ni poético. De hecho, entendía que cada acto es importante para toda la creación en el sentido más literal, ensalzando enfáticamente el poder transformador de una mera acción para moldear la historia.

El Rebe ilustró vívidamente este entendimiento durante una alocución, el 19 de Kislev de 5721 (1960), en la que se basó en el ejemplo del gran José bíblico y su lucha por sobreponerse a la tentación ofrecida por la esposa de su amo.

Como relata la Torá, una y otra vez José rechazó firmemente sus insinuaciones hasta que un día, desmoronándose, entró al aposento de ella decidido a cumplir su deseo. El Talmud cuenta que en el instante previo a sucumbir a sus abrazos, José vio en una visión a su padre induciéndole a resistir la tentación y huir. 16

Si se examina más a fondo,17 esta historia se transforma en un emblema del poder de cada individuo y de sus decisiones.

Como relata el Génesis, la vida de José, de joven, se vio violentamente trastocada. Emboscado y vendido como esclavo por sus envidiosos hermanos, José fue llevado por traficantes de esclavos a Egipto, donde fue adquirido por Potifar, uno de los ministros principales del faraón. Con el tiempo, Potifar quedó tan impresionado por la inteligencia del joven que lo nombró administrador de toda su hacienda. Descripto en la Torá como excepcionalmente atractivo, José había captado también la atención de la esposa de Potifar, quien lo atormentaba invitándolo insistente e implacablemente a su lecho. Como describe el Talmud: “Cada día, la esposa de Potifar intentaba seducirlo. La ropa que usaba para él por la mañana no la usaba por la noche… “Le dijo ella:

—Entrégate a mí.

—No —respondió él. —Y entonces ella lo amenazó:— Te encerraré en prisión… Someteré tu altiva estatura…Te cegaré los ojos.

—¿Pero cómo he de cometer semejante maldad y pecar contra Di-s? —respondió José negándose a los avances de ella. Y a pesar de sus amenazas, José le recordó:

—Temo al Santo, Bendito es.

—¡Pero Él no está aquí! —respondió ella.

Imagina el peso, la tentación de la desesperanza, que representan esas ominosas palabras. Sin duda, ha habido días en la penosa y solitaria existencia de José en los que se ha sentido verdaderamente abandonado. Era poco más que un adolescente, sin amigos ni parientes cerca, sin conexiones significativas de las que obtener esperanza, apoyo o consuelo. Su madre había fallecido cuando él sólo tenía ocho años de edad, y ahora su querido padre Jacob lo creía muerto. Sus celosos y envidiosos hermanos lo habían vendido como esclavo, extinguiendo por completo su juventud. Esclavo en una tierra y una cultura extrañas, José había sido despojado de su mismísima identidad, obligado a soportar una serie interminable de degradaciones. Y aunque había conseguido el favor y un status de privilegio a los ojos de su amo, todas sus verdaderas fuentes de significado —lo que le tornaban importante— habían desaparecido. Su madre, su padre, su familia, su hogar, su comunidad, su soberanía y su seguridad… todo le había sido arrebatado. Y justo cuando había empezado a recibir un status digno de parte de su amo como supervisor de su hacienda, el rechazo de José a la esposa de su amo amenazó con despojarlo de todo lo demás.

¿Por qué, entonces, un esclavo desolado y solitario arriesgaría lo que le quedaba de vida ante una visión del rostro de su padre? ¿Cómo, en un mundo cruelmente indiferente a su sufrimiento, podía la mera imagen de su padre animar a José a negarse a un momento de placer, consuelo y seguridad frente a las constantes amenazas de la esposa de su amo?

La respuesta surge de un pasaje del Talmud: "La belleza de Jacob reflejaba la belleza de Adán”. 18

Según la interpretación del Rebe, cuando José visualizó el rostro de su padre Jacob, visualizó también el rostro de Adán, lo que le recordó el cataclismo de Adán al haber comido del árbol prohibido. José recordó cómo una persona, en un momento, con una única decisión aparentemente intrascendente de comer del Árbol del Conocimiento, cambió para siempre la historia de toda la humanidad porque, como observó el Rebe, "...Cada ser humano forma parte del nudo en el que cielo y tierra se entrelazan".

Ante este sagrado reconocimiento —conmocionado por su verdadera importancia universal— José se sintió revigorizado por una nobleza y una fuerza repentinas e inquebrantables. Salió del fango de su propia impotencia en el momento en que recuperó la convicción de que, como Adán, desempeñaba un papel crucial en la redención de la humanidad y en la evolución de la historia del mundo en general.

Tal decisión, aparentemente insignificante, desencadenó una serie de acontecimientos mediante los cuales José se convertiría en virrey de Egipto, salvaría al mundo antiguo de la hambruna y aprovecharía su nuevo status para reubicarse y reunir a su familia en un próspero asentamiento en Egipto. Esta serie de acontecimientos, a su vez, sirvió de telón de fondo para el nacimiento del pueblo de Israel y su gran Éxodo de Egipto hacia la Tierra Prometida.

Como José, cada uno de nosotros experimentamos periodos de la vida en los que nos sentimos solos, traicionados, menospreciados, impotentes y separados de nuestros sistemas de apoyo. Es posible que hayamos experimentado una gran pérdida, que nos hayamos sentido desesperanzados y quizás tentados a pensar: "¡Pero Él no está aquí!". En esos momentos en los que sentimos que no importamos, y por consiguiente nuestras acciones no importan —precisamente en esos momentos—, debemos recordar que cada acción, seamos conscientes o no, tiene el poder de moldear la gran totalidad de la que siempre formamos parte.