Erradicaron a D-os al exilio.

Decretaron: "Él es demasiado santo, demasiado trascendente, para pertenecer a nuestro mundo".

Determinaron que Él no pertenece a lo ordinario, a lo cotidiano.

Así, lo expulsaron de Su jardín y lo enviaron, a los dominios de la oración y la meditación, a los santuarios y a los lugares de reclusión de los ermitaños.

Sentenciaron al Creador al exilio, y encerraron a Su creación en una prisión oscura y fría.

Y Él suplica: —Permítanme regresar a Mi Jardín, el sitio donde Yo Me deleitaba cuando todo comenzó.