Toda ocupación es como el oficio del sastre: hacer vestimentas para las bendiciones que vienen a tu encuentro.

No puedes alterar el tamaño de tus bendiciones vistiéndolas con una prenda más grande. Al contrario, tal vez podrían ahuyentarse.

Pero tampoco puede la prenda ser más pequeña. Porque éste es el objetivo: que los milagros y bendiciones no vengan al mundo completamente desnudos, sino vestidos en lo natural.

Y nosotros somos los sastres.