Talmud Babilónico relata dos historias de milagros que el Rebe reiteró varias veces, explicándolas en detalle:

Durante sus viajes, Rabí Akiva acostumbraba llevar un burro para cargar el equipaje, un gallo que lo despertaba a la primera luz del día y una lámpara para estudiar de noche. (Al llegar a este punto, el Rebe señalaba el contraste entre la historia y la costumbre actual de viajar con una tarjeta de crédito y un cepillo de dientes).

Rabí Akiva era un gran sabio y enseñaba, entre otras cosas, que todo lo que el Misericordioso hace, es para bien.

Una vez, el Misericordioso arregló las cosas de modo que Rabí Akiva llegó a una ciudad amurallada al anochecer, cuando los portones ya estaban cerrados. Rabí Akiva se dijo:

—Todo es para bien... —y se preparó a pasar la noche afuera, en el bosque.

Esa noche, los desastres se sucedieron uno tras otro. Cuando Rabí Akiva se dispuso a estudiar, una ráfaga de viento apagó la lámpara.

— ¡Nu! —se dijo, acostándose a dormir— todo es para bien.

Al fin y al cabo el gallo lo despertaría temprano para reanudar el estudio.

Al rato, un zorro atacó al gallo y huyó con él entre sus dientes.

—De algún modo, también esto es para bien —dijo Rabí Akiva. Y volvió a dormirse.

A medianoche, el burro cayó presa de un león. Rabí Akiva se lamentó por el burro, pero se alegró por el gran bien que, de alguna manera -quién sabe cómo-, D-os le estaba deparando; y volvió a dormirse profundamente.

Al levantarse por la mañana, descubrió que una banda de malhechores había saqueado e incendiado la ciudad.

—Ajá —se dijo— todo era para bien. ¡Si hubiera dormido en la ciudad, si la lámpara me hubiera iluminado, si mi gallo hubiera cacareado o mi burro relinchado, habría sido otra víctima de la banda de malhechores que atacaron la ciudad!

Rabí Akiva vio que todo era para bien, pero no vio el bien en los eventos en sí. Sólo vio cómo, por medio de estos desafortunados acontecimientos, se salvó de algo peor.

Uno de los maestros de Rabí Akiva fue Najum de Gamzu. "Gam zu" es el nombre de un lugar, pero a la vez significa en hebreo "Esto también". Najum siempre repetía: "Esto también es bueno".

Conocido por su gran honestidad y altura espiritual, Najum fue electo representante de los judíos para llevar un cofre de piedras preciosas de regalo al César. Durante el trayecto hacia Roma, Najum cuidó del tesoro con su vida. Pero en el último tramo del viaje, un tabernero codicioso reemplazó las gemas por arena mientras Najum dormía.

Cuando descubrió lo sucedido, era demasiado tarde para volverse atrás. En vez de preocuparse, exclamó vivazmente: — ¡También esto es bueno! Yo haré mi parte como emisario del Pueblo Judío y D-os hará el resto! —y siguió adelante.

— ¡Majestad! — proclamó frente al trono—, los judíos te envían un obsequio.

Najum abrió el cofre y exhibió su contenido. Nadie quedó bien impresionado. Cuando lo arrojaron al calabozo por su "burla", Najum repitió su máxima: — ¡También esto es bueno!

En ese momento sucedió el milagro: Uno de los consejeros reales (que en realidad era el Profeta Elías) sugirió que la arena tal vez tuviese poderes mágicos.

—Después de todo —explicó— los judíos cuentan que su antepasado Abraham venció a los ejércitos de cuatro reyes con arenas mágicas que -al ser arrojadas- se convertían en flechas.

El César consintió. A los romanos no les faltaban guerras en las que experimentar. La arena fue transportada a las legiones romanas que luchaban en Galia. Al poco tiempo llegaron noticias de una milagrosa victoria. Najum fue liberado y generosamente recompensado. Muy feliz, pero nada sorprendido, Najum comentó: —Al fin y al cabo, todo es para bien. Si hubiese traído joyas, tal vez el César me las hubiera tirado en la cara, ¡pero arena...!

(De paso, el tabernero también recibió su merecido castigo. Al enterarse de lo ocurrido, el pobre infeliz llevó a Roma un carro cargado de arena común para las Legiones Romanas...)

Hay dos caminos. Uno: Todo es para bien. Tal vez no inmediatamente, pero en el futuro, algo bueno saldrá.

El otro: Todo es realmente bueno, porque no hay nada más que Él, y Él es bueno. Es cuestión de aguantar firmes un poco más, sin dejarnos perturbar por los fantasmas de nuestra visión limitada, sin dejarnos impresionar por el tigre de papel que se autodenomina "mundo"; y eventualmente nos será concedido un corazón para entender y ojos para ver. Finalmente, el bien se tomará evidente en nuestro mundo también.

Najum de Gamzu tenía la capacidad de revelar el bien innato de cada evento en la vida, sabía que el secreto dentro de cada cosa es verdaderamente bueno. Y por eso, para él, era realmente así.