Renunciar al yo no significa saltar de un puente. Renunciar al yo significa entregar el "yo". Dejar de lado el "yo quiero", el "yo necesito", el "yo pienso que...". Incluso el "yo soy".

La renuncia al yo es el impulso subliminal detrás de todos los genuinos actos de bien. Pero a medida que el mundo se hace más materialista y los desafíos más grandes, la renuncia al yo no puede permanecer tan subliminal.