La necesidad de interacción social

Maimónides, el gran sabio judío medieval, escribe en su Guía para los perplejos: “El hombre es innatamente un ser social. A diferencia de [algunos] otros animales para quienes juntarse no es una necesidad, es parte de la naturaleza humana buscar la sociedad”1.

Esto es cierto para todos nosotros. No importa cuán ferozmente independientes o introvertidos seamos, todo ser humano necesita a otras personas.

“He recibido su carta”, comienza una respuesta de 1959 a una joven, en la que describe su estado mental [negativo], etc.

Creo que ya le he escrito varias veces que, en mi opinión –que también he visto confirmada en la realidad– toda persona, sin excepción, es “innatamente un ser social”, aunque, por supuesto, no todas en el mismo grado. Cuando uno intenta comportarse de manera contraria a esta naturaleza, es comprensible que conduzca a complicaciones [emocionales], etc.

A pesar de este deseo inherente de conectarse con los demás, acercarse realmente a las personas y hablar con ellas puede resultar difícil e incómodo. En la actualidad, puede que nos encontremos recurriendo a simulaciones digitales sin esfuerzo en lugar de buscar interacciones humanas reales. Sin embargo, nuestro anhelo por la simple compañía física de nuestros pares no puede ser aplacado por suplentes sofisticados. Tenemos una necesidad subyacente de ver, hablar y vincularnos con otros seres vivos como nosotros. Y solo hay una manera de hacerlo. La carta continúa:

Para aquellos que, por una razón u otra, tienen dificultades para mezclarse con otras personas, en última instancia no hay otro camino que el proceso de “aprender a nadar” metafóricamente. Es imposible que una persona comience a desarrollar habilidades de natación antes de entrar al agua. Incluso si se para en la orilla del río, es insuficiente. Debe saltar al agua y luego, naturalmente, comenzará a aprender a nadar. Y finalmente lo dominará. Sin embargo, todas las largas cavilaciones mientras aún está parado en la orilla del río –sobre cómo aprenderá, y qué implicará, y de qué manera en particular– son inútiles. Pues es imposible aprender a nadar en cualquier otro lugar que no sea en el agua.

Después de pedir sus disculpas, es exactamente lo mismo en su situación. Usted articula en sus cartas sus argumentos a favor y en contra de asumir una ocupación que implicaría estar en presencia y compañía de otros. Sin embargo, todo este proceso de pensamiento tiene lugar mientras está sentada en su propia habitación o en su propio espacio personal.

Por supuesto, mi intención no es reprenderla; solo lo estoy intentando de nuevo, con la esperanza de que tal vez en esta oportunidad mis palabras finalmente tengan un efecto, y se “lance” a un empeño que la obligue (al menos durante los primeros días) a estar entre otras personas fuera de su hogar.

Espero que dentro de un corto período de tiempo no necesitará forzarse a sí misma, y verá por sí misma cuánto significado y cuánto beneficio hay en estar en compañía de otras personas, [no solo para usted, sino] también para ellas, porque no es sin propósito que los seres humanos fueron creados con una naturaleza social.

De hecho, cuán maravillosas son las palabras de nuestros Sabios2, que también pretenden ser una lección práctica en nuestra vida diaria, de que todo lo sagrado debe hacerse en un entorno comunitario.

Nuestra necesidad innata de los demás no es una molestia o una debilidad, explica el Rebe aquí. Cada uno de nosotros tiene sus propias virtudes y experiencias de vida únicas, y nuestro instinto social fue Divinamente diseñado para obligarnos a crecer y aprender unos de otros. Si bien algunos podrían asociar el desarrollo personal con la soledad, la sabiduría judía enseña que lo cierto es exactamente lo contrario: no solo es posible alcanzar grandes alturas al unísono con los demás, sino que es la única manera.

La carta concluye:

Hay un dicho jasídico muy conocido, atribuido a varios de los grandes maestros jasídicos, que dice que “es peor estar solo en el Paraíso que [en el Infierno] junto con otros”.

Al encontrarnos al final del mes de Elul, un mes de infinita misericordia Divina, que sea la voluntad de Di-s que usted comience a hacer un movimiento positivo real en esta dirección, y que pronto pueda informar buenas noticias3.

Por supuesto, este movimiento hacia una participación social saludable a veces puede tener que ser en pasos graduales. Como explica otra carta, al maestro de un estudiante que está pasando por un período emocionalmente desafiante:

Parece que un componente importante en su recuperación es que comience a volver a relacionarse con los demás... Se entiende que mi intención no es que cambie repentinamente de un extremo a otro y comience a interactuar con los demás durante muchas horas al día. Más bien, que lo haga paso a paso, y con las personas con las que le resulte más fácil conectarse.

Sin embargo, debe hacerlo con la intención y el objetivo de progresar de manera constante hasta que pueda hablar y mezclarse con los demás de forma natural y sin tensión.

Junto con lo anterior, y esto es de suma importancia, que sea fuerte en el conocimiento (que, de hecho, es cierto) de que su situación actual se puede mejorar al cien por cien, aunque, como se mencionó, requerirá ser encarado paso a paso.

Puesto que usted se encargó de comunicar su situación, con certeza no lo descuidará [a lo largo de este proceso] y, en última instancia, él también le agradecerá por sus esfuerzos, incluso si no los apreciará inicialmente4

Concluyamos con un ejemplo conmovedor del Rebe alentando a alguien a alejarse de la reclusión y acercarse a la interacción con los demás.

Zelda Mishkovsky, una célebre poetisa israelí, nació en Ucrania en 1907, hija única de Shlomó y Rajel Schneersohn. Cuando tenía once años, se mudó con sus padres a la Palestina gobernada por los británicos. Poco después de su llegada, su padre enfermó y murió.

Cuando Mishkovsky entraba en la edad adulta, su madre también enfermó. Ella abandonó sus estudios universitarios para ayudar a atender a su madre mientras trabajaba como maestra de escuela primaria.

Pasaron los años. La enfermedad de su madre empeoró gradualmente mientras Mishkovsky permanecía a su lado. A los treinta y cinco años, escribió a una amiga: “Parece que el último fuego de la juventud se ha reavivado dentro de mí antes de que se desvanezca por completo y se silencie; antes de que haga la paz con lo profano, con la muerte, con la enfermedad, con la mentira. Clama por amor, por libertad, por belleza, por conocimiento, por canción, por las maravillas de la Creación – por la verdad. Y entonces de nuevo los versos de la poesía laten en mi corazón lastimoso y solitario. ¡Oh! Cuán sola. Cuán sola”.

Un año más tarde conoció a su futuro esposo, Jaim. “En su presencia”, escribió a la misma amiga, “siento una cierta serenidad, una paz interior que nunca he sentido en compañía de otra persona... Como si no hubiera nada superfluo en mí o en él. O en el mundo”. Después de casarse, se mudaron a la casa de su madre para que ella pudiera seguir cuidándola.

Mishkovsky era prima hermana del Rebe –su padre y el padre del Rebe eran hermanos– y las familias, mientras aún estaban en Ucrania, habían disfrutado de una estrecha relación. A lo largo de su vida, le escribía al Rebe sobre sus experiencias. Una de las cartas que escribió durante la enfermedad de su madre dice lo siguiente:

El sufrimiento y el dolor llenan mi alma, al ver la agonía de aquellos que me son cercanos y queridos, mientras yo soy incapaz de ayudarles. Es tan terrible ver el dolor; es tan terrible presenciar cómo la mortalidad conquista, día tras día, el cuerpo y el espíritu de alguien cercano a ti.

De lo más profundo de mi conciencia surge una rebelión al sufrimiento, como si levanté la cabeza y vi el cielo eterno arriba, la hierba fresca y nueva creciendo entre las ruinas; pero estoy experimentando un golpe tras otro. Cuando me identifico con el dolor de alguien, me siento completamente abrumada por su tragedia y nada más existe en el mundo. Comprensiblemente, después de esto me enfermo físicamente, por lo que mi salud no está en absoluto en un estado brillante. Y a veces, por alguna razón, lo que está pasando [a otro] no me afecta, y entonces me siento culpable, con corazón insensible. Mi alma anhela la felicidad, la inspiración, la unión, conectarme con otras personas...

Tu prima,
Shaina Zelda, hija de Rajel

Después de que su madre sucumbiera a su enfermedad, encontró consuelo en su matrimonio. Ella y su esposo se mudaron a una casa propia y, aunque la pareja nunca tuvo el privilegio de hijos, construyeron un cálido hogar judío, fundado en la fe, el recato y la bondad. A menudo estudiaban y leían libros juntos, y fue su marido quien la animó a llevar finalmente su poesía al público. Más tarde describió su singular vínculo mientras llevaban juntos la realidad de no tener hijos:

Jaim y yo fuimos creados por Di-s como uno... Fuimos expulsados del paraíso de los justos que están “plantados junto a corrientes de agua, que producen su fruto en su estación, y cuyas hojas no se marchitan”5. Fuimos expulsados del paraíso de “Tu mujer será como una vid fructífera dentro de tu casa; tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa”6. Fuimos expulsados, y ahora vivimos encima de una nube, y la entrada de nuestro hogar es el arco iris en la nube...

Ambos tenemos una vaga percepción, un borroso recuerdo, de la conexión que existía entre nosotros antes de nacer. Nos pertenecemos uno al otro y somos inseparables.

Sin embargo, después de diez años de felicidad, su esposo desarrolló una grave afección cardíaca. Durante nueve largos años lo vio consumirse mientras aguardaba un milagro (“recé para que su vela no se apagara, hice miles de promesas...”). Pero, por desgracia, a la temprana edad de sesenta y cuatro años, Jaim falleció, dejándola completamente sola en el mundo.

No tenemos sus cartas al Rebe de este período, pero por las cartas del Rebe a ella parece desprenderse que una parte de ella sentía ganas de desconectarse de la gente y retirarse a la soledad después de todo por lo que había pasado.

“Ha pasado algún tiempo desde que recibí tu carta”, comienza una respuesta del Rebe, y por razones comprensibles fue difícil responder, porque es difícil encontrar las palabras correctas y las ideas apropiadas. Pero como ayer fue el yahrtzeit [aniversario del fallecimiento] de mi padre, de bendita memoria, y en conexión con mis reflexiones sobre el yahrtzeit, el tiempo y las emociones están más maduros para responder a tu carta y compartir algunos destellos de pensamiento.

Una de las ideas aquí es que, dado que estamos tratando con el alma de un ser querido ascendiendo al Cielo, recae sobre aquellos que siguen cerca de él continuar con esas actividades en las que él estuvo involucrado durante todo su tiempo en el mundo... Estos empeños traen placer y elevación al alma del difunto porque, encontrándose en el Mundo de la Verdad, sabe todo lo que se está haciendo en su mérito, como si fuera por sus emisarios.

De lo anterior se entiende que no hay lugar para sacar conclusiones sobre la soledad, etc., ya que, por el contrario, específicamente tal suceso debe impulsarnos a trabajar con otras personas con incrementada vitalidad y a mayor escala. Porque, como se explica en las fuentes sagradas y también se entiende lógicamente, no hay lugar para decir que una enfermedad del cuerpo [incluso una que resulte en la muerte] pueda dañar el alma, su vida o su eternidad. El cambio fue sólo en la conexión del alma con su cuerpo, una conexión que trajo consigo también varias limitaciones al alma, limitaciones que ahora están abolidas. Así, tales actividades, dondequiera que puedan tener lugar físicamente, son de inmediato conocidas por el alma, porque ahora no está limitada por el tiempo y el espacio ni por las facultades de la vista y el oído.

Concluyo con mi deseo de que organices tu vida de tal manera que te permita utilizar los talentos con los que fuiste dotada para el beneficio del público [general], además del beneficio del individuo o individuos [específicos], y [hacerlo] con entusiasmo y vigor. Y que Di-s te conceda largos y felices años, colmados de bondad visible y tangible.

Con bendiciones de compartir pronto buenas noticias sobre todo lo anterior,
M. Schneerson

P.D. Ciertamente, todos los detalles de cómo te establecerás de aquí en adelante me interesan, incluido, y esto también es importante, en lo que respecta a las finanzas. Y seguro escribirás sobre todo esto tal como realmente es, arraigado en nuestra cercanía familiar, etc., sobre todo teniendo en cuenta que solo quedan unos pocos sobrevivientes de nuestra familia7.

Mishkovsky abrió su casa a mujeres jóvenes que necesitaban alojamiento y comida. Les ofreció un cuidado sensible y una tutoría dedicada, y las “chicas de Zelda”, como se hicieron conocidas, la adoraban como a una abuela sabia y cariñosa. Continuó escribiendo poesía y publicó otros cinco libros con gran éxito. Sus obras, que describen sus luchas solitarias y sus percepciones redentoras, siguen atrayendo a un público lector devoto y se incluyen en muchos planes de estudio escolares hasta el día de hoy.


Bendición y Saludo:

(traducción libre)

Con la gracia de Di-s 3 de Jeshván, 5721 Brooklyn, N.Y.

Recibí su carta del 18 de octubre, con el adjunto.

En respuesta, quiero decir de inmediato que la situación me parece mucho mejor de como la describió su cuñado, porque las razones de la condición de su hija menor no son en absoluto complicadas. Las causas parecen radicar en el hecho de que su hija está subconscientemente celosa de su hermana mayor, y tal sentimiento se manifiesta en el deseo de no estar interesada en aquellas actividades en las que la persona no puede competir con éxito. Por eso, su hija menor muestra poca inclinación a participar en las actividades en las que su hermana mayor tiene más éxito que ella. Sin embargo, dado que tal es la actitud de los celos, creando un sentimiento subconsciente de culpa, uno es propenso a compensarlo con una muestra externa de apego. Es por eso que ella vuela en defensa de su hermana si alguien dijera algo despectivo de ella. Todo esto confirma mi opinión general sobre su conducta. Confío en que su terapeuta está totalmente de acuerdo con este diagnóstico, ya que él la conoce mejor que yo.

Al mismo tiempo, este diagnóstico sugiere también el método de terapia, a saber, que se debe hacer todo esfuerzo posible para restaurar su confianza ofreciéndole oportunidades para participar en tales actividades en las que pueda desempeñar un papel destacado y distinguirse. No hace falta decir que esto debe hacerse de manera gradual, ya que, en su estado de ánimo actual, sería reacia a asumir responsabilidades todas a la vez. Pero seguro que, tanto en la escuela como en otros círculos culturales, hay oportunidades para que ella desarrolle sus talentos artísticos y otros. Sería psicológicamente beneficioso para ella si estas actividades fueran de un tipo en las que su hermana no participa. La elección de tales actividades es bastante amplia, y podrían ser culturales, caritativas o de trabajo juvenil entre jóvenes judíos, y similares.

Usted no menciona nada acerca de la salud física de ella, en especial en lo que respecta a la pubertad. A menudo sucede que donde estos aspectos pueden ser regulados y normalizados, hay una mejora inmediata en el estado de ánimo, ya que la vida emocional está estrechamente ligada a la física.

Por último, y esto es igualmente esencial, la vida física y mental del judío está directamente ligada también a la vida espiritual. Confío, por lo tanto, en que su hija hará todo lo posible para vivir de acuerdo con el estilo de vida judío, de conformidad con la Torá, que es llamada la Ley de Vida, y las mitzvot mediante las cuales los judíos viven, ya que estos son los canales y recipientes para recibir las bendiciones de Di-s. No hace falta decir que los propios padres deben mostrar un ejemplo vivo.

Le sugiero que revise las mezuzot de su hogar, para asegurar que son Kasher. Sin duda usted también conoce la buena costumbre de las mujeres judías, de apartar una pequeña moneda para tzedaká antes de encender las velas.

Con la esperanza de escuchar buenas noticias de usted,
Con bendición, Por

En conclusión

Tú eres un organismo integrado. El tú en alma, el tú en cuerpo, el tú emocional, el tú práctico, el tú centrado en ti mismo, el tú social – todos están entrelazados y afectan profundamente uno al otro.

Por lo tanto, para lograr una salud mental óptima, es imperativo mantener un cuerpo saludable, una ética de trabajo productivo, un horario organizado y una vida socialmente conectada.

En especial en tiempos de agitación interior, cuando podrías sentirte tentado a aflojar en tus necesidades prácticas, recuerda que cuidar de tu yo “exterior” es un prerrequisito para mejorar tu estado “interior”.

Tal como hay hábitos físicos que son necesarios para un estilo de vida que fomenta el bienestar emocional, también hay elementos espirituales esenciales.