“No permitas que la preocupación entre en tu corazón, porque la preocupación ha matado a hombres poderosos”.
–Talmud, Sanhedrín 100b
“¿Por qué preocuparse por lo que será mañana mientras el camarero esté dispuesto a servirnos a crédito?”.
–Canción jasídica del siglo XIX

Todos nos preocupamos. Nos preocupamos por el pasado (“Me equivoqué en esa entrevista”), nos preocupamos por el futuro (“¡Esas facturas están llegando!”) y estamos ansiosos por nuestras perspectivas a largo plazo (“¿Serán relevantes mis habilidades en los próximos años?”). Naturalmente, la sabiduría judía ofrece múltiples métodos para abordar esta emoción universal.

Un enfoque es meditar sobre la naturaleza transitoria e incognoscible de todo. ¿Qué sentido tiene preocuparse por un futuro del que no tienes ni idea si participarás? Es más sabio vivir solo en el presente. En este espíritu, el sabio talmúdico Rabí Iosef (siglos III-IV de la era común) solía recomendar: “No te aflijas por [los problemas de] mañana, porque no sabes qué te deparará el día; tal vez mañana ya no estés y te habrás preocupado por un mundo que no es tuyo”1.

Sin embargo, nos centraremos aquí en una idea más básica. Es uno de los principios fundamentales de la ética judía y un tema central en la asesoría del Rebe: bitajón2.

Bitajón significa confianza (en Di-s). La confianza es diferente de un sentimiento de amor o temor a Di-s; es una dependencia absoluta con tranquilidad. Así es como lo define el sabio judío medieval Rabí Bajia Ibn Pakuda (1050-1120):

La esencia del bitajón es la calma emocional del que confía. Su corazón se fía de aquel en quien confía de que hará lo que es bueno y apropiado para él3.

Confianza es sinónimo de calma. ¿Alguna vez te has sentado en un taxi o en el auto de un amigo y pensaste: “Simplemente no confío en este conductor”? El camino puede estar despejado, pero tu corazón no puede detener sus latidos inquietos. Sigues mirando ansiosamente por la ventana. Sabes que no te ayudará. No importa. Estás preocupado.

Compara esa experiencia con las veces que estabas convencido de la responsabilidad y el buen juicio de tu conductor. Cuando confías en el conductor, puedes sentarte tranquilo y dejar que tu mente divague. Puede que no sepas qué te deparará el próximo giro, pero estás tranquilo. Sientes que estás en buenas manos. Ese sentimiento es bitajón.

El proceso de pensamiento interno del bitajón se puede dividir en tres pasos:

1. Hay un poder superior –Di-s– que dirige el mundo, incluyendo los acontecimientos de mi vida.
2. Él es la esencia de la bondad, y “la naturaleza de la bondad es hacer el bien”. Él me ama y Se preocupa por mí.
3. Por lo tanto, aunque puede que yo no sepa qué me deparará el futuro, no tengo por qué temer ni estar ansioso. Estoy en las mejores manos.

Una carta a un anciano dice así:

“Al reflexionar sobre la idea de que Di-s supervisa a cada hombre y mujer en su vida cotidiana, e incluso en tales detalles que el mundo considera insignificantes y triviales – [se vuelve claro que] no hay fundamento para la preocupación de ningún tipo. Es como la calma de un niño pequeño que se encuentra cerca de su padre, aunque en la analogía el padre solo es todopoderoso en la imaginación del niño, mientras que nuestro Padre Celestial también es todopoderoso en la realidad4.

Entre hacer y preocuparse

Esto no significa que puedas recostarte, no hacer nada y confiar en que Di-s se encargará de todo. La sabiduría judía hace referencia repetidamente al versículo “Di-s te bendecirá en todo lo que hagas”5, indicando que el hacer proactivo es absolutamente vital para recibir la bendición del éxito.

La razón de esta necesidad de hacer, explican los maestros jasídicos6, evoluciona desde los fundamentos místicos de la creación. Di-s quiere un mundo en el que Su energía Divina no está en conflicto con el orden natural, sino que, más bien, fluye y trabaja a través de canales naturales. Por lo tanto, uno debe hacer todo lo posible para crear un marco práctico que mejor se alinee con un resultado positivo.

Pero una vez que (y más aún, mientras) estás haciendo lo que puedes, debes llevarlo a cabo con una calma saludable. Imagina que tienes un trabajo de escritorio en una gran corporación. Tu única responsabilidad es completar la tarea que se te asignó. No precisas, ni debes, perder el sueño pensando en el balance corporativo. Del mismo modo, nuestro papel es hacer lo que podamos dentro del orden natural para crear un vehículo para el mejor resultado. Lo que sucede al final no es algo de lo que debamos preocuparnos. Está en mejores manos que las nuestras.

La siguiente nota manuscrita a una mujer, abordando su ansiedad, recalca este punto:

Al meditar “con corazón lleno” y “con intensidad” (como escribe que es su manera de abordar todo) sobre el concepto de la providencia de Di-s, que es Él quien dirige el mundo en todo momento – se anula cualquier base para la preocupación o la tensión. De hecho, Di-s quiere que la persona haga lo que es necesario por medios naturales, pero que no se preocupe en su mente7.

“La forma de aliviar el estrés”, dice otra carta,

es, en primer lugar, fortalecer el propio bitajón –la total confianza– en Di-s, cuya benevolente providencia Divina se extiende a cada uno individualmente y en todos los detalles, como nuestro salmista Divino, el rey David, nos recuerda a menudo: “Di-s es mi pastor, nada me ha de faltar”, y más en este sentido. Por lo tanto, realmente no hay razón para la ansiedad. Demás está decirlo, este es uno de los principios básicos de la Torá.

Con certeza, Di-s espera que un judío haga lo que es necesario en el orden natural de las cosas, prometiendo que “Di-s, tu Di-s, te bendecirá en todo lo que hagas”. Por lo tanto, uno tiene que hacer lo que es necesario, pero sin preocuparse; por el contrario, con confianza. También es evidente que cuando uno ve tales presiones como una prueba temporal, y las toma con calma, con serenidad, con una mente clara, es mucho más fácil hallar las soluciones correctas y llevarlas a cabo de manera efectiva8.

Sin embargo, dejar de lado nuestra preocupación no siempre es fácil.

Dejarlo ir de verdad

El Maguíd de Dubno (1741-1804), un predicador famoso por sus fábulas, explicó el significado de Bitajón con el siguiente relato:

Un hombre pobre andaba penosamente por el camino cargando un pesado bulto sobre sus hombros. Un carruaje de aspecto lujoso, tirado por dos poderosos caballos, pasaba junto a él cuando de repente se detuvo. El dueño del carruaje salió y le ofreció al viajero llevarlo. Cansado, el pobre aceptó gustoso la oferta.

El carruaje continuaba por la carretera cuando el hombre rico se dio cuenta de que su pasajero todavía portaba su carga. Le preguntó: “Mi buen hombre, ¿qué crees que estás haciendo? ¿Por qué no pones tu bulto en el suelo?”.

El humilde viajero respondió: “Estimado señor, usted ya ha sido lo suficientemente amable conmigo. Su carruaje tiene que soportar el peso de mi cuerpo. ¿Cómo puedo agobiarlo también con mi bulto?”.

El anfitrión se rio y reprendió a su invitado: “¿No ves que para mí es lo mismo si sostienes tu carga al hombro o la dejas en el suelo? ¡Yo la transporto de todos modos!”9.

Bajar nuestra carga y permitir que Di-s la lleve por nosotros puede ser difícil. Al igual que el pobre de la historia, cada uno de nosotros tiene una carga que estamos acostumbrados a llevar, y no siempre podemos imaginar dejarla ir. Requiere reflexión y práctica, pero las recompensas son transformadoras.

“El hombre es dueño de su destino sólo hasta cierto punto”, dice una carta de 1951.

En su mayor parte, depende de Di-s. Por lo tanto, una persona no precisa cargar todo sobre sus propios hombros, sintiendo una responsabilidad abrumadora por todo. Y ciertamente, uno no necesita llenarse de desesperación por asuntos específicos o situaciones específicas.

Cuando una persona se conecta con su fuente interior de fe y bitajón, que sin duda alguna perdura profundamente arraigada en ella, eso le brinda calma interior, le permite ir por la vida de manera saludable y le permite cumplir mejor la tarea única que cada individuo tiene en la vida10.

“Cuando yo tenía unos dieciocho años”, contó el Sr. B., “tuve un episodio psicótico y terminé en un hospital psiquiátrico durante seis semanas. Posteriormente me diagnosticaron maníaco depresivo, que hoy en día se conoce como bipolar.

“A lo largo de los años, el Rebe me animó a buscar un buen psiquiatra y a seguir sus directivas. Me apoyó constantemente en el camino y me ofreció aliento.

“Una vez, después de tener un episodio psicótico, le escribí al Rebe diciéndole que estaba muy nervioso. El secretario del Rebe me respondió diciéndome que el Rebe había aconsejado que hiciera cuatro cosas: 1) hesej hadáat mehanal – apartar mi mente del hecho de haber estado nervioso [mira el capítulo 10 para más información sobre esto]; 2) revisar mis tzitzít para asegurar que la prenda era kasher; 3) revisar mis tefilín para asegurar que eran kasher11; y 4) estudiar El Portal de la Confianza de Rabí Bajia Ibn Pakuda.

“Seguí todas estas instrucciones. Revisé mis tzitzít, y aunque no encontré ningún problema con ellos, compré nuevos solo para estar seguro. Hice revisar mis tefilín y, cuando se encontró un problema, hice que se lo corrigiera. También dejé de centrarme tanto en lo nervioso que estaba. En cambio, comencé a estudiar El Portal de la Confianza, que explica cómo uno puede vivir una vida de fe total en Di-s, libre de preocupaciones. Recuerdo haber tenido una formidable sensación de serenidad y seguridad cuando lo hice. Aprendí que Di-s dirige cada faceta y detalle de la vida, de modo que cuando confiamos en Él, podemos tratar con los demás con calma y confianza.

“Me sentí como alguien que se había resecado en un desierto al que de repente le dieron un trago de agua fría y refrescante. Poco a poco, mis inseguridades y preocupaciones se desvanecieron. Sentí que podía navegar por la vida y las relaciones de una manera segura y sin preocupaciones.

“Al final, encontré un trabajo que encajaba conmigo; me casé y formé una familia. Y mirando hacia atrás, puedo decir que, gracias a Di-s, mi vida ha sido muy productiva y feliz”12.