Leyes de los Reyes y sus Guerras
Este texto incluye 23 mitzvot: diez preceptos positivos y trece prohibiciones. Son:
- 1) La obligación de nombrar un rey en Israel;
- 2) La prohibición de nombrar a un converso como rey;
- 3) La prohibición de que el rey tome muchas esposas;
- 4) La prohibición de que el rey acumule muchos caballos;
- 5) La prohibición de que el rey acumule demasiada plata y oro;
- 6) La obligación de destruir a las siete naciones que habitaban en la Tierra de Canaan;
- 7) La prohibición de dejar con vida a alguno de ellos;
- 8) La obligación de destruir a los descendientes de Amalek;
- 9) La obligación de recordar lo que hizo Amalek;
- 10) La prohibición de olvidar la maldad de Amalek, incluida su emboscada contra los israelitas durante su viaje de Egipto a Israel;
- 11) La prohibición de residir en Egipto;
- 12) La obligación de ofrecer paz a los habitantes de una ciudad al sitiarla, y cumplir las leyes del sitio tal como la Torá las prescribe, en particular, las leyes que aplican cuando el enemigo acepta rendirse y las que aplican cuando se niega;
- 13) La prohibición de ofrecer paz a Amón y Moab, a diferencia de otras naciones, cuando se las sitia;
- 14) La prohibición de destruir árboles frutales durante un sitio;
- 15) La obligación de establecer una letrina fuera del campamento militar;
- 16) La obligación de llevar una estaca para cavar;
- 17) La obligación de ungir a un sacerdote para que hable a las tropas en tiempo de guerra;
- 18) La obligación de permitir que quienes se han casado, construyeron una casa o plantaron un viñedo se alegren de su nuevo estado por un año completo, eximiéndolos del reclutamiento militar;
- 19) La prohibición de exigir a los incluidos en la categoría anterior que realicen cualquier tarea durante ese año, incluida la administración de las necesidades de la ciudad o el suministro de provisiones a las tropas;
- 20) La obligación de no temer ni huir en medio de la batalla;
- 21) Las prohibiciones y obligaciones relativas a una iefat to’ar, una mujer gentil con la que la Torá permite relaciones en tiempo de guerra;
- 22) La prohibición de vender a una iefat to’ar;
- 23) La prohibición de someterla a trabajos degradantes después de haber tenido relaciones con ella.
Estas mitzvot se explican en los capítulos siguientes.
1. Al entrar a la Tierra Prometida, Israel fue mandado a cumplir tres mitzvot:1
a) Elegir un rey, como dice Devarim 17:15: “Pondrás sobre ti un rey”;2
b) Borrar a Amalek, como dice Devarim 25:19: “Borra el recuerdo de Amalek”;3
c) Construir la Casa Elegida de Di-s, como dice Devarim 12:5: “Buscarán Su Presencia y vendrán allí”.4
2. El nombramiento de un rey debe preceder la guerra contra Amalek.5 Esto se ve en la orden que Shmuel le dio a Shaúl (Shmuel I 15:1-3): “Di-s me envió a ungirte rey… ahora ve y golpea a Amalek”.6
El linaje de Amalek debe ser eliminado antes de la construcción del Beit HaMikdash, como dice (Shmuel II 7:1-2): cuando el rey vivía en su palacio y Di-s le dio paz de todos sus enemigos, el rey le dijo a Natán: “Yo habito en casa de cedro… y el arca de Di-s está dentro de cortinas”.7
Si es mitzvá nombrar un rey, ¿por qué Di-s se disgustó cuando el pueblo lo pidió a Shmuel?8 Porque lo pidieron con espíritu de queja. En vez de buscar cumplir la mitzvá, querían rechazar al profeta Shmuel, como se ve en la respuesta divina (Shmuel I 8:7): “No a ti te rechazaron, sino a Mí”.9
3. Idealmente, un rey solo puede ser nombrado por un tribunal de setenta ancianos10 junto con un profeta, como Yehoshúa fue nombrado por Moshé y su tribunal,11 y como Shaúl y David fueron nombrados por Shmuel de Ramá y su tribunal.12
4. No se debe nombrar rey a un converso al judaísmo.13 Esto aplica incluso si los antepasados del converso ya fueron judíos por muchas generaciones,14 a menos que su madre o su padre sea israelita de nacimiento,15 como dice Devarim 17:15: “No podrás poner sobre ti un extranjero que no sea de tus hermanos”.16
Esto no se limita a la monarquía, sino a todos los cargos de autoridad en Israel. Un converso no puede ser jefe militar, comandante de cincuenta, ni de diez; ni siquiera supervisar la distribución de agua de un arroyo hacia campos. Con más razón, un juez o un nasí17 debe ser israelita de nacimiento, como se dice: “Pondrás un rey… de entre tus hermanos”. De aquí se aprende que todo nombramiento debe ser “de entre tus hermanos”.18
5. No se nombra a una mujer como rey. La Torá, al describir la monarquía, usa el masculino “rey” y no el femenino.19 Esto aplica a todos los cargos de autoridad dentro de Israel: solo hombres deben ser designados para esos puestos.20
6. No se debe nombrar como rey o Cohén Gadol a un carnicero, barbero,21 asistente de baños, ni curtidor.22 No por un defecto esencial, sino porque son profesiones menos prestigiosas y el pueblo los tratará con ligereza.23 Quien haya ejercido una de estas profesiones incluso un solo día queda descalificado para la monarquía.24
7. Cuando se nombra un rey, se lo unge con el aceite reservado para este propósito,25 como dice Shmuel I 10:1: “Y Shmuel tomó el frasco de aceite y lo derramó sobre su cabeza; luego lo besó”.26
Una vez ungido un rey, él y sus descendientes reciben la monarquía para siempre, porque la realeza se hereda, como dice Devarim 17:20: “Así prolongará sus días en el reino, él y sus hijos, en medio de Israel”.27
8. Si el rey deja un hijo pequeño, se guarda el reino para él hasta que madure, como hizo Iehoyadá con Ioash.28
El orden de herencia de la monarquía es como el de la herencia de bienes: el hijo mayor precede al menor.29 Y no solo la monarquía: también otros cargos de autoridad en Israel se transmiten a hijos y nietos como herencia para siempre.30
Esto aplica cuando el temor a Di-s y el conocimiento del hijo son equivalentes a los de sus antepasados.31 Si su temor a Di-s es equivalente pero su conocimiento no, se le debe dar el cargo y enseñarle.32 Pero bajo ninguna circunstancia se debe nombrar a alguien que carece del temor a Di-s para un cargo en Israel, aunque tenga mucho conocimiento.33
Cuando David fue ungido, adquirió la corona de la realeza. Desde entonces, el reino le pertenece a él y a sus descendientes varones para siempre, como dice Shmuel II 7:16: “Tu trono será establecido para siempre”.34 Sin embargo, esa adquisición fue condicional,35 aplicando a los descendientes justos, como dice Tehilim 132:12: “Si tus hijos guardan Mi pacto… también sus hijos se sentarán en tu trono para siempre”. Aun así, Di-s le aseguró que el reino no sería quitado de su descendencia para siempre,36 como dicen Tehilim 89:31-34: “Si sus hijos abandonan Mi Torá… castigaré… pero no retiraré totalmente Mi bondad… su trono será establecido para siempre”.37
Si un profeta nombra un rey de otra tribu, y él sigue el camino de la Torá y las mitzvot y libra las guerras de Di-s, es considerado rey y todas las mitzvot de la monarquía aplican a él.38
Aunque el reino fue dado principalmente a David y uno de sus descendientes será el rey, existe legitimidad halájica para el gobierno de otros reyes. Ajiyá de Shiló nombró a Ierovam y le dijo (Melajim I 11:38): “Si obedeces todo lo que te mande… te edificaré una casa fiel como la edifiqué a David”. Y también le dijo (11:36): “A su hijo le daré una tribu, para que David Mi siervo tenga siempre soberanía delante de Mí en Ierushalaim”.39
9. Los reyes de la dinastía davídica perdurarán para siempre: “Tu trono será establecido para siempre” (Shmuel II 7:16).40 En cambio, si un rey surge de otras tribus, la monarquía eventualmente cesará de sus descendientes. Pues a Ierovam se le dijo (Melajim I 11:39): “Afligiré a la casa de David… pero no para siempre”.41
10. Los reyes de Israel no son ungidos con el aceite especial de unción, sino con aceite de afarsimon.42 Solo un descendiente de David puede ser nombrado rey en Ierushalaim, y solo los descendientes de David son ungidos con el aceite especial de unción.43
11. A los reyes de la dinastía davídica se los debe ungir cerca de un manantial.44
12. Un hijo que hereda el trono de su padre no se unge a menos que asuma en medio de una disputa por la herencia o en un conflicto interno. En ese caso se lo unge para quitar el desacuerdo. Por eso ungieron a Shelomó por la pretensión de Adoniyahu, a Ioash por la usurpación de Ataliá, y a Iehóajaz por la pretensión de su hermano Iehoyakim.45
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