Kedoshim
Di-s siempre sabe nuestras intenciones
Estimados lectores:
En esta Parashá leemos muchas leyes de distinta índole, desde no engañar a una persona vulnerable, hasta la responsabilidad de dejar nuestros arboles sin cosechar hasta el tercer año.
Pero una frase se repite al final de muchos de estos versículos: “Yo soy Hashem”.
Rashi comenta, que en ciertas leyes se pone a prueba más nuestra fe en Hashem, ya que son cosas que solo dependen de nuestra conciencia, nadie sabe realmente cuales fueron nuestras intenciones.
Si bien toda la Torá y los preceptos los debemos cumplir porque son la voluntad de Hashem, en algunos casos es más notoria nuestra convicción.
Un amigo dice, que en realidad solo se puede comprobar la convicción y la fe de una persona si está solo en una isla desierta. ¿Seguirá rezando tres veces por día? ¿Se cuidará de hacer el mandato de Hashem a pesar que nadie lo ve?
Creo que por ahí va el tema, muchas veces hacemos cosas por cómo nos va a ver la sociedad, por si alguien nos ve, por si se enteran. Pero hay que tener en cuenta que siempre está Hashem mirando cada acción y aún más cada intención en lo más profundo de nuestro corazón. Ese es el verdadero desafío.
¡Shabat Shalom!
Rabino Eli Levy
A menudo escucho esta afirmación: “soy una buena persona aunque no sea religioso, y conozco religiosos que no son buena gente”. O sea, parece no haber una interdependencia entre estar bien con D-os y estar bien con el prójimo. ¿Cómo se entiende entonces el planteo de Hillel?
El camino de la Torá, que pone énfasis en las responsabilidades así como los privilegios, en la enseñanza y el ejercicio del autocontrol, era seguido con entusiasmo por los adultos, y luego por los jóvenes.
La única manera de llevar una “cuenta completa” es comenzar a contar la noche anterior.
Un viaje de 49 pasos para conocer tus emociones interiores y lograr día a día una mayor Libertad Personal
El Rebe nunca olvidó a su maestro de la infancia y mostró respeto y gratitud al hombre que, como él dijo, “hut mir avek geshtelt auf de fee—me puso en pie”.
Si todos los grandes sabios, místicos y gente santa de las generaciones anteriores no pudieron traer al Mashíaj durante sus vidas, ¿cómo podemos imaginar que nosotros podemos hacer que ocurra?