Matot Masei
El viaje a la libertad
Estimados lectores:
Esta semana leemos sobre los viajes del pueblo de Israel en el desierto. La Torá hace un recuento detallado de todas las paradas y trayectos que realizaron en su camino hacia la Tierra Prometida.
El texto comienza diciendo: “Éstos son los viajes de los hijos de Israel, que salieron de la tierra de Egipto”. Sin embargo, si lo pensamos bien, la salida de Egipto fue sólo el primer viaje, de Ramsés a Sucot. Los demás ya no fueron parte directa de esa salida. ¿Por qué entonces la Torá considera que todos los viajes forman parte de la salida de Egipto?
La respuesta está en el significado más profundo de la palabra "Egipto". En hebreo se dice “Mitzraim”, que también puede leerse como “Metzarim”, es decir, limitaciones o estrecheces. Egipto no es sólo un país del que salimos físicamente; representa también un estado de opresión espiritual y emocional del que debemos salir constantemente.
Nuestros Sabios enseñan: “Cada día la persona debe verse a sí misma como si estuviera saliendo de Egipto”. Es decir, siempre estamos llamados a superar nuevas limitaciones, a romper barreras internas que nos impiden crecer y avanzar.
Uno podría pensar: “Ya salí de una situación difícil, ahora puedo relajarme”. Pero la Torá nos enseña que incluso después del primer gran paso —que suele ser el más desafiante—, cada día representa una nueva etapa en el proceso de liberación. La libertad no es un destino fijo, sino una búsqueda constante.
Por eso la Torá llama a todos los 42 viajes del desierto “salidas de Egipto”: en cada uno de ellos, el pueblo dejaba atrás un nuevo nivel de esclavitud espiritual.
Que seamos merecedores de romper también nosotros nuestras cadenas —espirituales y físicas— y que muy pronto, en nuestros días, alcancemos la redención final con la llegada del Mashíaj.
Shabat shalom,
Rabino Eli Levy
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No es lo que creemos, sino la regularidad con que recordamos y recapacitamos sobre nuestras creencias lo que más determina nuestra conducta y en la clase de personas que llegamos a ser.
No puedo creer que estoy de nuevo en la misma posición, que estoy haciendo lo mismo: empacar. Otra vez nos mudamos. Rodeados de cajas, la tarea es desalentadora. “¿Tengo que hacer esto otra vez?”, me pregunto.
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