Estimados lectores:

Unos de los versículos de esta Parashá resuenan en mi cabeza:

“Salvaguarden y cumplan [estas reglas], puesto que esto es su sabiduría y entendimiento a los ojos de las naciones. Ellas oirán todas estas reglas y dirán: ‘Esta gran nación es ciertamente un pueblo sabio y de entendimiento’.”

“¿Qué nación es tan grande que tiene a Dios próximo a ella, como Dios nuestro Señor está, cuandoquiera que Lo llamemos?”

“¿Y qué nación es tan grande que tiene tales reglas y leyes justas, como toda esta Torá que presento ante ustedes hoy?”

— Devarim (Deuteronomio) 4:6–8

Estos versículos dejan en claro que el rol del pueblo judío al cumplir los preceptos y preservar la Torá es trascendental. No se trata solo de mantener nuestras costumbres o tradiciones; el objetivo es mucho más profundo: que, en algún momento, las demás naciones —es decir, el resto de la humanidad— reconozcan: “Acá hay algo especial”.

La Torá engrandece a nuestro pueblo y le otorga un estatus impensado, acercándonos a Hashem.

Uno de los elementos que se han universalizado de la Torá son justamente los Diez Mandamientos, que aparecen en esta misma Parashá. Son diez reglas claras, que expresan tanto nuestra conexión con Di-s como las leyes sociales más fundamentales. La Torá enlaza estos dos aspectos en un único mensaje:

“Para respetar realmente al otro debo reconocer su origen divino, y para llegar a Di-s debo respetar al otro.”

¡Shabat Shalom!

Rabino Eli Levy