Estimados lectores

Este mes me sentí muy reconfortado al recibir una hermosa muestra de compromiso de nuestra juventud: cinco jóvenes que frecuentan nuestro templo me enviaron como donación el diez por ciento de lo que ganaron en sus trabajos de verano, para algunos de ellos su primer empleo. También me llenó de alegría ver cómo miembros de la comunidad, por iniciativa propia, se acercaron para pintar y embellecer la sinagoga.

Como rabino y líder de una comunidad en formación, muchas veces el desafío más grande es motivar a otros a sumarse a la construcción del proyecto. Por eso, cuando la gente responde con acciones tan significativas, uno siente que el esfuerzo es valorado y compartido.

Esto mismo lo encontramos en nuestra parashá, que nos habla de la importante mitzvá de los bikurim, las primicias. La primera fruta de cada árbol debía ser llevada al Templo y entregada a Hashem. Podría pensarse que bastaba con recolectar la cosecha y llevar una canasta de frutos, pero la Torá enseña que el agricultor debía estar atento desde el inicio, marcar la primera fruta y dedicar justamente esa a Hashem. Con este gesto reconocía que todo lo que poseía provenía de Él, quien es el socio principal en todas sus acciones.

Este jueves celebramos el 18 de Elul, fecha del nacimiento del Baal Shem Tov y del Alter Rebe, el primer Rebe de Jabad. Ambos dedicaron sus vidas a enseñarnos a mirar el mundo con ojos más espirituales, a que las enseñanzas jasídicas no queden en una abstracción intelectual, sino que impregnen la vida diaria. El jasidut nos prepara para percibir la divinidad presente en todo lo que nos rodea.

El Baal Shem Tov relató que, en un encuentro celestial, preguntó al Mashiaj cuándo llegaría. La respuesta fue: “Cuando tus manantiales se difundan y se popularicen”. Es decir, cuando los seres humanos comencemos a sentir la presencia divina de manera tangible en nuestra vida cotidiana, sabremos que estamos ya transitando la época mesiánica.

Shabat Shalom

Rabino Eli Levy