Vaihakel Pekudei
Apreciar lo esencial
Estimados lectores:
Ciertas cosas no las apreciamos hasta que nos faltan. Esta última semana me faltaron dos.
Me enfermé con neumonía y apenas podía moverme. De repente, todo lo que uno hace con naturalidad se convirtió en un gran desafío. Al mismo tiempo, Israel está siendo bombardeado a diario. Debemos refugiarnos en el bunker varias veces durante el día y también en la noche. La rutina, tal como la conocíamos, desapareció.
El judaísmo pone un gran énfasis en agradecer. Cada día comienza con Mode Ani, agradeciendo simplemente que estamos vivos. Luego vienen las bendiciones matutinas, donde vamos enumerando muchas de las cosas que normalmente damos por sentadas.
La salud tiene una característica muy particular: hasta que no la perdemos, no nos damos cuenta de lo valiosa que es. Lo mismo sucede con la paz. No percibimos lo esencial que es hasta que nos falta.
Este Shabat bendecimos el mes de Nisán, el mes de las maravillas y de la redención. Así como en Nisán fuimos redimidos de Egipto, nuestros sabios enseñan que también en Nisán llegará la redención final.
Que tengamos el mérito de verla muy pronto, incluso antes de Pésaj, y de poder traer el sacrificio de Pésaj en el Beit Hamikdash reconstruido.
Shabat Shalom.
Moshe reúne al pueblo de Israel y les reitera el mandato de observar el Shabat. Luego les transmite el mandato Divino de construir el Mishkán...
Mientras se dirigían rumbo a la jupá (palio nupcial), la novia y su madre sostenían sobre sus cabezas un pequeño y viejo paraguas colorido, a pesar de que en Jerusalem el día estaba muy lindo.
Para un judío, vivir desconectado de su identidad genera una tensión interna, aunque no siempre sea consciente. Cuando esa identidad se expresa en la práctica diaria, aparece una sensación de coherencia, orgullo y paz interior. Estar en paz con lo que uno es por dentro permite también estar en paz con el mundo de afuera.
Los días previos a Pesaj debemos limpiar la casa de todo el Jametz. Especialmente debemos tener cuidado en la limpieza de la cocina, el comedor y las habitaciones de los niños, verificando que no queden vestigios de Jametz.
Un joven de nombre Meir Bastomsky visitó una vez al Rebe en busca de orientación sobre su futuro profesional. Había invertido mucho tiempo en su formación como ingeniero mecánico, pero seguía sin estar seguro de que ese camino fuera para él.
"Te traje algo para comer", me dijo, y extrajo un panecillo recién horneado. El apetitoso aroma me produjo tremendos mareos. Le dije que nosotros, los judíos, no tenemos permitido comer eso en Pesaj. Le agradecí y rechacé el pan. Se fue sin decir palabra.......
Cuando estoy relajada, en mi mente, se repite el mantra del Siddha Yoga espontáneamente una y otra vez. He intentado reemplazarlo por el Shema o el Mode Ani,pero no me ha dado resultado; es como si el antiguo mantra fuera parte de mí.
¿Morir? ¿Por una Causa? La gente parpadeo y se miró unos a los otros como si alguien acabara de contar una broma pesada.