Un hombre viajaba por el desierto hambriento, sediento y cansado cuando se encontró con un árbol que proporcionaba abundante sombra y frutas deliciosas, y un manantial de agua corría por debajo de él. El hombre comió las frutas, bebió el agua y descansó bajo la sombra.
Cuando se dispuso a continuar el viaje, se volvió hacia el árbol y le dijo:
—Árbol, árbol, ¿cómo te bendeciré? ¿Te bendigo con frutos dulces? Tus frutos ya son dulces.
¿Te bendigo con sombra abundante? Tu sombra ya es abundante. ¿Qué un manantial corra debajo tuyo? Ya corre debajo de ti un manantial”. Solo hay una cosa con la que te puedo bendecir: Que sea la voluntad de Di-s que todos los árboles que surjan de tu semilla sean igual que tú...”.

Ah...
Qué bello relato.
Amo los árboles.
Este relato me inspira
y vuelvo a esta historia
una y otra vez.
Gracias Hashem
por darnos los árboles
tan hermosos,
tu creación es bellísima.
🌳