Al inicio de mi Shlijut en Barracas, me enfoqué especialmente en buscar judíos por el barrio para colocarles Tefilin, entregar velas de Shabat a las mujeres judías de la zona, y conversar acerca del judaísmo con cualquier judío que se cruzara por mi camino; solía ir a la Yeshivá de Agüero para encontrar a algunos jóvenes que se ofrecieran acompañarme.

El rabino Shneur Mizrahi estaba en su segundo año de Shlijut cuando sucedió esta anécdota.

Él cuenta lo siguiente: fui, como de costumbre a la Yeshivá a recoger un par de estudiantes para que fueran conmigo a Barracas. Estacioné mi automóvil cerca de la puerta y entré al edificio; de repente, el guardia de la Yeshivá, me mandó a llamar y cuando salí me enteré que me acababan de chocar el carro. Al parecer, un hombre mayor venía manejando distraído, su carro quedó destruido por delante y el mío bastante golpeado.

Cuando vi al conductor me dio la impresión de que era judío y sin ningún preámbulo le pregunté: ¿es usted judío? El hombre estaba muy preocupado por haberme chocado y con voz temblorosa me respondió que sí.

Sin titubear le pregunté si se había puesto Tefilin ese día y me contestó que nunca se los había colocado. De inmediato le pedí que se los ponga, el hombre estaba anonadado, me acababa de chocar el automóvil, el daño había sido grande, y yo pensaba en colocarle los Tefilin.

Después de ponerle los Tefilin crucé la calle con él y entramos a una pequeña tienda Kasher, compré unas galletitas y una bebida, para que dijéramos juntos una Berajá.

¡Mazal Tov!, exclamé ¡es tu Bar Mitzvá!

Luego coloqué mi brazo encima del suyo y comenzamos a bailar al son de una melodía Jasídica. El hombre no podía entender mi felicidad…mi intención era recoger a estudiantes para ir a colocar Tefilin y D-os se había encargado de que ahí mismo encontraría a una persona que en sus setenta y dos años, nunca se los había puesto, ¿cómo no iba a estar feliz?

El seguro del señor se ocupó de arreglar mi automóvil, pero, hasta el día de hoy, emite un sonido en la rueda trasera, que me sirve como recuerdo de ese episodio tan particular.

Para Reflexionar

Esta historia tiene un gran mensaje, porque, a través de un suceso que me perjudicó personalmente, logré colocarle los Tefilin por primera vez a un hombre de setenta y dos años de edad.

Las Mitzvot tienen un gran valor, y no es exagerado, que alguien aplauda que le hayan chocado el carro, si a través de eso, logra que un judío haga una Mitzvá; ni hablar, tratándose de una personaque ya ha cumplido setenta y dos años, y nunca se había colocado los Tefilin.