No hay lugar para la preocupación. Debes decidir un plan de acción. Si no tienes la experiencia necesaria para decidir, consulta con quien la tenga: Un padre, un maestro, un experto, alguien de confianza, y que a la vez sea consciente de tu camino espiritual.

Cuando hayas decidido qué hacer, sigue ese curso y confía en D-os. Ya que estás haciendo lo que crees correcto, Él se hará cargo de que todo salga bien.