A veces, los impulsos más destructivos que existen dentro de nosotros aparecen disfrazados vistiendo un talit (manto de plegarias):

Cuando en un momento de alegría, una voz te dice que sientas remordimiento por tus pecados.

Cuando en un momento de arrepentimiento, la voz te dice: "¿Quién te crees para sentir remordimiento?"

Cuando alguien, desesperadamente, necesita tu ayuda y decides que es momento de meditar.

Cuando es un momento para meditar, pero decides salir a salvar el mundo.

Cuando logras comprender un concepto profundo, o cuando estás orando con gran fervor, o cuando haces una buena acción en secreto, y la voz te dice: "¡Qué bien!, ¡qué grande eres!"

Hay una sola cosa que esa voz nunca te dirá, y hará todo lo posible por impedírtelo: Nunca te dirá que rompas las cadenas con que te aprisiona, ni que cambies tu modo de ser.