De dos maneras, somos uno. En nuestra esencia y en nuestro carácter.

En nuestra esencia, todos somos una sola alma con una única fuente.

En nuestro carácter, nos complementamos unos con otros. Ninguno de nosotros es completo, cada uno contribuye con lo que le falta al otro. Cada uno aportando su toque de perfección a su compañero. Como un gran rompecabezas, encajamos unos con otros para hacer un todo perfecto.

Ninguno de nosotros es perfecto sin todos los restantes. Y todos los restantes están incompletos cuando un único individuo está ausente.