Quien está lleno de sí mismo, colma todo el espacio que lo rodea. No hay lugar para nadie más. Por lo tanto, desplaza a otros en virtud del espacio que aquellos otros ocupan. Puede dar razones para su desdén, pero las razones son secundarias.
Esto se llama odio injustificado. Y es la razón de nuestro exilio, el núcleo de todo mal.
Es contrarrestado y solucionado con injustificados actos de amor y generosidad.
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