Un joven pidió consejo al Rebe sobre su futuro.

El Rebe le sugirió que, por momento, permaneciera en un ambiente de yeshivá, donde podría avanzar en sus estudios, desarrollar su personalidad y explorar su propósito en la vida.

Respetuosamente, el joven preguntó al Rebe por el razonamiento que había detrás de su consejo.

El Rebe respondió dándole un lápiz y pidiéndole que dibujara un círculo perfecto.

Tras intentarlo y no conseguirlo, el joven bromeó diciendo que sencillamente no era posible.

—¿Qué haría falta para dibujar un círculo perfecto? —le preguntó el Rebe.

El joven respondió: "un compás de dibujo".

Abriendo un cajón de su escritorio, el Rebe le dio al joven un compás, que le ayudó a completar la tarea.

—¿Cómo te ayudó el compás a dibujar un círculo perfecto? —le preguntó el Rebe.

—La aguja del compás proporciona el punto focal, el centro del círculo —respondió el joven.

—Lo mismo ocurre con la vida. —le dijo entonces el Rebe:— Todo el conocimiento y la experiencia que acumulamos a lo largo de nuestra vida, todas nuestras actividades y esfuerzos, son los círculos que dibujamos. Podemos dibujar muchos círculos. Pero debemos tener un centro, un propósito claro y cohesivo en torno al cual orbiten todos nuestros conocimientos y actividades. Sin un punto focal, sin una misión, los círculos de nuestra vida serán irregulares e incompletos.

El Rebe concluyó:

—En este momento de tu vida veo que tu centro aún no está definido, y por lo tanto te sugiero que primero estabilices tu centro antes de dibujar tus círculos.1

Como lo mencionáramos en capítulos anteriores, las distracciones tangenciales y las oportunidades conflictivas son tan abundantes en el curso de la vida que nuestra propia misión divina, única, puede perderse en el caos. De hecho, el éxito en cualquier área de la vida exige disciplina, concentración, compromiso y una cuidadosa planificación. ¿Pero, por dónde empezamos? ¿Cómo nos aseguramos de que nuestras esperanzas, sueños, ambiciones y aspiraciones encomendadas por Di-s se manifiesten y prosperen?

Ya sea para empresas, organizaciones o individuos, el primer paso es elaborar una declaración de propósito clara y convincente; en otras palabras: una declaración de misión.

Conoce tu rol

Si te dedicas al mundo de los negocios o de emprendimientos de índole social, es posible que hayas oído hablar de una declaración de misión o incluso hayas colaborado en su formulación. Se trata de una breve declaración que sirve para articular el propósito final de una empresa y guiar a sus ejecutivos, empleados y socios hacia el cumplimiento de sus fines.

Por ejemplo, la declaración de misión de Disney es: Entretener, informar e inspirar a personas de todo el mundo a través del poder de una narrativa inigualable.

La misión de Disney contiene varios componentes esenciales.

  • Lo que esperan conseguir: Entretener, informar e inspirar.
  • A quién pretenden servir: A personas de todo el mundo.
  • Cómo lo hacen: A través del poder de una narrativa inigualable.

Esta declaración es el propósito articulado de Disney, su raison d'être, que guía a cada ejecutivo y a sus más de doscientos mil empleados hacia el cumplimiento de la misión de la compañía, cada uno a su manera única, utilizando sus habilidades particulares en su área de trabajo y en su nivel de influencia.

Si bien cada individuo aporta algo único al esfuerzo, el objetivo final y el impacto de esos numerosos esfuerzos surgen de una declaración de propósito única y cuidadosamente elaborada.

De igual manera, la humanidad en su conjunto tiene su propia metamisión, en la que todos desempeñamos un papel crucial e irremplazable. Como se explica en el capítulo 2, la tradición judía nos dice que al principio de la creación, las chispas de la esencia de Di-s se dispersaron y se ocultaron por todo la creación para que la humanidad pudiera buscarlas, redimirlas y re-unirlas.

De esta manera, nos convertimos en socios colaboradores de Di-s en la sagrada labor de descubrir la verdadera unidad subyacente de la creación y de revelar la presencia unificada de Di-s en la tierra. Y aunque esta misión general es común a todos los seres humanos, su implementación es única para cada individuo. En otras palabras: Puede que compartas un objetivo común con toda la humanidad, pero tu rol en este drama Divino, y la misión que lo define, es tuyo y sólo tuyo.

Trazando tu misión

Lo que sigue es una breve guía para elaborar tu propia declaración de misión con la esperanza de que te proporcione un ancla en la tormenta, algo a lo que recurrir mientras navegas por las transiciones y complejidades de la vida. En unos sencillos pasos, cristalizarás tu propósito en una declaración que se convertirá en el eje desde el que irradien todos tus esfuerzos, orientando todas las herramientas y recursos con que has sido dotado para trabajar hacia el propósito divino para el que fuiste creado en esta tierra.

El siguiente ejercicio te ayudará a discernir y destilar las numerosas opciones y oportunidades que ofrece el mundo actual e identificar aquellas que son exclusivamente tuyas por designio divino. Nadie, en toda la creación, puede completar las tareas para las que tú has sido creado, y tu declaración de misión debe ser tan única como tú.

Por ejemplo, es habitual responder a la pregunta "¿Cuál es su misión en la vida?" con declaraciones vagas y ambiciosas, como "Pretendo cambiar el mundo" o "Pretendo inspirar a la humanidad".

Por muy admirables y bellas que tales ambiciones sean, dejan de lado quizá el aspecto más importante de cualquier declaración de misión personal: la singularidad, la naturaleza única, de la persona que la formula.

Cualquiera puede aspirar a marcar la diferencia en el mundo. Pero tu verdadera misión es única. Si tu misión general es "cambiar el mundo", por ejemplo, lo que sigue te ayudará a descubrir qué hace que tu contribución a cambiar el mundo sea única.

En la primera parte de este ejercicio explorarás por escrito cinco aspectos providencialmente orquestados de tu vida: rasgos de personalidad, talentos, personas, lugares y oportunidades. Aclarar y codificar estos aspectos fundamentales te ayudará a elaborar una declaración de misión tan única como tú.

Necesitará papel y bolígrafo o un dispositivo digital.

1. 1. Personalidad: Has sido creado y bendecido con una personalidad única que comprende características, pasiones, peculiaridades e intereses específicos. ¿Eres sensible, inteligente, fuerte o sagaz? Tal vez seas metódico y racional. O tal vez seas espontáneo y confías en tu intuición. Tal vez seas aventurero y ferozmente independiente. Quizás seas introvertido, extrovertido o ambivertido. ¿Te apasiona el medio ambiente, la educación, el arte, la espiritualidad o los derechos humanos? Sean cuales fuesen tus particularidades, cada aspecto de tu personalidad es una señal que puede ayudarte a encarar hacia tu misión única. Una naturaleza empática y afectuosa significa que tienes una capacidad única para brindar consuelo y sanación a quienes te rodean. Si eres de naturaleza ambiciosa, trabajadora y calculadora, tal vez seas idóneo para el desarrollo empresarial u organizacional. Si eres ideológico, carismático y tienes inclinación hacia el liderazgo, tal vez seas idóneo para algún cargo público o servicio comunitario. Tómate un momento para reflexionar y anota dos o tres aspectos fundamentales de tu personalidad que puedan contribuir a definir tu misión.

2. Talento: Tus dones y talentos naturales pueden movilizarse y expresarse como parte de tu propósito sagrado. Puede que seas un pintor, un genio de la tecnología o un atleta, o que sea talentoso para la oratoria. ¿Tienes buena memoria y un don para articular ideas complejas? Quizás seas ideal para una vida académica. ¿Eres un buen oyente? Esto podría posicionarte para prosperar como consejero, por ejemplo. Tómate un tiempo para evaluar y anotar dos o tres talentos naturales que puedas poner en práctica en tu misión.

3. Las personas: Las personas de tu vida —ya sean familiares, amigos o extraños que se cruzan en tu camino— contienen chispas de Divinidad que se relacionan con aspectos cruciales de tu misión. Quizás puedan necesitar ayuda que sólo tú puedes brindarles, o viceversa. Puede que te desafíen de forma que saques a relucir tus mayores fortalezas o te ayuden a crecer. Puede que sean portadores de un mensaje o alguna información crítica que te ayude a descubrir nuevos aspectos de tu propósito. Piensa en las personas de tu vida y anota algunos individuos o grupos de personas en los que puedas influir para bien.

4. Lugar: Los lugares en los que te encuentras a lo largo de tu vida albergan chispas que esperan ser redimidas por ti. De hecho, Di-s te dirige a esos lugares porque la elevación de tales chispas específicas es esencial para tu misión. Puede parecer contrario al sentido común considerar dónde te encuentras ahora mientras estás decidiendo hacia dónde quieres ir en el futuro. Pero el lugar en el que te encuentras, tu lugar único y especial —tu vecindario, tu comunidad, tu escuela o tu lugar de trabajo, por ejemplo— contienen indicadores fundamentales de tu misión. Cada uno de estos lugares lleva en sí sus propias chispas, necesidades y posibilidades. Dondequiera que te encuentres, estás allí porque hay un propósito Divino esperándote. Tómate un tiempo para pensar y anotar dos o tres lugares que sean centrales en tu vida.

5. El campo de tu vida está sembrado de innumerables oportunidades divinamente orquestadas para generar un impacto significativo. Tu trabajo en el mundo prepara el terreno de tu alma para todo tipo de posibilidades de elevar las chispas que esperan activarse en diversos proyectos o en la vida de las personas con las que entras en contacto. Tu vecindario o comunidad puede presentar oportunidades para formar alianzas o mejorar la vida de tus vecinos. Incluso una visita aparentemente casual al supermercado de la esquina te posiciona para revelar la Divinidad en el camino: hacer una bondad o un encuentro con alguien que necesita de tu ayuda. Cada paso y cada circunstancia que se presenta contiene chispas que esperan ser reveladas y elevadas. Tómate un tiempo para identificar y anotar al menos dos oportunidades significativas de servicio que actualmente haya en tu vida.

En este punto, quizás descubras que, de las chispas ensambladas de tu vida, han comenzado a emerger los contornos de una misión. Date tiempo para reflexionar sobre estos componentes y considera cómo podrían integrarse en tu misión sagrada. Quizás quieras hacer una pausa y asimilar lo que has aprendido sobre ti mismo hasta ahora. Tómate el tiempo que necesites. Cuando estés listo, pasa al tramo final de este ejercicio, que te guiará para integrar estos elementos en una breve declaración que resuma tu misión.

Una poderosa declaración

En la plantilla a continuación integra las oportunidades, rasgos de personalidad, talentos, lugares y personas que has anotado en la etapa anterior. Este será el primer borrador de tu declaración de misión personal. Podría resultarte útil consultar previamente los ejemplos que siguen para construir tu propia declaración de misión.

Mi alma ha sido seleccionada por Di-s y le ha sido conferida una porción del mundo, la cual me corresponde a mí elevar e iluminar. Me despierto cada mañana con la certeza de que mi _______________________________ [personalidad] y mi ____________________________________ [talentos] pueden beneficiar a _______________________________ [lugar/es] _____________________________________ logrando __________________________________ [el impacto deseado] para ____________________________________ [las personas de tu vida], canalizando así mi ____________________________________ [oportunidad] para el bien común.

*Ejemplo 1: Mi alma ha sido seleccionada por Di-s y le ha sido conferida una porción del mundo, la cual me corresponde a mí elevar e iluminar. Me despierto cada mañana con la certeza de que mi afecto por la gente [personalidad] y mis habilidades para crear consenso [talento] pueden ser beneficiosas para mi barrio [lugar] mediante la construcción de solidaridad comunitaria. Esto potencia los programas de mejora del barrio [impacto], los cuales enriquecen la vida de la gente de mi comunidad [personas], canalizando así mi influencia como líder comunitario [oportunidad] para el bien común.

*Ejemplo 2: Mi alma ha sido seleccionada por Di-s y le ha sido conferida una porción del mundo, la cual me corresponde a mí elevar e iluminar. Me despierto cada mañana con la certeza de que mi pasión por cuidar de los necesitados [personalidad] y mi talento para la cocina y la organización comunitaria [talentos] me ayudarán a brindar compañía, consuelo y sustento [impacto] impartiendo clases de cocina en el centro comunitario cercano [lugar], canalizando y elevando así mi conexión [oportunidad] con mis vecinos de la tercera edad [personas].

Utilizando la plantilla presentada, rellena los campos con las palabras correspondientes conforme la etapa anterior del ejercicio. Si debes ajustar o cambiar algo, no dudes en retocar la declaración hasta que te parezca adecuada.

Cuando hayas terminado de redactar el borrador de tu declaración de misión, reflexiona sobre él, léelo en voz alta y observa cómo te sientes teniéndolo todo organizado. Si tienes a alguien cerca y te apetece, léelo y observa cómo te sientes al expresarlo en voz alta y compartirlo con otra persona.

Una vez que obtengas una declaración que te resuene profundamente, escríbela y colócala en un lugar visible para que puedas consultarla asiduamente hasta que se convierta en algo natural. Si tu misión es amplia, como en el primer ejemplo, podría ser útil intentar aplicarla a las circunstancias específicas que surgen a lo largo del día.

Poner a prueba tu declaración en la práctica, por así decirlo, podría ayudarte a descubrir si necesita ajustes o mejoras. Es de esperar. Las declaraciones de misión y las misiones a las que se refieren son dinámicas y suelen cambiar con el tiempo, dependiendo del curso y las circunstancias cambiantes de tu vida. Al igual que con la vida, las declaraciones de misión siempre están abiertas a revisión, ajustes y mejoras.

Eso me recuerda...

Una vez que tengas una declaración de misión y hayas empezado a ponerla en práctica en tu día a día, es esencial que la evoques con regularidad. Saber y ser consciente constantemente de tu por qué te ayudará a moldear e informar sobre el qué y el cómo del trabajo de tu vida, y te ayudará a mantenerte centrado en medio de las constantes distracciones y exigencias de la vida diaria.

Como observó una vez el Gran Rabino Jonathan Sacks:

"Timothy Ferris, compilador del libro Tribu de Mentores, me hizo una vez una pregunta interesante: 'Cuando te sientes abrumado o desconcentrado, ¿qué haces?’

"Le dije que antes de mi designación como rabino jefe… me di cuenta de que la presión de los imprevistos, especialmente en la vida pública, puede hacerle perder el rumbo a cualquiera…

"Así que me quedó claro que debía establecer mis objetivos con antelación, para asegurarme de no olvidarlos ni distraerme de ellos nunca."

Por aquel entonces, antes de la era de los iPads y los smartphones, Sacks decidió poner una lista de sus mayores objetivos en la primera página de su agenda diaria.

"Esto significaba que, cada vez que miraba mi agenda, veía allí mis objetivos. Así, los recordaba varias veces al día.

"Aún hoy los conservo y no han variado en todos estos años. No sé hasta qué punto he tenido éxito. Pero esto sí lo sé: Nunca olvidé hacia dónde iba. Nunca perdí de vista el destino.”2

Todos necesitamos recordatorios, porque, aunque el cerebro humano está programado para calcular e inventar muchas cosas increíbles, una cosa para la que nuestra mente no es muy buena es para recordar. Nuestro cerebro tiene una capacidad extraordinaria para compilar infinidad de datos recibidos por nuestros sentidos y crear de ellos una única imagen y a la velocidad del rayo. Sin embargo, mantener nuestros principios y valores fundamentales en el primer plano de nuestra mente es a menudo difícil, sobre todo en un mundo dinámico que constantemente tira de nosotros en todas direcciones y nos abruma con sus distracciones.

En palabras del filósofo Alain De Botton al describir la función existencial del calendario religioso: "En el mundo secular, tendemos a creer que si le dices algo a alguien una vez, lo recordará... Las religiones [sin embargo] son culturas de reiteración. Vuelven sobre las grandes verdades una y otra vez. El calendario religioso es una forma de asegurar que, a lo largo, del año nos encontremos con ciertas ideas muy importantes. En la cronología judía, la Pascua nos recuerda la importancia de la libertad. Ahora bien, normalmente no lo hacemos por casualidad; lo hacemos porque somos guiados a hacerlo. En el mundo secular, pensamos: ‘Si una idea es importante, me toparé con ella. Simplemente se cruzará en mi camino’ Tonterías, dice la cosmovisión religiosa. Necesitamos calendarios, necesitamos estructurar el tiempo, necesitamos sincronizar los encuentros”.3

De hecho, como sugiere el siguiente estudio, la clave para actuar conforme a nuestros valores es la regularidad con que nos los recuerdan.

Por ejemplo, en un estudio realizado por Dan Ariely, profesor de la UCLA, antes de presentar un examen a los participantes en el que debían autocalificarse, dividió a estos en dos grupos. Un grupo debía recordar los Diez Mandamientos y el otro grupo debía recordar diez libros que hayan leído en la escuela secundaria. Los resultados indicaron de forma abrumadora que el mero hecho de haber recordado los Diez Mandamientos reducía la tendencia a engañar en la autocalificación. 4

En última instancia, lo que transforma nuestro comportamiento diario no es qué creemos, sino la regularidad con la que recordamos nuestras creencias.

Por consiguiente, el último paso de nuestro ejercicio de declaración de misión te pide que identifiques momentos específicos cada día para retomar tu misión y dedicarte de nuevo a ella.

Plegarias con propósito

El judaísmo abunda en estos "recordatorios", prácticas regulares que reenfocan la atención en nuestras más profundas creencias y compromisos. Algunos ejemplos de tales "recordatorios" rituales son la recitación del Shemá por la mañana y por la noche como recordatorio de la unidad de Di-s; la observancia semanal del Shabat como recordatorio de la creación y el éxodo; y diversas festividades judías a lo largo del año que rememoran distintos acontecimientos providenciales de la historia judía. Otro ejemplo de tradición judía que orquesta ritmos de recalibración es la práctica de leer el rollo de la Torá cada lunes, jueves y Shabat. Esta lectura regular programada garantiza que no transcurran tres días consecutivos sin estudiar la Torá, de modo que nuestra conexión con las prácticas y principios fundamentales del judaísmo jamás se aparte de nuestra mente. De hecho, si observamos con atención, todo el régimen de vida del judío observante parece girar en torno a estos recordatorios: oración, estudio, ritual, vestimenta; son todos "recordatorios" experienciales diseñados para mantener al observante enfocado en su misión.

En lo que respecta a nuestro tema, cabe señalar que el judaísmo encuadra litúrgicamente cada día con la recitación de dos plegarias especialmente centradas en ayudarnos a enmarcar nuestro día y a dirigir nuestra conciencia desde que nos despertamos hasta que nos acostamos. De este modo, cada momento en que estamos despiertos se impregna de un profundo sentido de nuestra misión divina y nuestra raison d’être existencial.

La primera de esas dos meditaciones, titulada Modé Aníi, la expresamos ni bien nos despertamos, antes aun de levantarnos de nuestro lecho.

"Te doy gracias, Rey viviente y eterno, por haber restituido misericordiosamente mi alma dentro de mí. Grande es Tu fidelidad".

Siéntete libre de personalizar lo anterior de maneras que tengan afinidad contigo y, después de haberte lavado las manos, incluye alguna referencia a tu misión escogida. Por ejemplo:

"Gracias, querido Di-s, por un día más para cumplir la misión para la que fui creado”.

Gracias por hacerme Tu socio en la creación y por darme todo lo necesario para desempeñar mi rol en Tu plan Divino de sanación y redención.

[Tu declaración de misión]"

Si tienes planes para el día, al realizar esta meditación (o unos instantes después) puedes visualizarte llevando a cabo tu declaración de misión.

La segunda de aquellas dos meditaciones la realizamos al final del día, hacia la conclusión de la lectura del Shemá antes de retirarse a dormir. Se recita a continuación de este versículo de los Salmos: Encomiendo mi espíritu en Tu mano; [en la esperanza de que] Tú me redimirás, Supremo, Di-s de Verdad.

"¡Amo de los mundos! Tú has creado Tu mundo en Tu buena voluntad, tal como ha surgido en Tu pensamiento primordial, y Tú has creado los cielos y todas sus huestes, y la tierra y todo lo que hay en ella; Tú has creado al hombre sobre ella, y Tú has soplado en sus fosas nasales un alma viviente, para que pueda reconocer Tu grandeza y gloria; y Tú das vida a todos ellos, pues Tú eres el Alma de todas las almas y la Fuerza Vital de todos los seres vivientes.

"Tú, Supremo, mi Di-s, encomiendo mi nefesh, rúaj y neshamá en Tu mano pura y fiel; y Tú, Amo, mi D-os, púrgalas de toda impureza y mal que se les haya adherido por mis malas acciones, y Tú me los devolverás en paz, tranquilidad y seguridad...".

"Bendito es Aquel que escucha la plegaria".

Dedica algún tiempo a personalizar esta meditación incluyendo alguna referencia a tu misión. Por ejemplo:

"Supremo, mi Di-s, devuelvo mi alma a Ti sabiendo que hoy he hecho lo mejor que pude para [tu declaración de misión].

Refresca y nutre mi alma para que mañana despierte revitalizado y con fuerzas para continuar mi misión."

También, como parte de esta meditación, te puede resultar útil dedicar un tiempo a repasar algunas de las maneras en que hayas puesto en práctica tu declaración de misión durante el día anterior:

¿Aprovechaste todas las oportunidades para compartir tu luz con el mundo?

¿En qué aspectos has tenido éxito?

¿En qué aspectos no has alcanzado los objetivos?

¿En qué aspectos te has sorprendido a ti mismo?

¿Dónde hay aún espacio para crecer?

No importa quién seas ni dónde estés, hay una misión providencialmente dispuesta para que la cumplas. Armarte con una declaración de misión concisa, personal y significativa es una de las mejores maneras de asegurarte de no perder la oportunidad de maximizar tu contribución única a la creación. No importa si tu misión y su impacto son grandes o pequeños, visibles o invisibles. Es tuya, y nadie antes ni nadie después de ti, en toda la creación, puede hacer realidad ese conjunto particular de potenciales. Tu vida es tu jardín. Depende de ti cultivar los dones y las oportunidades con que has sido bendecido para elevar y dejar un mundo más hermoso que antes de tu llegada.