Un hombre atormentado escribió una vez al Rebe acerca de sus recurrentes sueños sobre las atrocidades en el mundo. En esos sueños, escribió el hombre, se sentía abrumado por la interminable injusticia reinante por doquier. La solución que se le presentaba en sus sueños era "ascender", es decir, quitarse la vida. Ninguna interpretación de los sueños o consejo de expertos le había ayudado a comprender el significado de los mismos. Al escribir al Rebe, lo hizo en busca de orientación sobre cómo discernir su significado más profundo.
El Rebe respondió:
"...Sin duda, el mensaje de tu sueño no es sobre las injusticias en el mundo en sentido literal. Pues tal problema está completamente fuera de tu posibilidad de rectificar. Más bien, el significado directo de tu sueño es claro: te está revelando que debes estar 'enfadado' por el hecho de que tu mundo —tu vida personal, sobre la que sí ejerces pleno control— está siendo conducida 'injustamente'.”1
Las implicaciones son profundas y suponen un cambio de paradigma para cualquiera que se esfuerce por encontrar un propósito personal en medio de los innumerables problemas del mundo.
De hecho, encontrar el propósito y el significado individual es uno de los mayores desafíos de la vida. Es tan difícil que a veces evitamos la cuestión y nos refugiamos en nuestra existencia momentánea e inmediata, ya sea el trabajo, las relaciones o nuestras pasiones.
Pero la cuestión del propósito de nuestra vida siempre nos alcanzará.
Y en este momento histórico, quienes estén dispuestos a afrontar la cuestión del propósito de su vida pueden experimentar dificultades increíbles. Gracias, en gran medida, a las tecnologías de la información, la cuestión de nuestro lugar y propósito individual en el mundo se ha vuelto excesivamente abrumadora, y se mide a escala global.
Hasta hace muy poco tiempo, la gran mayoría vivíamos y moríamos a menos de ochenta kilómetros de nuestro lugar de nacimiento. E incluso entonces, era difícil discernir el rumbo y el sentido de la propia vida. Hoy, las tecnologías móviles ponen el mundo, sus problemas y sus posibilidades en nuestras manos. El número de abonados a la banda ancha móvil registrados en todo el mundo pasó de doscientos sesenta y ocho millones de usuarios activos en 2007 a una cifra estimada de 7.300 millones de conexiones en 2023.2 Mientras tanto, una edición semanal de The New York Times contiene más información de la que una persona media podía encontrar durante toda su vida en la Inglaterra del siglo XVII.3 En 2012, se transmitieron más datos por segundo a través de Internet que los almacenados en toda la red durante los veinte años anteriores.4 A medida que nuestra percepción del mundo se dilata a un ritmo más veloz de lo que la mayoría puede seguir, la cuestión de nuestro propósito y contribución individual puede tornarse paralizante. 5 ,6
Tal situación deja al individuo típico inmovilizado y desorientado, luchando por encontrar su equilibrio.
Cada vez más, las soluciones a los sentimientos de impotencia resultantes se buscan en mitologías definidas por un heroísmo hiperbólico. Esta tendencia se refleja en la creciente popularidad mundial de los cómics y sus derivados cinematográficos. Cada vez más, estas megamitologías presentan héroes improbables que surgen de la oscuridad para salvarlo todo de una amenaza u otra. Las historias de los cómics han ampliado exponencialmente su alcance, con "tu amigo y vecino Spiderman" abandonando su vecindario para salvar todo el planeta, otros planetas, galaxias e incluso al universo entero.
Cada vez más, las mitologías emergentes nos animan a emular esas heroicidades descomunales. Se da a entender que si las estrellas se alinean y haces lo correcto con suficiente audacia, también tú puedes salvar al mundo entero de un desastre inminente. Y aunque esas historias pueden animar ocasionalmente a que surjan héroes de la vida real, con la misma frecuencia pueden hacer que nos sintamos abrumados, impotentes y disminuidos.
En este mundo de abrumadoras oportunidades y posibilidades, el Rebe enseñó reiteradamente a quienes luchaban por encontrar su misión y significado personales que comenzaran su camino preguntándose no, "¿cómo puedo cambiar el mundo?", sino "¿cómo puedo cambiar mi mundo?7
Chispas firmadas
Esta perspectiva, aparentemente pragmática, surge de la premisa metafísica más profunda de que Di-s elige una parte concreta de este mundo para que cada uno de nosotros la nutra, la impacte, la eleve y la ilumine. En el lenguaje de la Cabalá, antes de descender a este mundo, a cada alma se le asigna una porción del mundo, jelkó baolam, y se le encarga elevar "chispas" específicas en lugares específicos en momentos específicos, las cuales están intrínsecamente conectadas con nuestra alma y su misión.8
Ocultas en nuestra misión personal y en nuestra historia de vida, se encuentran orquestaciones celestiales que, sutilmente, nos van guiando hacia los lugares, las personas, los esfuerzos y las oportunidades que son responsabilidad exclusiva nuestra elevar. Dentro de la Cabalá, se dice que esas oportunidades únicas —estas chispas— están aguardando desde el mismísimo principio de la creación a que nuestras almas particulares las rediman. De hecho, los místicos enseñan que estas chispas tienen nuestros nombres inscriptos en ellas, por así decirlo, y que ninguna alma, antes o después de nuestro paso por este mundo, puede hacer el trabajo sagrado asignado y destinado a nosotros. Es aquí, habitando nuestra parte de este tapiz cósmico exquisitamente elaborado, donde descubrimos nuestro propósito en la vida. Y este principio, por modesto que parezca en su ambición, es absolutamente esencial para ayudarnos a diseñar el foco de nuestro impacto.
Aquí, algunos pueden preguntarse: "En una época de injusticia abrumadora y catástrofe mundial, ¿cómo podría alguien optar por centrar sus esfuerzos en algún lugar específico en vez de en todas partes?".
Y aquí reside una trampa potencial en la que podemos caer mientras buscamos el propósito de nuestra vida.
El Rebe habló de esto a finales de los años 60, en plena guerra de Vietnam, cuando se le acercó un capellán judío de un campus universitario preguntándole cuánto tiempo debía invertir en manifestaciones contra la guerra y por los derechos humanos. Esencialmente, quería saber del Rebe cuánto de su tiempo era demasiado si su participación en los esfuerzos contra la guerra se producía a expensas de su servicio a los estudiantes judíos, a quienes tenía la responsabilidad de servir.
El Rebe respondió:
"...Tienes la responsabilidad de beneficiar a todos los seres humanos. Al mismo tiempo, debes considerar las prioridades que te presentan tus circunstancias actuales. Si dos personas se estuvieran ahogando y una de ellas fuera un desconocido y sólo pudieras salvar a una de ellas, ¿no sería tu hermano el primero al que deberías salvar?”9
Aquí tenemos a un hombre profundamente afectado por un violento conflicto internacional que despertó la indignación mundial y manifestaciones masivas con fuerza propia atrayendo a cualquiera con conciencia. Para quienes tenían conciencia social y política, ayudar a poner fin a la guerra de Vietnam se presentaba —y muchos lo creían firmemente— como una responsabilidad moral para todo aquel que estuviera dispuesto a colaborar.
En respuesta, el Rebe volvió a centrar la atención en las circunstancias y responsabilidades personales e inmediatas del capellán, puntuadas por una serie de preguntas sumamente esclarecedoras:
"¿Cómo puedo mejorar mi entorno inmediato? ¿Cómo puedo atender mejor las necesidades y los sueños de aquellos que la Divina Providencia ha traído a mi círculo personal y a mi esfera de vida: mi familia, mis amigos, mi comunidad, mi gente?".
Este principio fundamental se basa en un pasaje esencial del Talmud:
"Si tienes que elegir entre ayudar a los necesitados de tu familia o a los necesitados de tu ciudad, los necesitados de tu familia tienen prioridad. [Si la elección es entre] los necesitados de tu ciudad y los necesitados de otra ciudad, los de tu ciudad tienen prioridad.10
Este enfoque localizado del cambio social constituye la base de la noción judía de Tikun Olam, “rectificación del mundo”. 11
Este fue el mensaje que el Rebe compartió con Janice Robertson, líder de la comunidad negra que se postulaba para el Concejo Municipal. Un domingo por la mañana, haciendo la fila en dólares de domingos, se acercó al Rebe para pedirle una bendición.
El Rebe la bendijo así:
"Al traer más paz a una parte de Nueva York, espontáneamente incrementas la medida de paz en todo Nueva York y luego en todo los Estados Unidos. Di-s Todopoderosos bendiga que haya paz en todas las naciones del mundo.12
Efecto dominó
Este modelo de influencia reverberante promovido por el Rebe —el tipo de influencia que se extiende infinitamente más allá de su punto de impacto inicial— comienza a partir de una persona que vive su propio y exclusivo propósito.
Este punto se refuerza poderosamente con una historia narrada por R. Jaim Gutnick sobre sus esfuerzos por organizar, siguiendo el consejo del Rebe, una serie de cursos para mujeres. Resultó que sólo una mujer asistió a clase semana tras semana. Un año más tarde, durante una consulta de seguimiento, el Rebe le consultó sobre el éxito de las clases. R. Gutnick contó cómo él y su esposa organizaron y promovieron el evento y trabajaron duro en su preparación. Sin embargo, a pesar de todo su empeño y dedicación, sólo una mujer asistió a los cursos, dejándole la sensación de que todo semejante esfuerzo había sido en vano.
El Rebe se puso serio y le preguntó: "¡R. Jaim, dime!, ¿¡cuántas madres tuvo Moisés!?13
El Rebe le enseñó a R. Gutnick, y por extensión a cada uno de nosotros, que nunca debemos subestimar el poder de un solo individuo. Nunca podemos saber qué impacto a largo plazo puede tener una bendición, una enseñanza, una sonrisa, una buena acción en la persona con la que interactuamos, y su efecto dominó en todas las personas con las que entra en contacto.
Este fue el mensaje ofrecido a R. Sholom Ber Lipskar, el shliaj de Bal Harbour, Florida, célebre por su oratoria y elocuencia.
"Cierto benefactor se sintió muy inspirado por nuestro trabajo y me ofreció una cantidad ilimitada de dinero para difundir 'mi' mensaje de judaísmo a través de una campaña masiva por todo el país. El Rebe rechazó la idea de plano.
"Las campañas nacionales en los medios de comunicación pueden ser bonitas, pero el verdadero impacto se produce orgánicamente, desde la base, cuando un shliaj establece una conexión real con una persona, que a su vez establece una red de conexiones con otras. Así es como se produce el verdadero cambio y el éxito.”14
El Rebe explicó este punto crucial en un conversación con un joven rabino que estaba involucrado en proyectos de divulgación así como en un negocio incipiente, y se sentía abrumado. Visitó al Rebe para discutir en cuál de las áreas debía concentrarse.
Para su sorpresa, el Rebe le respondió: "No sólo no debes reducir tus actividades, sino debes incrementar tus esfuerzos de divulgación, tu trabajo como rabino y también tus negocios."
"Me conmueve su fe en mí", exclamó el rabino, "¡pero no me parece realista trabajar en tantos proyectos a la vez!".
El Rebe le miró afectuosamente y le dijo: "Te diré cuál es tu dificultad. Estás viendo las interacciones humanas como interacciones químicas. Cuando dos elementos interactúan, dan lugar a la creación de un tercer compuesto. Pero las personas no son productos químicos. Cuando las personas interactúan es como una reacción nuclear.
"Una reacción nuclear tiene un centro, a partir del cual se propagan reacciones en cadena en todas direcciones. A medida que se incrementan los anillos exteriores de esa esfera, el número de reacciones crece exponencialmente. Del mismo modo, cuando tocas el corazón de una persona muy profundamente —aunque sólo sea por un instante—, ella a su vez tocará a muchas otras personas, desencadenando una explosión nuclear de influencia positiva." 15 ,16
Aquí podemos ver el llamado "efecto mariposa", que representa un aspecto de la teoría del caos que sugiere que en sistemas complejos como la dinámica meteorológica, incluso los más pequeños cambios pueden tener impactos tremendos y de gran alcance. Para explicar este teorema matemático, su descubridor, Edward Norton Lorenz, utilizó el poético ejemplo de cómo la trayectoria de un tornado puede verse alterada por pequeños cambios en la atmósfera, como los generados por el mero batir de alas de una mariposa.
Actuar localmente, impactar globalmente
La Torá ofrece su propio ejemplo de este efecto exponencial en la historia del José bíblico, que salió de la esclavitud para convertirse en virrey de Egipto, ganando fama internacional cuando, él solo y por sí mismo, salvó a todo el país y a sus vecinos de una hambruna devastadora y de la ruina económica.
En una alocución de 1973, el Rebe ofreció la siguiente penetrante reflexión:
Si tenemos que señalar el acontecimiento que desencadenó el espectacular y meteórico ascenso de José, desde prisionero a segundo al mando de esa superpotencia de la antigüedad, sería sin duda una conversación que tuvo lugar entre él y sus compañeros de prisión, una mañana en una oscura celda egipcia.
Al ver la desesperación reflejada en los rostros del exmayordomo y el panadero del faraón, José les preguntó con compasión: "¿Por qué están abatidos hoy?".17
Tan en sintonía estaba con el estado emocional de ellos que detectó en su abatida conducta un mayor deterioro en el día presente respecto del anterior. "¿Por qué están abatidos hoy?"
Entonces procedió a ayudarles interpretando sus sueños, su futuro y su destino. Y fue como resultado de sus acertadas predicciones que más tarde fue asignado para ayudar al Faraón a interpretar sus propios sueños.
Y el resto, como suele decirse, es historia.
José procedió a implementar un sistema que salvó a Egipto de la hambruna, transformó su economía y acabó proporcionando un pasaje seguro a su familia, que emigró a Egipto huyendo de la hambruna en Canaan.
Pero la mañana en que el destino de José cambiaría, no estaba ocupado pensando globalmente, en política, poder, fortuna o fama.
Ese día no se despertó preguntándose: "¿Cómo puedo cambiar el mundo?".
En su lugar, se preguntó: "¿Cómo puedo cambiar mi mundo, mi entorno?", que en aquel momento consistía en una prisión y dos miserables compañeros de celda.
José comprendió que el verdadero éxito se define por la calidad de tu respuesta a las necesidades de las personas que tienes ante ti y en tu capacidad para escuchar fielmente el llamado de D-s en aquellos retos que nunca buscaste y en aquellas situaciones que nunca planeaste.
Este principio se articula nuevamente en la primera escena bíblica en la que nos encontramos con Moisés, que es indiscutiblemente uno de los hombres más influyentes de la historia. Moisés no comenzó su ilustre carrera de liderazgo buscando grandeza. Su alma fue movida a la acción por una injusticia con la que tropezó y a la que decidió responder.
Como relata la Torá:
En aquellos días, Moisés creció y salió al encuentro de sus hermanos y observó su sufrimiento. Vio a un egipcio que golpeaba a uno de sus hermanos hebreos. Miró hacia un lado y hacia otro, y vio que no había ningún hombre; así que mató al egipcio y lo ocultó en la arena. 18
En otras palabras, Moisés no se levantó aquella mañana, se miró al espejo y se preguntó: "¿Cómo puedo cambiar el mundo y pasar a la historia como el hombre que puso a Egipto de rodillas y dio voz a un pueblo oprimido?".
En lugar de eso, se preguntó: "¿Cómo puedo cambiar mi mundo? ¿Cómo puedo detener las injusticias que se cometen en mi vecindario, con mi gente, con el hombre al que golpean ante mis ojos?".
En última instancia, los líderes que realmente cambian el mundo, como José y Moisés, rara vez se proponen ser figuras poderosas e influyentes. Simplemente responden al llamado del momento y de su entorno inmediato y, al hacerlo, descubren su vocación y misión personales. De este modo, el slogan popular "Piensa globalmente, actúa localmente" adquiere un nuevo y maravilloso aspecto, al demostrar la verdad espiritual, contraria a la intuición, de que quienes piensan localmente pueden, al fin de cuentas, actuar globalmente y cambiar el mundo en el proceso.
Escribe tu comentario