Al tratar de descubrir el propósito de nuestra vida, solemos buscar orientación por fuera de nosotros mismos.
Ya sea a través de maestros, gurús, terapeutas, entrenadores para la vida, instituciones educativas o tradiciones de sabiduría, la mayoría de las personas buscan orientación externa con la esperanza de dar sentido a las circunstancias presumiblemente aleatorias de sus vidas a fin de poder desarrollar su potencial latente.
Y aunque las diversas formas de guía externa desempeñan un papel en la historia de nuestras vidas, el principio de la Providencia Divina específica, tal y como lo dilucidó Rabi Israel Baal Shem Tov, establece que los mayores indicadores del propósito de nuestra vida están incrustados, y pueden ser hallados, en nuestro mundo interior, en nuestra composición, en nuestra constitución… Por lo tanto, la mayor guía para buscar y hallar nuestro propósito en la vida es nuestro propio diseño Divino.
Esta fue la filosofía fundamental expuesta por el sexto Rebe de Lubavitch, R. Iosef Itzjak Schneersohn, en una carta dirigida al joven Eliyahu Tzvi Einbinder cuando se propuso hallar su propósito en la vida:
"La Torá expone: Estos son los descendientes de Adán. [La expresión hebrea] toldot Adam, “descendencia”, también puede leerse como historia de vida: la historia de vida de una persona es un libro que uno debe estudiar. Ese libro es una guía para la vida de esa persona específica.
"Toldot adam" también puede traducirse como “nacimiento de una persona”. Aquí significa:
1. El propósito para el que esta persona vino al mundo;
2. De quién nació esta persona.
3. En qué lugar nació esta persona.
4. En qué época nació esta persona.
5. Qué tipo de formación (crianza) y educación recibió esta persona.
6. En que entorno creció esta persona.
7. Qué talentos tiene esta persona.
8. Qué rasgos naturales de carácter posee.
9. Cuáles son sus aficiones e intereses.
10. Qué tipo de Providencia Divina dirigió a esta persona hasta haber tomado su postura frente a la vida.
"En conjunto, esos diez elementos conforman la vida de una persona. Forman el libro que la persona debe estudiar y luego optar por conducirse en base a ellos en todos los aspectos, tanto en su relación con Di-s como con los demás.”.1
Esta guía de diez puntos proporciona un marco integral que te permite discernir cómo cada parte de tu mundo interior y circunstancias personales son divinamente impartidas para ayudarte a identificar y cumplir tu misión en la vida.
La regla de oro
Según los místicos, todos y cada uno de los aspectos de la creación son creados y guiados por la Mano de Di-s con alguna razón específica. Esta noción monumental es una piedra angular del pensamiento jasídico, tal y como lo presentó y dilucidó Baal Shem Tov, que provocó una revolución en la forma de pensar sobre la participación inmanente de Di-s en la creación. Este principio fundamental es lo que podríamos denominar la "Regla de Oro" de la percepción y la conciencia espirituales, en hebreo Hashgajá Pratít, que se traduce como “Providencia Divina Específica” o sincronicidad.
La Torá enseña que Di-s no sólo creó el mundo, sino continúa dirigiéndolo a lo largo de los tiempos. Por ello se hace referencia a Di-s tanto como "Creador" y como "Director" del mundo. En el Libro de Ezequiel, por ejemplo, el profeta condena apasionadamente a quienes entienden que D-os ha abandonado el mundo a su suerte y no está íntimamente implicado en su desenvolvimiento cotidiano. 2
Mantener esta visión general y de interconexión de la vida es una avodá, una labor espiritual, en sí misma. De hecho, a lo largo de la historia, hallamos numerosas ocasiones en las que esta perspectiva se ve sumergida bajo otras corrientes filosóficas que buscan limitar el alcance de la implicación del Creador en la creación. Dialécticamente, estos períodos de hester panim, oclusión de la presencia de Di-os, se ven inevitablemente reequilibrados por una erupción de conciencia mística y un renacimiento espiritual, que revela la Mano de Di-s allí donde antes era imperceptible.
En el caso de la revolución jasídica, que comenzó en el siglo XVIII, fue Rabi Baal Shem Tov quien insistió en que la Providencia de Di-s guía cada detalle de la existencia, y no sólo la vida humana. A los iluminados ojos de Baal Shem Tov, incluso una mera gota de lluvia forma parte del plan maestro de la creación.
Como lo dilucidó el sexto Rebe de Lubavitch, R. Iosef Itzjak: "Baal Shem Tov nos enseñó el significado [más profundo] del concepto Hashgajá Pratít: No sólo cada movimiento al detalle de cada cosa creada están gobernados por la Providencia de Di-s, siendo esta [Hashgajá Pratít] en realidad su fuente misma de vida, sino cada movimiento de cada creación individual tiene un lugar en la historia más grande de la creación toda.3
El delicado carácter de especificidad de la intervención de Di-s en la creación se destaca en una conmovedora historia de Baal Shem Tov. Mientras caminaba por el bosque con algunos de sus discípulos, les llamó la atención una hoja que, habiéndose desprendido de un árbol, comenzó a flotar hasta posarse frente a ellos en el sendero. Les dijo que esa hoja específica había caído de aquel árbol específico en ese específico instante, porque así había sido determinado por Di-s.
Pidió entonces a uno de sus discípulos que levantase la hoja, y entonces vieron a un simple gusano que hasta ese momento había estado sufriendo bajo el intenso sol del verano, rezando a Di-s por ayuda. La hoja que cayó fue la respuesta a las plegarias del gusano para brindarle sombra. 4
En este caso, Baal Shem Tov conecta puntos aparentemente aleatorios e inconexos de las circunstancias para revelar una impresionante constelación de actos producto de la Providencia Divina que abarcan todos los aspectos de la creación: el camino de una hoja que cae, el viento que la suelta de su rama, el gusano sobre el que cae para proteger y la caminata de los estudiantes, cuya llegada en el momento preciso presenta una oportunidad única para una demostración de la voluntad de Di-s en el mundo. Cada aspecto, guiado por Di-s, es una parte preciosa de una totalidad mayor, en la que cada uno aporta algo crucial e indispensable a la historia más amplia. Desde esta perspectiva integral, todo tiene un propósito, y cada propósito forma parte de la danza perfectamente orquestada de la creación, aun si no somos capaces de reconocerlo.
Divino por diseño
A través de esta perspectiva, el libro de tu vida emerge de los aspectos únicos de tu diseño Divino. De hecho, todos y cada uno de nosotros estamos construidos con gran precisión. No sólo ciertas partes de nosotros, sino nuestra totalidad. Incluso lo que puedes percibir como defectos e imperfecciones son, a su manera, características perfectamente imperfectas de tu existencia, porque fueron escritas en tu vida por la Mano de Di-s. Esto es cierto sin importar cuán pequeñas, simples, desconectadas o designadas al azar puedan parecer tales características a primera vista. Al mirar hacia adentro y reflexionar sobre tu constitución interna, gravitaciones naturales y disposiciones, así como tu personalidad, carácter, pasiones, dones naturales, talentos e incluso vicios y luchas, encontrarás que tienes una gran cantidad de indicadores internos que se convierten en pistas y herramientas para ayudarte a descubrir y cumplir tu propósito Divino. Esto es igualmente cierto para las diversas circunstancias, eventos, personas, lugares y desafíos que ocurren y transcurren a lo largo de tu vida.
A través de la lente caleidoscópica de la escuela del Jasidut, empezamos a ver el mundo como algo más que un lugar aleatorio de indiferencia, o como Joseph Heller lo describió: "una bolsa de coincidencias a merced del viento". Más bien, la conciencia de Hashgajá Pratít revela que el mundo y la historia son una convergencia de sutiles orquestaciones y suaves impulsos dispuestos para ayudarnos a descubrir el propósito más elevado en cada momento, acontecimiento y encuentro de nuestras vidas. Esta perspectiva, elevada y elevadora, nos revela que, de hecho, existe una trama Divina que informa nuestra historia humana, y nuestro propósito se realiza en la intersección de la Providencia Divina y la iniciativa humana.
Con esto en mente, las circunstancias de nuestra vida empiezan a brillar de una manera diferente. Al contar cómo conociste y te casaste con tu cónyuge, por ejemplo, puedes hacer hincapié en que te atrajo su sentido del humor, su belleza, su inteligencia, o señalar que se conocieron por casualidad una tarde en alguna cafetería. Y aunque todo eso pueda ser cierto, hay una verdad más profunda en las cualidades y circunstancias en que se unieron. Esa es la verdad de la Providencia Divina: que tu aprecio por los ojos azules y el buen sentido del humor, y que hayas acudido a la cafetería donde finalmente se conocerían, fueron escritos en el libro de tu vida como argumento de la historia de tu propósito Divino en desarrollo.
Cualesquiera que sean los detalles o las circunstancias, la conciencia de la Divina Providencia afirma rotundamente que ninguna parte de nosotros, ni nada de lo que nos sucede, es superficial o intrascendente. Por supuesto, siempre somos libres de elegir cómo reaccionar ante nuestras circunstancias externas y disposiciones naturales: lo que hacemos de ellas y a partir de ellas. Pero la materia prima, por así decirlo, nos fue conferida por Di-s y dispuesta por designio Divino.
Una tarea bien hecha
Las circunstancias en las que nacemos y con las que nos encontramos a lo largo de nuestra vida están predestinadas y perfectamente coordinadas y coreografiadas para crear las condiciones que nos permitan alcanzar nuestro propósito final. Como el Rebe enseña:
"Quien tiene fe en la Divina Providencia particular sabe que los pasos del hombre son establecidos por Di-s: que esta alma en particular debe purificar y rectificar algo en particular en un lugar en particular. Durante siglos, o incluso desde la creación del mundo, lo que necesita purificación o rectificación espera a que esta alma acuda y lo purifique o rectifique. También el alma, desde que existe, espera que llegue su hora para cumplir los trabajos de purificación y rectificación que (de lo Alto) le han sido asignados.”5 ,6
De hecho, para cada uno de nosotros, en algún lugar, existe una unión entre alma y circunstancias que espera nuestra intervención.
Esta fue la enseñanza que Baal Shem Tov envió por carta a su discípulo, el gran erudito R. Jaim Rapaport, quien recibió instrucciones de viajar a un lugar específico en el bosque fuera de la ciudad y estudiar allí Torá en profundidad, recitar la plegaria de la tarde y luego regresar a casa. A pesar de no conocer el propósito de esas numerosas y extrañas instrucciones, el discípulo las cumplió al pie de la letra. Así, se dirigió al bosque a estudiar. Después de estudiar un tiempo, R. Rapaport sintió mucha sed y envió a sus acompañantes en busca de agua. Mientras buscaban entre la maleza del bosque, descubrieron una fuente de agua fresca, que recolectaron para aliviar la sed del rabino. Éste, después de haber bebido, utilizó el agua restante para lavar sus manos antes de orar, tras lo cual regresaron a casa.
Poco después, el rabino visitó a Baal Shem Tov y le dijo que desde su regreso de aquel bosque, sus ojos y su corazón se abrieron al estudio de la Torá y al servicio de Di-s como nunca antes; y le agradeció a su maestro por haberlo enviado en esa misión.
Al Shabat siguiente, durante una comida a la que asistieron sus discípulos más cercanos, Baal Shem le dijo a R. Jaim: "¡Con la ayuda de Di-s, tu sagrada tarea ha resultado exitosa; en ese viaje has cumplido una misión sumamente significativa! Está escrito en el sagrado Zohar que desde que Di-s separó las aguas inferiores de las aguas superiores en el segundo día de la creación, las aguas inferiores han estado suplicando ante el Santo Rey que fuesen utilizadas con propósitos sagrados, como lavarse las manos antes de la oración, sumergirse en una mikve, o beber un trago de agua precedido y seguido de palabras de agradecimiento a su Hacedor.
”Próximo al lugar al que te he enviado, hay una fuente que ha estado clamando durante cinco mil quinientos diecinueve años, desde la creación del universo. ¿Por qué esa fuente habría de ser inferior a todas las demás fuentes del mundo? ¿Por qué se le habría de negar a sus aguas la posibilidad de elevarse? Desde que el Santo, Bendito es, la creó, nadie bendijo por sus aguas y nunca fueron utilizadas para fines sagrados. Ese día, cuando bebiste su agua y la utilizaste para purificar tus manos para la plegaria, la has elevado de nivel. Todo ello fue obra de la Divina Providencia. Toda criatura y creación tiene un tiempo para su elevación, y está predeterminado cuándo ocurrirá y a manos de quién ocurrirá. Y lo mismo con todas y cada una de las almas; cada alma tiene su momento para elevación.”7
La insistencia de que todo en el mundo es parte de la Providencia de Di-s fue una piedra angular de las enseñanzas del Rebe, y lo inspiró a reiterar constantemente la enseñanza de Baal Shem Tov de que todo lo que uno ve o escucha debe servirle como enseñanza en su servicio a Di-s.8 Como el Rebe escribió una vez, "Me he habituado a buscar la Hashgajá Pratít en toda oportunidad.”9
Reconocer la Hashgajá Pratít en cada paso de nuestras vidas abre numerosas oportunidades para vivir una vida mejor, más productiva, con propósito y optimismo. Al seguir los hilos con los que estamos entretejidos en la creación, encontramos una plenitud y un sentido de realización que ninguna otra búsqueda puede proporcionar.
No importa en qué etapa de tu vida te encuentres; desde los momentos más bajos hasta los más altos, Di-s está ahí, guiándote a ti y a todo lo que te rodea, con precisión Divina y amorosa intención. Al elegir ver la vida a través de esta lente clarificadora, estás posicionado tanto para leer como para escribir el libro de tu vida, impulsado por una corriente de gracia perpetua que te lleva a ti y a todo lo demás hacia la plenitud y la realización definitiva. De hecho, comienza exactamente donde te encuentras. Con toda probabilidad, es exactamente donde se supone que debes estar.
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