Shlaj
Enmendando el error de los espías
Estimados lectores:
Estamos atravesando uno de los momentos más críticos de la historia moderna del pueblo judío. Israel se enfrenta a sus enemigos más peligrosos. Irán bombardea a diario: hoy mismo se disparó un misil contra el hospital Soroka, en Beer Sheva, y milagrosamente no hubo heridos.
Miles de israelíes están varados en el exterior esperando regresar, mientras los que estamos aquí corremos a los refugios antibombas. Nadie duda de que este es nuestro hogar. Los judíos de todo el mundo miran con angustia y ansiedad lo que ocurre en la tierra de Israel.
El contraste con lo que leemos en la parashá de la semana, Shelaj Lejá, es muy fuerte. Los espías vieron los desafíos de la Tierra Prometida y dijeron: “No vale la pena, no vamos a poder”. El pueblo les creyó, y como consecuencia pasaron cuarenta años vagando por el desierto. Solo una minoría se mantuvo firme y dijo: “Esta es la tierra que Di-s nos prometió, vamos a seguir adelante”.
Hoy vivimos exactamente lo opuesto. La gran mayoría del pueblo judío, tanto en Israel como en la diáspora, entiende perfectamente los desafíos de vivir en esta tierra, pero nadie duda de que es nuestra. Sabemos que es la tierra que Hashem nos prometió, y que no tenemos otra. A pesar de las amenazas de los "gigantes", no nos intimidan.
Estamos convencidos de que estas son las últimas pruebas antes de entrar en una era de paz y prosperidad en nuestra tierra, el comienzo de una etapa mesiánica.
¡Shabat Shalom!
Rabino Eli Levy
Moshe envía doce espías a la Tierra de Canáan. Estos vuelven cuarenta días después, cargando un enorme racimo de uvas...
¿Por qué el castigo al Pueblo de Israel fue 40 años de espera en el desierto? ¿Qué tan grave fue lo que hicieron? Analicemos brevemente lo sucedido
Moisés mandó como representantes del pueblo judío a los príncipes de las doce tribus, y les pidió que vieran cómo estaba la tierra y el pueblo que la habitaba: ¿Era fuerte o débil? ¿Poco o muy numeroso? ¿Era la tierra que habitaban buena o mala? ¿Eran las ciudades fortificadas o abiertas? ¿Era la tierra fértil o infértil? ¿Tenía algún árbol o no? Finalmente les pidió que trajeran muestras de las frutas de la tierra.
Aunque el judaísmo no ofrece explicaciones para la tragedia, sí tiene una respuesta.
El antisemitismo se alimenta no del odio a los judíos, sino del mensaje y la moralidad del judaísmo. La asimilación, entonces, es parte del problema, no la solución.
La misma Torá que nos ordena no asesinar, subraya la importancia vital de proteger las vidas de los inocentes y nos guía sobre cómo y cuándo luchar en las guerras.
Aquí estoy, intentando aferrarme a la normalidad, entre sirenas.