Todo el mundo quiere libertad. Es una necesidad humana básica. De hecho, hasta los animales buscan cierta libertad, y se nota que sufren cuando no la tienen.
Pero... ¿qué es realmente la libertad? Mucha gente pasa su vida entera buscando eso que llaman “libertad”, hasta que, en algún momento, se dan cuenta de que quizás estuvieron persiguiendo una ilusión.
La parashá de esta semana nos da una pista sobre qué significa verdaderamente ser libres. Y tal vez nos desafíe a replantearnos algunas creencias.
“Pues los israelitas son Mis sirvientes. Yo los saqué de Egipto...”
(Vaikrá 25:55)
Entonces… ¿somos libres o somos sirvientes? El texto hebreo usa una palabra que también puede traducirse como “esclavos”. ¿Eso no es contradictorio? ¿Ese es nuestro destino?
¿Sirvientes? ¿Esclavos?
Desde la perspectiva de la Torá, lo más elevado no es la independencia total, sino la conexión con D-os. Ser “sirviente” de D-os no implica sometimiento ciego, sino libertad profunda. Porque Él es eterno, infinito, sin límites. Y al vincularnos con Él, superamos nuestras propias limitaciones.
Cuanto más cercana sea nuestra conexión con D-os, más cerca estaremos de la verdadera libertad. Al servir a D-os con conciencia y amor, no nos volvemos esclavos, sino almas que eligen alinearse con su voluntad. Eso nos da una libertad mucho más real que simplemente “hacer lo que uno quiere”.
¿Libres… incluso en el gueto?
Esta idea se ilustra con un episodio real de la Shoá. En 1941, 30.000 judíos fueron llevados por los nazis al gueto de Kovno, en Lituania. Allí fueron tratados peor que esclavos. Golpeados, torturados, asesinados. Sin embargo, las sinagogas seguían funcionando, y los rezos matutinos continuaban.
Una mañana, un judío encargado de dirigir la tefilá llegó a la bendición “Bendito eres Tú, D-os… que no me has hecho esclavo.” Se detuvo y, con el corazón destrozado, gritó:
“¿Cómo puedo decir esto? ¡Somos esclavos!”
El silencio se apoderó del lugar. Todos sabían que no eran libres. Pero entonces, otro judío se levantó y respondió:
“Sí, estamos esclavizados por los alemanes. Pero eso no cambia que nuestra alma sigue siendo libre. Nadie puede esclavizar el alma de un judío.”
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