La palabra para designar “mundo” en inglés, world, es una combinación de dos palabras del inglés antiguo, wer old, que significa “la era del hombre”. La palabra hebrea para mundo, olam, por otro lado, significa oculto (helem),1 aludiendo al ocultamiento de Di-s en la creación.
El primero expresa una cosmovisión antropocéntrica, definiendo el mundo por su relación con la humanidad; el otro propone una cosmovisión teocéntrica, definiendo el mundo en base a su relación con Di-s.
Desde la perspectiva judía, el mundo no es simplemente un mero escenario para la historia humana, sino el teatro donde se despliega el misterio Divino.2
Según el misticismo judío, la realidad física tal como la conocemos es una ilusión.3 La materia no es meramente física; todo está vivo y en resonancia, conectado a través de una vibrante red de energía. Nuestra idea tradicional de que la realidad material es inanimada no refleja su auténtica naturaleza y origen.
La Cabalá4 describe el proceso de la creación como una serie de cortinas que bloquean nuestra vista de la luz infinita unificadora que permea el universo. En consecuencia, en lugar de experimentar la fuerza Divina singular que anima toda la existencia, vemos infinidad de fragmentos dispares que carecen de toda cohesión o conexión revelada. Esta apariencia de fragmentación fue intencionalmente diseñada en el plan Divino. Di-s creó el mundo de tal manera porque Él quiere que seamos sus socios en correr las cortinas del ocultamiento y abrir las puertas de la percepción para descubrir Su Presencia Infinita aquí, en nuestra realidad terrenal, revelando la unidad subyacente dentro de toda la creación.5
Abraham fue el primero6 en perforar el velo de la existencia,7 en cuestionar los orígenes del universo y, en última instancia, en descubrir a Di-s, único y verdadero. En el libro de Génesis, antes de que Abraham promoviera la presencia de Di-s en el mundo, Di-s es referido como el Di-s de los cielos,8 porque la humanidad no reconocía aún al Divino autor de la creación. Solo después de que Abraham promulgara la idea de que el mundo es, en esencia, una manifestación de Di-s oculto, solo entonces Di-s es llamado9 Di-s de los cielos y de la tierra10
El Talmud11 expone que, el viernes por la noche, quienquiera que recite los versículos que describen la finalización de la creación y el cese de trabajo de Di-s en Shabat se considera socio del Supremo en la creación del universo. ¿Pero, acaso recitar unos pocos versículos es suficiente para ser considerado socio colaborador en un proyecto de máxima envergadura como la creación? Desde el punto de vista judío, la creación está inconclusa y no cumple su propósito hasta que la humanidad reconoce el papel creativo de Di-s y Su presencia constante en el universo. Nuestro reconocimiento consciente de que el mundo fue creado por Di-s es, por lo tanto, la realización de su propósito previsto. Tal reconocimiento intencional de nuestra parte nos convierte en socios de la creación a pleno derecho.12
Curiosamente, la plegaría del Shemá, que se inscribe en los rollos de Torá, Tefilín y Mezuzá, y consta de seis palabras, incluye dos letras de mayor tamaño, ayin y dalet. Estas dos letras se destacan gráficamente de las demás, formando una séptima palabra, ed (testigo).13 Esta palabra oculta, revelada a través de la mano del escriba para los ojos del lector y los oídos del recitador, resalta el papel testimonial que desempeñamos en la creación cuando recitamos el Shemá.
En pocas palabras: la creación es como el juego de las escondidas en que la Presencia y la Providencia de Di-s se ocultan dentro del mundo. La ocultación de Su presencia es necesaria para crear las condiciones óptimas dentro de las cuales pueda existir y expresarse el libre albedrío. Este ocultamiento intencional cobra sentido al considerar que, si la auténtica naturaleza Divina de la realidad fuera obvia para todos, quedaríamos abrumados por Su presencia y perderíamos nuestra capacidad de actuar libre e independientemente. Solo porque la presencia de Di-s está oculta para nosotros es que podemos elegir ver este mundo como mundano o milagroso, como secular o sagrado.
En consecuencia, gran parte de la práctica judía está diseñada para ayudarnos a encontrar y reconocer la Presencia Divina en este mundo. Por ejemplo, debemos recitar una bendición sobre los alimentos antes de ingerirlos, para reconocer que lo que estamos a punto de disfrutar proviene de Di-s. Por ejemplo, la bendición que recitamos por un vaso de agua, es “Bendito eres Tú, Señor, nuestro Di-s, Rey del universo, por cuya palabra todo fue creado”.14 Al pronunciar esta bendición con intención consciente reconocemos, en ese simple vaso de agua, que el universo todo es creación de Di-s. Tal como el dictado poético de William Blake de “ver un mundo en un grano de arena”, nuestros Sabios nos instruyen a encontrar a Di-s en un vaso de agua.
El judaísmo enseña que nuestra misión en la vida es reconocer la presencia de Di-s en todas partes y en todo, como señala el versículo,15 Conócelo en todos tus caminos.
Al igual que un rompecabezas compuesto de piezas aparentemente dispares, este mundo, a menudo, parece desconectado y sin propósito. La tarea de la humanidad es reunir las piezas del rompecabezas de la vida, revelando la imagen más grande y el diseño Divino en el corazón de la existencia.
Este es el significado más profundo detrás de la oración más esencial del judaísmo, el Shemá: Escucha, Israel, el Señor, nuestro Di-s, el Señor es Uno.16 Esto no quiere decir que Di-s es el único poder por sobre todo; ¡más bien significa que Di-s es el único poder dentro de todo!17
Es precisamente esta unidad subyacente la que la multiplicidad del mundo viene a ocultar. Nuestra tarea encomendada por Di-s es, por lo tanto, ver a través de la fachada divisoria del mundo y revelar la interconexión y la unidad dentro de toda la creación.
El Concepto
Di-s creó este mundo como Su lugar de ocultamiento. El propósito de la humanidad es “descubrir Su escondrijo” revelando Su presencia infinita dentro de todo.
Sucedió Una Vez
Cierta vez, el hijo de Rabi DovBer, el Maguid (Predicador) de Mezritch, corrió hacia él llorando. El Maguid lo reconfortó y le preguntó el motivo de su llanto.
El niño le explicó que había estado jugando a las escondidas con sus amigos. Como indican las reglas del juego, todos se ocultaron confiando en no ser hallados. Así pasó mucho tiempo hasta que, cansados de esperar, salieron de sus escondites y descubrieron que el que debía buscarlos ni siquiera estaba allí. ¡Les había jugado una broma, y así, después de haberse todos ocultado, él se fue a su casa.
Cuando el Maguid escuchó esta historia, también él derramó lágrimas. Cuando su hijo le preguntó el motivo, el Maguid le respondió:
“Di-s tiene el mismo relamo: Expone el versículo:18 ‘Tú eres Di-s que se oculta’. Di-s dice: ‘Me oculto de ti, pero el propósito de Mi ocultamiento es para incentivarte a que Me busques. Pero a veces, Mis hijos, en su preocupación por la existencia material, dejan de buscarme, olvidando así el mismísimo propósito de la creación...’.”19
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