Un antiguo Midrash (decorado):

Lleno de dolor y culpa, Adam cruzó los portales del Jardín del Edén, cabizbajo, y los pies pesados de remordimiento y dolor.

De pronto se detuvo. Lo había invadido un pensamiento.

Dio media vuelta, miró a lo alto y exclamó:

"Todo estaba planeado! ¡Ese fruto fue puesto en el Jardín sabiendo que yo lo comería! ¡Esto es un complot!

"Y lo puedo demostrar: En la Torá, que compusiste antes de que el mundo fuese creado, escribiste: "Así se debe hacer cuando un hombre muere...".

"¡o sea que ya tenías planeado que hubiera muerte en el mundo! ¡Sólo querías que fuese por mi culpa!".

El Midrash no registra ninguna respuesta al grito de Adam. Sólo silencio.

D-os vio la magnificencia del alma humana y preguntó:

— ¿De qué modo habrá de realizarse toda esta grandeza?

Y así, concedió al hombre libre albedrío para elegir sus propias victorias o sus propios errores.

Sin fracasos, el hombre jamás llegaría a lo profundo de su alma. Sólo al fracasar puede emprender el regreso y alcanzar cada vez mayores alturas, sin fin, Más allá del Edén.