Un tema subyacente a lo largo de la correspondencia del Rebe es el intento de expandir la autopercepción de las personas, ayudarles a verse a sí mismas como una parte indispensable de algo más grande que ellas mismas, inspirarlas a reconocer cómo dentro de sus propias vidas, circunstancias y talentos se encuentra una oportunidad –y responsabilidad– para cumplir un propósito único1 .

Al joven adulto rebelde que recién está trazando su camino en el mundo, le explicaba que su energía antagonista juvenil es una fuerza poderosa por única vez en la vida y que puede ¡y debe! aprovechar para bien 2 .

Al empresario, le explicaba cómo puede hacer que su trabajo sea significativo encontrando oportunidades para brindar ayuda espiritual y material a sus colegas y dando caridad con sus ganancias 3 .

A la progenitora que se queda en casa, le explicaba cómo la huella de los primeros días de la infancia tiene un impacto a largo plazo en el futuro adulto y cómo Di-s le ha confiado la extraordinaria tarea de nutrir y educar a este niño, formando así a innumerables generaciones futuras 4 .

A los jubilados les explicaba cómo el alivio de las presiones laborales proporciona la oportunidad de estudiar y ofrecerse voluntarios a un nivel completamente nuevo, y los alentaba a compartir con las generaciones más jóvenes la sabiduría de vida que tanto les costó ganar 5 .

A todo tipo de personas, en cada etapa de la vida, trataba de impartir el reconocimiento de que su posición específica ofrece un marco especial para cumplir su propósito designado. A continuación, tres ejemplos.

Marcia Greensite creció en San Diego, California. Después de completar su licenciatura en psicología en la Universidad de San Diego en California (UCSD), aceptó un trabajo como asistente de investigación que estudia el autismo en el Instituto Neuropsiquiátrico de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), mientras estaba activa después del horario laboral en la Casa Jabad local (un centro para todas las necesidades judías). En cierto momento decidió escribirle al Rebe.

“Comencé”, recordó Greensite, “escribiendo cuántos años tenía y qué estaba haciendo. Mi empleo secular, escribí, era en la UCLA, y luego continué diciendo que consideraba mis actividades en la Casa Jabad como mi verdadero trabajo. En ese momento, mi pasión radicaba en mi trabajo en la Casa Jabad, y consideraba mi trabajo de investigación en el Instituto como meramente un empleo.

“Donde yo había escrito ‘mi empleo secular’, el Rebe tachó secular, dejando ‘mi empleo’, y explicó en el margen, ‘cuyo propósito es el bienestar emocional y la curación de niños’. Claramente, lo vio no como una mera ocupación mundana, sino como una misión Divina”.

Hoy en día, Greensite es la directora ejecutiva de una agencia de terapia conductual que atiende a más de cien niños con necesidades especiales, así como una terapeuta familiar con el foco puesto en adolescentes. “Trabajar con niños se convirtió en la obra de mi vida”, dice Greensite, “así que el mensaje del Rebe significa mucho para mí” 6 .

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Baruj Najshon nació en 1939 en Haifa, Mandato Británico de Palestina, en el seno de una familia judía tradicional de inmigrantes europeos. De alma artística, individualista y algunos dirían excéntrica, comenzó a dibujar a una edad temprana. (Le dio el crédito por descubrir su talento a su maestra de jardín de infantes; ella explicó simplemente: “si yo quería silencio en clase, tenía que darle un pincel a este niño”).

De adolescente no le iba bien dentro de la rígida estructura escolar y a menudo vagaba por los campos y colinas cercanas. “Las clases eran asfixiantes”, recordó. “Su único factor redentor fue que hicieron que mi mente vagara”. Para su servicio militar, pastoreaba rebaños para el ejército.

Si bien sus estudios académicos se sintieron fríos y poco interesantes, hizo avances significativos en sus aspiraciones artísticas. Estudió con Shlomó Nerani, un alumno del artista postimpresionista Paul Cézanne, y solía observarlo trabajar durante largas horas. Se hicieron cercanos, y Nerani consideró a Najshon su heredero artístico. Sin embargo, junto con su crecimiento artístico, un oscuro vacío interior carcomía a Najshon, y lidiaba con la depresión.

En algún momento, se encontró con las enseñanzas de los maestros jasídicos, y algo allí lo conmovió.

“Cuando mi futura esposa expresó interés en casarse conmigo, le dije que debía entender por dónde andaba. No quería tener hijos; no quería una familia; no tenía ganas de nada. Todo me parecía negro. Lo único que quería era viajar a Nueva York e ir a ver al Rebe. Sentí que era un hombre sincero en medio de este vacío mundo de falsedad. Si ella estaba dispuesta a casarse con alguien así, yo también lo estaba. Sorprendentemente, ella estuvo de acuerdo”.

La pareja de recién casados ahorró todo el dinero que pudo, y en 1964 partieron en un agotador viaje de dos semanas en barco a los Estados Unidos. Poco después de llegar, Najshon tuvo una audiencia privada con el Rebe que duró tres horas.

“Yo hablé la mayor parte del tiempo, abriendo todos los pensamientos oscuros y dudas que me perturbaban, mientras el Rebe escuchaba con atención. A medida que pasaban los minutos, sentí que me estaban levantando de todo el fango y la oscuridad, que me estaban liberando de mi Egipto personal que me había estado esclavizando durante tanto tiempo. Lentamente me sentía entero de nuevo.

“En un momento de la reunión, dije que debido a toda la agitación interior por la que había pasado en la vida, me costaba estar alegre. El Rebe propuso un trato: cuando sintiera la necesidad, podía sonreírle y él me devolvería la sonrisa. Y eso es lo que solía hacer yo. Cuando me sentía deprimido, me paraba cerca de la oficina del Rebe cuando tenía programado irse, y yo sonreía. Siempre me respondía con su propia enorme sonrisa que a su vez resucitaba mi espíritu.

“Al final de mi audiencia, el Rebe me dijo algo que me acompañó toda la vida: ‘El talento del arte ha sido mal utilizado muy a menudo; es tu tarea elevarlo’. Luego me aconsejó que me quedara en Nueva York durante un año o dos, explicando que allí había buenos profesores de arte y que esto me permitiría perfeccionar mi talento. Salí del estudio del Rebe como un hombre diferente”.

Las siguientes líneas, que dominan una página en el alborotado cuaderno de dibujos, bocetos y cavilaciones que Najshon mantuvo unos años después de esta audiencia, parecen expresar su giro existencial:

A fin de cuentas, ¡todo es bastante aburrido! Si no hay nada, hay que crearlo.
Esto es todo. Firmado, Baruj Najshon

Después de unos años de estudio en los Estados Unidos, Najshon y su esposa regresaron a Israel. Pasó el resto de su vida dibujando vivaces pinturas sobre el anhelo del alma por la conexión Divina, llevando a colores vivos algunas de las enseñanzas fundamentales de la Torá y la Cabalá. De vez en cuando, después de pasar tiempo con sus muchos hijos y nietos, se levantaba y se dirigía a su atelier. Haciéndose eco de las palabras que le dijera el Rebe, explicaba con una sonrisa: “Lamento haberlos dejado; debo hacer cierta ‘elevación’” 7 .

(Escuché esta historia de primera mano de Najshon en su casa, dos años antes de su muerte).

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Avraham Zigman, quien se desempeñó durante décadas como editor de musicales de radio y presentador de programas, rememoró lo siguiente de su propio encuentro con el Rebe.

“Durante mi audiencia, el Rebe me habló sobre los mejores usos para los talentos dados por Di-s. Si alguien tiene un determinado talento, no importa cuál sea su campo de empeño, debe usarlo para difundir la luz de la Torá. Si no lo hace, está dañando la Creación. ¿Por qué? Porque Di-s le confió que utilizara sus talentos y fortalezas para hacer el bien en este mundo.

“El Rebe pasó a abordar específicamente el medio radial. Explicó que las ondas de radio son especialmente poderosas porque penetran puertas cerradas y lugares que normalmente son difíciles de alcanzar. Agregó que quienes trabajan en la radio deben ser especialmente cuidadosos. Nunca debemos herir a otros por este medio insultando o calumniando a las personas, o incluso simplemente hablando mal de los demás. Debemos vigilar cuidadosamente lo que sale de nuestra boca y mantener nuestro lenguaje limpio de palabras groseras u obscenas.

“Me tomé muy en serio su mensaje. Sabía bien que muchas de las canciones que pasábamos por la radio usaban un lenguaje grosero, malas palabras y un estilo de expresión que no era apropiado. Por lo tanto, alguien como yo, que tomaba decisiones sobre lo que íbamos a transmitir, debe tener cuidado de elegir solo aquellas canciones que estuvieran limpias. Y desde que el Rebe trajo esto a mi atención, he seguido su orientación en este sentido” 8 .