El verdadero fracaso de Caín fue que no aprendió de la respuesta positiva de Di-s a Abel, quien había ofrendado de sus mejores animales. Si Caín hubiese presentado una segunda ofrenda, esta vez de lo mejor de su cosecha, Di-s lo hubiera perdonado y la hubiese aceptado. Aquí Di-s intentó enseñarle que si una persona aprende de sus errores, puede comenzar de nuevo. Sin embargo, Caín rechazó admitir su error. Convencido de la rectitud de su acción, sintió que si Abel era eliminado, su propio punto de vista necesariamente prevalecería.
Nuestro desafío, también, es aprender de nuestros errores en vez de rechazar tercamente admitirlos e incluso racionalizarlos. Al aprender de nuestros fracasos, podemos transformar a cada uno de ellos en un ímpetu para un mayor crecimiento espiritual.1

Si no fuera por Rashi yo abandonaría estas lecturas. Aquí lo que llama la atención es que tanto Adan como sus hijos pueden hablar con el Señor. El Señor acepta o rechaza ofrendas. Y quien es este Señor que rechaza, acepta y/o maldice? Pues el que permite que prosperes y tal como la letanía mafiosa lo enseña: tú no sabes quien soy yo. En mi fuero interno etiqueto esto como un vano intento de aceptar una voz que sale del deseo de tener poder espiritual sobre las personas: No matarás a tu hermano porque te maldeciré. Pero es El-No-Sabes-Quien el que se hace responsable de tu infortunio; igual lo hacen los terroristas cuando se responsabilizan de sus actos.
Acepto la idea de Rashi: El pecado que yace a la entrada de mi tumba, lo juzgo y si así lo deseo, lo domino.