Muchos consideran pesada, mezquina incluso, la obsesión del judaísmo por los detalles menores de las conductas humanas. Es desconcertante pensar que un Di-s infinito se preocupe tanto por aspectos tan triviales de nuestra vida privada, como si encendemos las luces en Shabat o si nos place disfrutar de una hamburguesa con queso. Sin embargo, la Torá, tal como la interpreta el Talmud, está colmada de mandamientos Divinos que afectan cada momento de nuestro día, desde cómo nos despertamos hasta qué zapato nos calzamos primero.

Curiosamente, la palabra hebrea mitzvá, que comúnmente se traduce como “mandamiento”, está relacionada con la palabra aramea tzavta, “unión”.1 A la luz de esto, en lugar de verlos simplemente como normas dictadas por un rey a sus súbditos, las mitzvot adquieren una connotación más íntima, incluso romántica. No solo son actos de ley, sino ante todo actos de amor que nuestro Amado nos revela como invitación a una relación más profunda.

Reflejando la noción de que las mitzvot son actos de amor Divino, las bendiciones que recitamos previo a cumplir las mitzvot comienzan con las palabras: “[Bendito eres Tú, Eterno, nuestro Di-s, Rey del universo] Que nos ha santificado (kideshanu) a través de Sus mitzvot, y nos ha instruido... (aquí la bendición incluye l mención de la mitzvá específica a realizar)”.

Notablemente, el Tania2 señala que la palabra hebrea kideshanu puede significar tanto “santificado” como “desposado”.3 Esto significa que cada vez que realizamos una mitzvá, ¡damos gracias a Di-s no solo por “santificarnos a través de Sus mandamientos” sino por desposarnos a través de Sus mandamientos!

El Tania continúa: “...como un hombre que desposa a una mujer para unirse (a ella) en unión perfecta, como está escrito:4 Y se unirá a su mujer y serán una sola carne. Exactamente igual, e incluso infinitamente más allá, es la unión del alma Divina consagrada a la Torá y a los mandamientos... con la luz del Ein Sof (Infinito). Es por esto que el rey Salomón, en el Cantar de los Cantares, compara esta unión [con Di-s, a través de las mitzvot] con la unión de novio y novia...”.

Al igual que el deseo de un cónyuge de que le prepararen su plato favorito de un modo particular, o de lucir cierta joya en un acontecimiento especial, las mitzvot son expresión de los deseos más íntimos de Di-s. Y nuestro atento cumplimiento de cada detalle es, por tanto, expresión de nuestro deseo de estar en una relación de intimidad con Él.

Desde un punto de vista netamente filosófico, como seres finitos que somos, no deberíamos tener medios disponibles para involucrarnos significativamente con un Di-s infinito, y mucho menos para lograr algún grado de intimidad con Él. Desde un punto de vista puramente racional, la distancia entre el Creador y la creación es insalvable.

Sin embargo, Di-s eligió invitarnos a una relación, lo cual es lo que torna posible esta conexión. Así, por medio de nuestros actos inspirados, infundidos con atención amorosa y atendiendo todos los aspectos del deseo de nuestro Divino amado, logramos atravesar aquel abismo cósmico.

Al elegirnos como receptores de Su amor y poner Su corazón en nuestros gestos finitos de afecto, Di-s se hace vulnerable, por así decirlo, aguardando la expresión de nuestra devoción.

Sin embargo, esto presenta una paradoja, porque, en última instancia, Di-s no nos necesita ni a nosotros ni a las mitzvot que nosotros realicemos.

Por definición, Di-s es omnipotente, y como tal no tiene carencia ni dependencia alguna, como señala el versículo:5 Si eres virtuoso, ¿qué le aportas a Él? ¿Qué recibe Él de tu mano? Di-s no creó a la humanidad porque necesita o busca obtener algo de nosotros, sino, por el contrario, por Su infinita bondad hacia nosotros.

En toda relación, la capacidad de expresar el propio amor y contribuir significativamente a la relación es gratificante y dignificante. Sin posibilidad de reciprocidad o sentido de responsabilidad, simplemente no es posible un amor maduro y mutuo.

Las mitzvot fueron diseñadas con amor para, al momento en que las observamos, sean el medio por el cual transmitimos concretamente nuestro amor, participando de manera activa en nuestra relación con Di-s.

Esto debería cambiar nuestra perspectiva sobre las mitzvot (mandamientos).

Las mitzvot no son la forma que tiene Di-s de dictar cada una de nuestras acciones o reducir nuestro sentido de agencia y poder. ¡Todo lo contrario! Las mitzvot son los caminos que nos brinda Di-s para que entremos en una conexión más profunda y eterna con lo Divino. A través de su observancia, reforzamos nuestro sentido de propósito e impacto, ya que nuestras acciones finitas adquieren ramificaciones y reverberancias cósmicas.

Vistos desde esta perspectiva, como cumplimiento activo de los deseos de Di-s, los tecnicismos aparentemente menores y los pequeños matices de las mitzvot ya no son triviales, sino nada menos que las llaves del corazón de Di-s.

El Concepto

Las mitzvot no son mandamientos restrictivos que tenemos que hacer; más bien, son actos de conexión espiritual que tenemos el privilegio de hacer.

Sucedió Una Vez6

El Sr. David Stauber y su esposa acudieron una vez a una audiencia privada con el Rebe de Lubavitch. Él fue como mero observador, sin ninguna pregunta en particular, pero ante una sugerencia previa, escribió un interrogante que desde siempre le perturbaba: “Si Di-s es tan grande, ¿por qué insiste en todos estos diminutos detalles? Parecería molestarle a Di-s si nos salteamos alguno”.

En el transcurso del encuentro, el Rebe se dirigió a él: “No comprendo tu pregunta”. Pensando erróneamente que el Rebe no comprendió la nota que él había escrito, procedió a traducirla al yiddish. El Rebe levantó la mano para detenerlo y explicó: “No es por Di-s; es por nosotros. Di-s quiere que estemos cercanos a él, y este es el camino que Él nos ofrece.

“Esencialmente está diciendo: ‘Si sigues este camino, me hallarás’, en vez de ‘si no sigues este camino, te castigaré’. Todo lo contrario: ‘Quiero que te acerques. Aquí te estoy ofreciendo un camino a través del cual puedas hallar esta proximidad, esta cercanía’.”

“Fue un pensamiento muy radical para mí”, recuerda David. “Nunca había visto el judaísmo desde esa perspectiva. Para mí, el judaísmo siempre se había centrado en lo prohibido, siempre había parecido decir que Di-s pretende sumisión, no amor, que debo ajustar mi conducta para evitar la ira y el castigo Divinos. Nunca lo había visto de manera positiva: que simplemente Di-s nos ama y quiere que nos acerquemos a Él.

“Eso realmente me intrigó; me cautivó. Me sentí como si estuviera en una habitación oscura y alguien hubiera encendido la luz”.