El Rabino Moshe Hecht, sheliaj (emisario) en New Haven, Connecticut, cierta vez pidió al Rebe una bendición antes de viajar de vacaciones a Israel. El Rebe respondió: "Tengo entendido que hay una residencia de ancianos en Hungría con varios ancianos judíos, y no hay servicio de comida kosher allí. ¿Puede usted viajar a Israel vía Hungría y aplicar su elocuencia para convencer al dueño de ofrecer una opción kosher a los residentes judíos?".
R. Hecht bromearía más tarde: "Es una mala idea decirle al Rebe que sales de vacaciones.”1
Detrás de la observación irónica de R. Hecht se oculta una profunda visión de la perspectiva del Rebe sobre el propósito Divino y el potencial presente en cada paso de los muchos viajes y destinos de la vida. En el capítulo anterior hemos visto que los diversos contratiempos y desvíos de la vida son orquestaciones Divinas, dispuestas para ayudarnos a descubrir un significado oculto y un propósito más profundo en medio de las circunstancias de nuestras vidas.
Y lo que es cierto para los desvíos inesperados es igualmente cierto para todos los viajes, incluso aquellos que podemos definir como "tiempo libre". Desde la perspectiva del Rebe, no hay tal cosa como tomarnos vacaciones de nuestro propósito en la vida. Cada uno de nuestros viajes, ya sea por negocios o por placer, conlleva una invitación Divina a elevar nuestros viajes y destinos. De hecho, en un encuentro tras otro, encontramos al Rebe alentando a la gente a reconocer la oportunidad que espera en cada estación y a seguir la fuerza de atracción Divina que gentilmente nos atrae a lugares específicos en aras de revelar allí la Presencia y Providencia de Di-s.
La ley de la atracción
Como lo explicó el quinto Rebe de Lubavitch, R. Shalom DovBer, conocido como Rebe Rashab, una persona a veces se siente atraída hacia un lugar específico. Quizás no sepa por qué quiere ir allí, pero sin embargo se siente atraído. ¿Cuál es la fuente de esta motivación? El Rebe Rashab explica que el deseo de ir a ese lugar es el resultado de una fuerza providencial que lo impulsa a uno a cumplir una misión allí. 2
Como manifestó el Rebe cierta vez a un viajero de negocios:
"Baal Shem Tov enseña que cuando un judío viaja a un lugar determinado, no lo hace por su propia voluntad. Más bien, Di-s, Quien establece (y orienta) los pasos del hombre lo ha enviado allí. Si sólo se tratara de una cuestión de sustento, Di-s bien podría concedértelo sin que tuvieses necesidad de desplazarte a otro lugar. Pero como Él desea que ilumines ese lugar y lleves allí el reconocimiento del nombre de Di-s, te envía a cumplirlo y guía tus pasos hacia allí para que Él pueda 'deleitarse en tu camino' a medida que avanzas por la senda que Él desea.”3
Esa enseñanza nos invita a reconocer y abrazar esta dinámica providencial. Y al hacerlo podemos llevar a cabo nuestras misiones “fuera de agenda” con mayor eficacia y nos abre a momentos imprevistos de valiosa coincidencia, los cuales nos permiten lograr más de lo que jamás hubiéramos imaginado.
Un tiempo de actividad muy necesario
A punto de tomarse una bien merecida licencia, R. Benjamin Blech, rabino de Young Israel en Oceanside, fue redirigido por el Rebe hacia las sagradas e inesperadas oportunidades que le aguardaban durante su “tiempo libre”.
"En ese momento me estaba tomando una licencia de mi púlpito y de mis responsabilidades docentes porque quería escribir un libro", recordó Blech en una entrevista. "Sin embargo, antes de que pudiera embarcarme en ese proyecto, recibí una llamada del secretario del Rebe, R. Yehuda Leib Groner.”4
"He escuchado que te tomas una licencia", dijo R. Groner. "El Rebe quiere verte".
Al no tener ninguna relación personal con el Rebe, R. Blech no podía entender por qué este líder judío mundial lo convocaba a un encuentro.
En la reunión, el Rebe explicó que quería que el R. Blech y su esposa visitasen una serie de lugares en el Lejano Oriente donde los judíos necesitaban conexión y alimento espiritual.5 Lo que fuera programado para ser un tiempo de descanso y rejuvenecimiento de las extenuantes demandas de su rol comunitario, rápidamente se transformó en una misión de tres meses a comunidades judías en Australia, Nueva Zelanda, Singapur, Bangkok, Hong Kong y Tokio. R. Blech aceptó la misión del Rebe, y quedó asombrado por los numerosos actos de la Divina Providencia que halló a lo largo del camino, y los muchos judíos que inspiró a recurrir o retornar a una vida de compromiso con el judaísmo.
"Al regreso de mi viaje...me reuní nuevamente con el Rebe y me felicitó por lo que había logrado”, recordó R. Blech. Me dijo: ‘Estoy muy contento con lo que has hecho, y quiero decirte algo: lo sepas o no, eres un Jasid camuflado’.”6
La inesperada oportunidad y éxito que halló R. Blech en su tiempo de licencia nos recuerdan la suprema importancia de impregnar cada paso que damos con propósito e intención Divinos. Normalmente, dividimos nuestras vidas en momentos y esfuerzos sagrados, significativos, productivos y que son parte del propósito de nuestras vidas, y otros momentos y esfuerzos que sirven para apoyar esos momentos o para darnos un respiro de las, a veces, pesadas exigencias de la vida cotidiana. Desde esta perspectiva, tendemos a compartimentar nuestras vidas en diferentes categorías: ocio vs. actividad, incidental vs. intencional, vano vs. significativo, secular vs. sagrado, etcétera.
Pero desde el punto de vista del Rebe, no existen los "tiempos muertos". Más bien, debemos esforzarnos por ver cada momento de nuestras vidas como "tiempo de actividad", dedicado a la elevación de la creación.
A las puertas
Tras sobrevivir a los horrores de los campos de concentración nazis y emigrar a Montreal (Canadá), R. Nissen Mangel se matriculó en la yeshivá local de Lubavitch, donde estudió diligentemente mientras solicitaba la ciudadanía. Cuando finalmente le fue concedida, lo cual le permitió viajar al extranjero, rápidamente hizo los arreglos para viajar a la sede de Jabad en Brooklyn, donde esperaba conocer al Rebe. Después de su primer farbrenguen en 770, R. Mangel tuvo una audiencia privada con el Rebe, quien le preguntó acerca de sus estudios y aspiraciones antes de que la conversación se centrara en su viaje de regreso.
Mangel mencionó que, como no podía permitirse viajar por otros medios, regresaría a casa en autobús por una ruta tortuosa y serpenteante.
Al enterarse de su prolongado itinerario, el Rebe le mencionó varias ciudades del norte del estado de Nueva York que se encontraban a lo largo de la ruta de autobús del joven y luego sugirió: “Dondequiera que el autobús haga escala, ve a la comunidad local. Diserta allí y comparte algunas enseñanzas jasídicas.”
El estudiante de yeshivá de diecinueve años de edad se preguntaba cómo podría llevar a cabo una misión con una logística tan complicada.
"No te preocupes", le aseguró el Rebe, como si le hubiera leído el pensamiento. "La Organización Juvenil Lubavitch lo arreglará por ti. Alguien te recogerá en las estaciones de autobuses; tú sólo deberás disertar".
De hecho, el Rebe se encargó de organizar una serie de conferencias en varias sinagogas del norte del estado de Nueva York, todas recibidas con gran entusiasmo. 7
Donde el joven veía un desvío largo e inconveniente por falta de fondos, el Rebe vio una oportunidad providencial para servir a las comunidades remotas próximas a las paradas de su ruta. Lejos de ser un inconveniente, su viaje y su modo de desplazamiento fueron divinamente orquestados para colocarlo exactamente donde necesitaba estar.
Como enseñó el Rebe:8
“Si [Di-s] guía tus pasos hacia algún lugar, en un momento específico, de una manera específica, es para que puedas lograr algo allí”..
Esta perspectiva revela la sutil profundidad de la célebre declaración de Jacob, pronunciada al despertar una mañana en medio de su repentina huida de la Tierra de Israel, impulsado por las maquinaciones asesinas de su hermano Esaú. Habiendo soñado con una escalera excelsa con ángeles que subían y bajaban del cielo, proclamó: "En verdad, el Supremo está en este lugar, y yo no lo sabía... ¡Qué impresionante es este lugar! Esto no es otra cosa que la Casa de Di-s, y esta es la puerta del Cielo.” 9
La reacción de sorpresa de Jacob refleja su comprensión de una profunda verdad espiritual: no hay lugar ni viaje —ni siquiera uno que se emprende apresuradamente ante circunstancias repentinas y terribles— que no tenga un propósito espiritual más profundo. Tras el velo de la realidad cotidiana se despliega un drama providencial, esperando que reconozcamos y revelemos cómo cada momento, encuentro, ruta y destino puede convertirse en una “puerta al cielo”.
Cada paso que das
Un hermoso ejemplo de esta perspectiva fue compartido por el Rebe en 1954 con R. Yojanan Twersky, quien había viajado desde su hogar en Israel a Nueva York para asistir a la boda de su hijo. Aprovechando su estadía en Brooklyn, R. Twersky esperaba renovar su conexión con el Rebe, a quien había conocido en su juventud.
En el iejidut (audiencia privada), el Rebe preguntó a R. Twersky si recordaba a un estudiante en particular de la escuela judía clandestina que habían organizado juntos en Nikolayev, Ucrania.10 Cuando el rabino respondió afirmativamente, el Rebe explicó que el estudiante había emigrado de la Unión Soviética a los Estados Unidos donde, con el tiempo, había abandonado la observancia religiosa. El Rebe dijo que los Jasidim de Lubavitch habían hecho todo lo posible para ayudarlo a reencontrarse con el judaísmo; pero lamentablemente todo fue en vano.
"Tal vez usted pueda influir en él", sugirió el Rebe, y preguntó a R. Twersky si podía dedicar algún tiempo a visitar al joven. Entristecido al enterarse de la divergencia de su ex alumno, prometió hacer lo que pudiera.
Aprovechando la ocasión, el Rebe tomó inmediatamente el teléfono y marcó el número del hombre.
"Tengo a R. Yojanan Twersky sentado aquí. ¿Se acuerda de él?", le preguntó el Rebe. El hombre recordó a su ex maestro y accedió a reunirse con él.
El ex alumno viajó a Williamsburg para reunirse con el rabino, y ambos compartieron un sentido reencuentro tras treinta años de distanciamiento, recordando a personas de su pasado.
Cuando el hombre preguntó al rabino el motivo de su visita a Nueva York, este respondió que había viajado para la boda de su hijo. El ex alumno, suponiendo que era ése el motivo de su encuentro, sacó una chequera, extendió un generoso cheque y se lo entregó a R. Twersky.
Para su sorpresa, R. Twersky se negó a aceptar la contribución.
"No aceptaré el cheque hasta que termine nuestra conversación", dijo con firmeza. "Quiero hablar de su observancia judía".
El hombre respondió que era un miembro respetado de su comunidad e incluso, en ocasiones, acudía al templo local.
"¿Y la observancia del Shabat?", preguntó el rabino.
El hombre respondió que, aunque el Shabat era muy importante, no podía cerrar su tienda mientras todos sus competidores estaban abiertos en ese día tan concurrido de la semana. Cuando le preguntó si cuidaba kosher, respondió que era difícil comprar productos kosher donde vivía, así que no lo hacía. Cuando le preguntó si se ponía tefilín, admitió que a menudo no disponía de tiempo.
Los ojos del rabino se llenaron de lágrimas y lloró amargamente.
¿Acaso fue por un judaísmo como éste que hemos invertido tanto esfuerzo en ti en aquellas escuelas clandestinas de Nikolayev? Cada uno de tus maestros arriesgó su vida para que pudieras llegar a ser un judío comprometido."
El hombre se sintió conmovido por las palabras del rabino y se echó a llorar. "¡Tiene usted toda la razón! Prometo que a partir de ahora me esforzaré por hacer teshuvá y cumplir las mitzvot tal como las he aprendido".
El rabino se sintió alentado por la promesa de su alumno y le deseó éxito antes de retirarse.
Varias semanas después, mientras aún estaba en Nueva York, sonó el teléfono en casa de su anfitrión, y R. Twersky contestó y descubrió que era el Rebe quien estaba en la línea. El Rebe le informó, para su alegría, que su ex alumno había regresado a sus raíces.
"R. Yojanan", concluyó conmovedoramente el Rebe, "¿cree usted que su viaje de Israel a los Estados Unidos fue simplemente para casar a su hijo? ¡Usted ha venido para ayudar a un judío a volver a su herencia y a sus raíces!". 11 ,12
Conoce tu lugar
La penetrante observación del Rebe sobre las orquestaciones Divinas que nos llevan a cada uno a su destino está enraizada en un principio jasídico, bellamente explicado por R. Levi Itzjak de Berditchev:
"Toda persona debe reconocer claramente que los viajes del hombre de un lugar a otro no son aleatorios, Di-s no lo permita. Más bien, son dirigidos por Di-s con precisión: tal persona tiene una porción específica que rectificar en tal lugar....
"Como explica Baal Shem Tov sobre el versículo: El Supremo establece (guía) los pasos del hombre: Di-s instala en el hombre el deseo de viajar a un lugar determinado, siendo Su intención... que allí se consagre a algún servicio Divino específico, rectificando así lo que allí debe rectificar.
"Por lo tanto, cuando una persona llega a un lugar determinado, debe tomárselo a pecho y preguntarse: '¿Por qué estoy yo aquí? ¿Con qué propósito me ha traído Di-s aquí? Seguramente no será en vano”.13
Muchos vivimos la vida siguiendo una narrativa exclusivamente humana, es decir, interpretando la realidad basándonos únicamente en nuestra comprensión de cómo funciona el mundo. Definimos rígidamente nuestros viajes y destinos en el estrecho contexto de nuestra realidad cotidiana. Las vacaciones son para descansar y reponerse. Los viajes de negocios son para hacer negocios. Los viajes son para ir del punto A al punto B. Llegamos a nuestro destino para cumplir cualquier propósito que hayamos previsto cuando nos pusimos en camino. Pero como nos recuerda el Rebe, siempre hay una narrativa Divina más elevada detrás de cada paso que damos. Desde este punto de vista, el arte de la vida espiritual comienza por preguntarnos en cada oportunidad: “¿Cuál es el propósito supremo detrás de este viaje, desvío o destino?” 14
No importa a dónde te lleve el viaje de la vida, recuerda que allí te esperan oportunidades Divinas. No hay lugar, tiempo ni camino que no esté colmado de inmensas y sagradas posibilidades. En lugar de ver la vida como una diversidad de capítulos, encuentros y viajes diferentes, desconectados y segmentados, el Rebe enseñó que cada ruta y destino deben ser vistos a través de una lente guiada por un propósito. A través de esta lente, cada desvío y destino en la vida se transforma en componente de un todo integrado, infundiendo cada paso con intención Divina. No hay viaje o destino que no sea sagrado. Depende de ti, sin embargo, reconocer y revelar la luz que espera ser revelada dondequiera que (por Providencia Divina) seas enviado.
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