En una pequeña aldea no lejos de Berditchev vivía un sencillo posadero de nombre Mendel, que se ganaba la vida modestamente atendiendo a los numerosos viajeros que se detenían a comer o a descansar en su posada a la vera de un camino rural. Con el tiempo, Mendel se inquietó y empezó a reflexionar sobre la trayectoria de su vida. Decidió que había llegado el momento de ceder la gestión de la posada a su hijo, con la esperanza de que entonces tendría tiempo para la plegaria y el estudio, los cuales había descuidado en su dedicación al negocio.

Llamó a su hijo Shia, un muchacho joven y enérgico, y le entregó las llaves: "He dirigido la posada durante décadas. Ha llegado el momento de que te hagas cargo tú".

Shia abandonó el pueblo y se trasladó a Berditchev, donde reformó radicalmente el negocio de su padre, atrayendo a la nobleza local, que empezó a celebrar allí sus reuniones, fiestas y eventos. Desde el punto de vista empresarial, la transformación fue un éxito rotundo. Pero los viejos clientes, hombres simples, que añoraban la cálida acogida que Mendel siempre les había dispensado, dejaron de acudir. Extrañaban las comidas modestas y el ambiente apacible. La transformación de la posada la dejó ajena e invadida para su clientela de antaño.

Cuando R. Levi Itzjak de Berditchev se enteró de los cambios, se acercó a Mendel y le preguntó: "¿Por qué te retiraste de tu posada y la entregaste a tu hijo?".

"Estoy envejeciendo", explicó Mendel. "¿Quién sabe cuántos años más se me concederán? ¿Así, pues, con qué iré al encuentro de mi Creador? ¿Acaso debo renunciar a que (el mérito de) la Torá y (el mérito de) la plegaria me acompañen?

"Ahora, que mi hijo se ocupa de la posada, me siento mucho mejor. Me levanto por la mañana, me envuelvo en mi tallit y tefilín, rezo pausadamente y con la debida concentración y luego estudio la Torá. Siento que, al menos, estoy acumulando unos pocos méritos que podré llevar ante la Corte celestial cuando llegue mi hora."

R. Levi Itzjak se tomó un tiempo para considerar el dilema de Mendel y luego dijo: "Enseñan nuestros Sabios: 'Sabio es alguien que conoce su lugar'.1 Una persona debe conocer el lugar que la Divina Providencia le ha destinado. Y cuando uno conoce su lugar debe permanecer allí y no intentar ocupar el lugar destinado a otro. Di-s coloca a cada persona en su lugar. A uno lo coloca en el aula de estudio y a otro en un pueblo pequeño y remoto. Tú, Mendel, fuiste seleccionado por Di-s para atender una posada en un cruce de caminos, a fin de que pudieras servir una sopa caliente kosher a los fatigados viajeros en las frías noches de invierno y un vaso de agua fría en los calurosos días de verano.

"No, Mendel, no te presentarás ante la Corte celestial como un pobre hombre carente de méritos. No te avergonzarás de saludar a los ángeles. Contigo estarán todas las comidas kosher que serviste a los viajeros y todas las camas calientes que les preparaste. Todas las sonrisas amistosas y las palabras amables que compartiste abogarán por ti. Regresa a la posada y cumple con el cargo que Di-s te ha asignado específicamente a ti".

Mendel cumplió las instrucciones del Rebe y regresó al pueblo. Poco después, la posada volvió a atender a los viajeros, mientras que los presumidos nuevos clientes encontraron otros lugares para sus fiestas.

Mendel regresó a su antiguo trabajo, revigorizado y colmado de la satisfacción de saber que estaba sirviendo a Di-s en consonancia con su propio y único propósito. 2

Todos tenemos algo que aprender del ejemplo del posadero, especialmente hoy día. En un mundo en el que las causas proliferan y nos atraen a cada paso, identificar nuestra misión particular y mantenernos centrados en ella no es tarea sencilla. El mundo está lleno de almas bienintencionadas que dedican sus vidas a buenas causas, causas sagradas, causas honorables, sólo para terminar llevando vidas que no están alineadas con su propio propósito Divino.

Aquí radica el genio sutil de la inclinación negativa procurando sabotear a toda costa que cumplamos la misión de nuestra vida. En lugar de incitarnos a hacer el mal o a malgastar nuestras vidas en búsquedas hedonistas, nos dirige seductoramente hacia una misión que no está conectada con nuestra alma. Como expone el Rebe:

Cuando la inclinación negativa no ve otra forma de ponernos a prueba, recurre a un método particularmente astuto, un enfoque especial. No nos dice que nos abstengamos de hacer algo bueno ni que transgredamos la voluntad de Di-s, más bien nos incita a algo que no es para nosotros. Esto tiene dos consecuencias: No permitirnos hacer lo que sí debemos hacer, y lo que sí hacemos no lo hacemos correctamente ni de la mejor manera posible, aunque en el proceso cumplamos alguna buena acción, porque no es nuestra misión.

Sé tú mismo

Como ilustra la siguiente historia, el Rebe nos recordaba a menudo que si nuestra misión es verdaderamente servir a la voluntad de Di-s, entonces no importa qué trabajo o papel percibimos como el más loable, importante o meritorio a los ojos del mundo. Desde la perspectiva Divina, el éxito de nuestra vida se mide precisamente por cuán bien cumplimos la misión particular que fuera específicamente diseñada y designada para nuestra alma única. 3

Mucho antes de ser decano de la yeshivá de Jabad en Los Ángeles, R. Ezra Schochet, en proximidad de su decimoquinto cumpleaños, escribió al Rebe desahogándose.

Habiendo oído historias de cómo el fundador de Jabad, R. Schneur Zalman, conocido como el Alter Rebe, escribió el Código de la Ley Judía antes de cumplir los veinte años, y cómo R. Aryeh Leib Hakohen Heller escribió un brillante comentario sobre el Talmud titulado Shev Shemáteta antes de cumplir los dieciocho, y cómo R. Meshulam Igra había pronunciado un discurso público que asombró a todos los grandes rabinos de su generación con apenas trece años de edad, Ezra sentía, simplemente, que no podía compararse con los logros de aquellos ilustres eruditos.

Concluía su carta diciendo que, en relación con ellos, no llegaba a ninguna parte, así que ¿por qué debía continuar estudiando?

El Rebe respondió: "En cuanto a tu pregunta sobre lo que se cuenta, por escrito y oralmente, sobre los que descollaron como genios ya en sus años jóvenes, ¿de qué sirve preguntar por qué no todas las mentes son igual de brillantes? Explica el Tania que la comprensión de la Torá por parte de cada individuo depende de 'su capacidad de comprensión y de la fuente de su alma en lo Alto'."

El Rebe continuó citando el Tania, añadiendo: "La Mishná afirma que 'debes sentirte humilde ante todas las personas', porque cada una tiene una ventaja sobre la otra [en algún aspecto].

"El propósito de las personas no es tratar de ser una más grande que otra, sino servir a Di-s y cumplir la intención del Creador para la que cada una fue creada.” 4

Una conocida historia jasídica captura la esencia de esta perspectiva. Al acercarse Rabí Zushe de Anipoli a las últimas horas de su vida, sus discípulos lo hallaron llorando amargamente, reflexionando sobre los logros de su vida.

Desconcertados, le preguntaron: "Sin duda usted, maestro, ha llevado una vida recta y digna. ¿Cuál es su temor y por qué llora entonces?"

R. Zushe respondió: "Cuando me llamen al Cielo no temo que me pregunten: '¿Por qué no fuiste como nuestro gran líder Moisés? Porque si me preguntasen eso, respondería: '¿¡Acaso fui bendecido yo con la humildad y la visión de Moisés!? Lo que sí temo que me pregunten es: 'Zushe, ¿por qué no te has asemejado más a Zushe? ¿Pues qué podré responder entonces?’.”5

En última instancia, el objetivo de toda existencia humana, nuestra raison d’être, es servir a Di-s. Hay numerosos caminos para hacerlo. Algunas personas son adecuadas para un camino específico, mientras que otras lo son para otro, pero el objetivo final para todos los seres humanos es el mismo, independientemente del camino. 6

Nuestras habilidades únicas y las circunstancias de la vida son la forma en que Di-s nos enseña qué camino hacia ese objetivo universal es el adecuado para nosotros.

Almas perdidas

En HaiomYom para el día 25 de Nisan, el Rebe escribe:

"La avodá (servicio a Di-s) de cada individuo debe ser proporcional a su carácter y cualidades innatas. Puede haber alguien que sepa taladrar perlas o pulir gemas pero trabaje como panadero. Aunque hornear pan es un oficio y una ocupación por demás necesarios, se considera que esta persona está cometiendo un pecado (nótese que la palabra hebrea para ‘pecado’, jet, también significa ‘deficiencia’). 7

Aquí llegamos a uno de los grandes secretos para vivir una vida plena y con sentido: aprender a discernir entre lo que es correcto y lo que es correcto para ti. 8

Como el sexto Rebe de Lubavitch, R. Iosef Itzjak, enseñó una vez: "Cuando un alma desciende de lo Alto para revestirse en un cuerpo, tiene su shlijut, su misión, pero [una vez aquí abajo], esa persona debe asegurarse de no ser una de las almas que se ‘extravían’ [descuidando su misión]”.9

El Rebe profundizó sobre la insensatez y el peligro de desviarse del camino trazado en una alocución del día 12 de Tamuz de 5724 (1964), en conmemoración del cumpleaños de su suegro, el sexto Rebe de Lubavitch, R. Iosef Itzjak Schneersohn.

"Mi suegro, el Rebe, compartió una historia en nombre del Alter Rebe: Un hombre rico y su carretero salieron de viaje para adquirir mercancías. Al acercarse el Shabat, se detuvieron en un pueblo para pasar allí el sagrado día. Como es costumbre, fueron a la mikve para sumergirse en honor del Shabat.

"De regreso, el hombre rico, tras haber salido de la mikve con sus mejores ropas de Shabat, vio una carreta atascada en el barro. Al respecto expone la Torá: "Le ayudarás", así que se acercó ofreciendo su ayuda. Pero como no estaba acostumbrado a desatascar carretas del barro —y además ya estaba vestido con sus mejores vestimentas de Shabat— obviamente no fue de mucha ayuda; y en el proceso se ensució y se lastimó. Llegó a la sinagoga sucio y maltrecho. El conductor del carro también salió de la mikve con su ropa de Shabat. Siendo que es loable "añadir (tiempo) al Shabat", llegó a la sinagoga temprano para recitar allí los Salmos. Luego buscó a personas que necesitaban de una comida en Shabat y las invitó a unirse a él en la posada donde se alojaba. A la conclusión de las plegarias, como es habitual, los responsables de la sinagoga procuraron distribuir a los menesterosos entre las casas acomodadas de la ciudad para las comidas del Shabat. Pero ellos respondieron que ya estaban ubicados: el carretero les había invitado.

”Al fallecer, el carretero y su patrón comparecieron ante el Tribunal celestial que dictaminó que sus almas debían regresar a este mundo. Esta vez, el carretero ayudaría al desconocido a sacar el carro del barro, mientras que el hombre rico invitaría a huéspedes necesitados, lo cual era su verdadera vocación.”10

Por muy loables que fueran las intenciones y los intentos de estos dos hombres por ayudar a los necesitados en esta historia, es obvio que si se hubieran centrado en sus propios dones y objetivos podrían haber ayudado mucho más y mejor. Seguramente, el carretero tenía más experiencia y pericia en liberar carros del barro, y sin duda el rico tenía más recursos a su disposición para proporcionar alimento a los necesitados de la sinagoga. Al sopesar nuestras opciones para impactar y contribuir al bien del mundo, es imperativo que consideremos nuestras capacidades para determinar si somos realmente la persona más indicada para algún trabajo específico.

Mantén el rumbo

Lo que es cierto para el individuo también lo es para las instituciones y organizaciones, donde la desviación de la misión es un riesgo siempre presente.

Esta fue la esencia de la penetrante respuesta del Rebe a un individuo que, viviendo en una región del mundo convulsa y sumida en la agitación política, escribió una carta exigiendo la intervención de los emisarios de Jabad.

Se preguntaba, irritado, por qué los shlujim del Rebe no hacían lo suficiente por los problemas sociales más amplios que tanto le preocupaban. El Rebe respondió:

"...Sus preguntas no son más lógicas que preguntar a un médico por qué no participa activamente en asuntos relacionados con obras de ingeniería.

"Debe saber usted que los emisarios de Jabad Lubavitch tienen una misión específica: difundir el judaísmo en las comunidades que les han sido asignadas. ...Además, es muy poco, o nada, lo que pueden lograr en el área que a usted tanto le interesa.

"Por lo tanto, distraer sus mentes y que dediquen sus energías y su tiempo a algo ajeno a su misión sería un desperdicio y una distracción del trabajo que ya realizan magníficamente.”11

Ama tu vida

Una y otra vez, el Rebe invitaba, a quienes se cruzaban en su camino, no sólo a abrazar su designio Divino, sino a hacerlo con alegría y satisfacción. Como solía declarar:

"Hay muchas maneras de servir a Di-s. Sin embargo, la forma definitiva de servirle es a través de la alegría.”12

La verdadera alegría y satisfacción, insistió el Rebe, nacen de aceptar y elegir amar todos los aspectos de nuestra vida, incluyendo todos los elementos de nuestra personalidad, experiencias, desafíos, etc.

De hecho, una de las mayores alegrías de la vida es abrazar cada parte de la vida que D-os ha diseñado para ti.

No basta con dar gracias a Di-s por el don de la vida, sino por el don de tu vida, en su totalidad.

En pocas palabras: Parte de nuestro propósito es regocijarnos en nuestro propósito.

Como enseñan nuestros Sabios: “¿Eizehú ashir? Hasaméaj b'jelkó: ‘¿Quién es rico? El que es feliz con su porción en la vida.’13

En un nivel básico, esta enseñanza se refiere a las posesiones materiales. Pero en un nivel más profundo, redefine lo que significa ser verdaderamente rico en la vida: disfrutar y regocijarse en la porción única del mundo que Di-s nos dio para elevar e iluminar, jelkó ba'olam (“su porción en el mundo”).

Como aprendemos del mayor maestro judío, Moisés, sobre quien decimos en las plegarias de Shabat: "Yismáj Moshe b'matnat j elkó”, ‘Moisés se regocijó con el regalo de su porción [en vida]’.14

No necesitas vivir a la altura de ningún estándar más que el tuyo propio. Es allí, en la aceptación integral de tu propósito Divino particular, donde encontrarás tu mayor enfoque y plenitud y entonces podrás aportar al mundo la mayor medida del amor y el bien de Di-s.