Un antiguo proverbio judío dice: “Un problema compartido es medio consuelo”12345.
Las dificultades personales empeoran exponencialmente cuando pensamos que estamos sufriendo solos. Nos ponemos ansiosos y entramos en pánico, asustados de que algo esté terriblemente mal con nosotros (“Solo las personas retorcidas se vuelven adictas a estas cosas”). Nos sentimos aislados y solitarios, distantes de las personas que nos rodean y que no parecen compartir nuestro problema (“Mis amigos se van de vacaciones todos los años, mientras yo lucho con el alquiler”). Experimentamos una desesperación persistente, preguntándonos si alguna vez volveremos a ser “normales” (“¿Puede un matrimonio recuperarse después de una pelea como esa?”).
Cuando las personas se abrían al Rebe sobre sus desafíos, él precedía, o concluía, a menudo su consejo con este mensaje: sabe que no eres el único que lidia con esto. Muchos otros están pasando por lo mismo.
Por supuesto, es lamentable que más personas estén sufriendo. Pero el consuelo de saber que los demás comparten nuestro problema no es simplemente un síntoma de egoísmo, o de nuestra incapacidad, como dirían las abuelas que hablan ídish, para farguínen, aceptar amablemente que a otros les va mejor que a nosotros. En cambio, descubrir que muchos otros pueden identificarse nos brinda una sensación de pertenencia en un momento de alienación. Y lo que es más importante, normaliza el problema. Nada está inherentemente mal con nosotros, esta es una experiencia humana natural y familiar.
“Esto le pasa a mucha gente”, comienza una respuesta a un joven asustado por las dudas que lo acosan en el transcurso de sus citas. “Las dudas sobre la vida (incluyendo dudas sobre el matrimonio) aparecen. No lo exagere ni se asuste por ello”6789.
Este era un tema recurrente en la orientación del Rebe sobre una amplia variedad de cuestiones10111213141516171819202122232425262728.
Por ejemplo, en una respuesta manuscrita a una mujer que sufría de trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), antes de animarla a consultar a su médico y ofrecer otros consejos prácticos, el Rebe escribió:
Su médico seguramente le ha informado que muchas personas se encuentran en una situación similar a la que usted describe (es decir, les parece que hicieron algo de manera imperfecta, creen que sus manos no están limpias y deben volver a lavarlas, etc.)29.
De forma similar concluye una carta a un joven que está pasando por un desafío particular, no especificado, que lo llevó a vivir aislado durante varios meses y a dudar de su capacidad para construir un hogar propio:
Al indagar, descubrirá que otros experimentan sucesos [difíciles] como los que describe y, sin embargo, los superan. Además, no mucho tiempo después, incluso se afianzan con éxito en la vida y ayudan a otras personas con dificultades, lo cual, especialmente en tales casos, es la mayor satisfacción de todas. Que Di-s le conceda el éxito de que todo esto llegue a suceder antes de lo que imagina30.
Esta conciencia puede ser particularmente importante en esos años turbulentos de autodescubrimiento, cuando se perdió la seguridad de la infancia y aún no se ha establecido la sensatez de la edad adulta. Una respuesta escrita a mano a una adolescente que se sinceró con el Rebe sobre su agitación interior, y agregó que hacerlo era por sí mismo aterrador, comienza de la siguiente manera:
No hay razón en absoluto para temer escribirme; me empeño por ayudar lo mejor que puedo, no para hacer las cosas más difíciles ni para criticar, Di-s no lo quiera.
Durante los tiempos de transición en la vida de una persona (de la infancia a la adolescencia, de la adolescencia a la edad adulta, etc.), uno es generalmente más sensible y menos estable. Por lo tanto, es normal que en un momento tal surjan nuevas preguntas o dudas. Aunque ahora estos enigmas pueden parecer insuperables, cuando pase esta etapa usted podrá resolverlos por sí misma y sin tormento. Sin embargo, estos dilemas pueden parecer muy complicados en estos períodos de transición. Al hablarlo con otra persona, esta puede explicarle cómo se puede resolver de manera simple, etc.
Lo que le está ocurriendo también le sucede a muchos otros, y con el tiempo pasará313233.
De manera similar concluye una larga carta a una estudiante universitaria estadounidense que se describió a sí misma como una solitaria que no se siente cercana a nadie, y escribió sobre sus dudas y confusión:
Para concluir, quisiera sugerir una nueva observación, aunque esta vez en un tono diferente, de que no debe desanimarse tanto, ya que no es inusual que jóvenes de su edad tengan una sensación de confusión, o incluso de frustración. Sólo hay que apenarse por aquellos que se niegan a aceptar una mano solidaria de cercanos y queridos, incluidos los padres. No pretendo decir que uno deba someterse fácilmente a la dictadura de los padres, pero eso tampoco significa que uno deba rechazar siempre su consejo y asistencia con la esperanza de que al final las cosas se enderezarán por sí mismas34.
Habla con los demás
“Si hay preocupación en [tu] corazón”, dice el Talmud, “díselo a otros”3536.
No guardes toda tu angustia reprimida en tu interior, aconsejan los Sabios. Hazle saber a otra persona sobre los pensamientos ansiosos que perturban tu mente y alarman tu corazón. Esto, por sí solo, puede aliviar tu carga.
“Puesto que uno sólo es humano”, concluye una carta a una joven,
no es inusual caer de vez en cuando en un estado de ánimo de desaliento. Pero... si se encuentra en ese estado de ánimo, no debe tratar de ocultarlo... Porque nuestros Sabios han dicho que cuando una persona siente una ansiedad debe contársela a otros, porque sacar algo de su pecho ya es en sí mismo un alivio37.
El Rebe alentaba constantemente a las personas a abandonar la angustiosa soledad de sus mentes y compartir sus dilemas con personas cariñosas y confiables: mentores sabios, familiares imparciales y “amigos conocedores” [es decir, aquellos que tienen experiencia en su área de lucha y lo conocen personalmente38]. Explicaba cómo los demás lo sacan a uno de sus cavilaciones subjetivas y, con su experiencia de vida acumulada, sus palabras tranquilizadoras y sus consejos prácticos, lo ayudan a entender que tales desafíos son normales, que la gente ya ha pasado por eso antes, y que hay formas probadas y verdaderas de navegar por esto de forma segura. Uno solo tiene que dar el primer paso vulnerable de acercarse a los demás.
Era a finales de la década de 1950 y Bessie Garelik estaba embarazada de su primer hijo. Tenía poco más de veinte años y, además del dolor físico, su primer embarazo le generó una tormenta de agitación emocional. Acababa de mudarse con su esposo a Milán, Italia, para servir a la comunidad judía local, y se sentía desamparada y aislada. Habiendo conocido previamente al Rebe y manteniendo correspondencia con él, le escribió una carta describiendo todo por lo que estaba pasando.
Casi al mismo tiempo, su hermana mayor, Kenny, hizo un viaje de Pensilvania a Nueva York para participar en una convención anual de mujeres jasídicas en Brooklyn. En la segunda noche de la convención, después de que el grupo visitara al Rebe, ella escribió la siguiente carta a su hermana en Milán.
Querida Bess,
Son solo las 2:30 a.m...
Ahora no empezaremos por el principio, sino por lo más importante. Llegamos a 770 anoche a eso de las 8 p.m. para entrar al estudio del Rebe... La habitación del Rebe estaba repleta, y llenamos el pequeño balcón y la mitad de los escalones.
Cerraron la puerta que da al vestíbulo exterior para que todas podamos escuchar claramente lo que el Rebe decía. Pero fue decepcionante no verlo.
[Después de la alocución,] todavía había adentro un grupo de mujeres que hablaban cada una en privado [con el Rebe], y el secretario me dijo que esperara hasta que terminaran y viera si el Rebe me llamaba. Después de tres cuartos de hora, las últimas mujeres salieron y, en efecto, el Rebe dirigió hacia mí esa encantadora sonrisa. El secretario cerró la puerta y tuve una audiencia privada con el Rebe, sobre ti...
“En la próxima carta escribiré lo que dijo...”, fastidió a su hermana y, luego continuó:
En serio, el Rebe quería que te escribiera y te explicara que las molestias que sientes ahora son normales y son consecuencia de tu embarazo. Así es, Bess. Yo también me sentí así. Una espera los cambios físicos, pero los [cambios] mentales o lo que sea que te moleste son una parte de tu embarazo (en especial y la mayoría de las veces solo durante los primeros tres o cuatro meses), y desaparecerán tan pronto como te sientas mejor. Así que ya ves, en realidad estás teniendo un embarazo normal.
El Rebe aconsejó que hables de estas cosas con una de las mujeres [con quien] te sientas cercana, y descubrirás que al hablar de ellas se volverán más ligeras, y pronto, si Di-s quiere, desaparecerán”39.
Matemática espiritual
Además de los beneficios psicológicos de abrirse a otra persona, también hay una ventaja espiritual.
Como hemos visto (en el capítulo 6), la Cabalá enseña que todo en nuestro mundo imperfecto, incluyendo a los seres humanos, está compuesto de bien y mal40.
Pero hay una diferencia fundamental entre estas dos fuerzas4142. El mal tiene su origen en un mundo de división y discordia. Al ser egoísta y narcisista, solo busca aumentar su propio dominio y, por lo tanto, ve a las demás personas como hostiles competidoras por la atención, el éxito y el poder. El bien, en cambio, se percibe a sí mismo como parte de un todo Divino mayor y, por lo tanto, siempre busca vincularse con otros.
El maestro jasídico Rabí Dovber Shneuri (el segundo Rebe de Jabad, 1773-1827) enseñó que esta noción nos da un vistazo a lo que sucede espiritualmente cuando dos amigos tienen una conversación de corazón a corazón:
Los lados negativos dentro de cada uno de los dos amigos son demasiado egoístas como para combinar fuerzas. Solo los lados buenos dentro de ellos se unen como uno. Por lo tanto, cada uno de sus lados negativos ahora se enfrenta a una proporción de dos a uno: ambos lados buenos suyos se agrupan efectivamente contra sus lados negativos inconexos. Por lo tanto, con solo hablar, cada uno de los dos amigos se encuentra en una posición mucho más fuerte para superar sus dificultades personales. Como lo expresó Rabí Dovber: “Ahora son dos almas Divinas contra un alma animal”4344.
Esta carta a un joven lo resume:
Además del hecho de que seguro ya consulta con los ancianos de la comunidad, debe tener un verdadero amigo, es decir, uno ante el cual pueda revelar lo que está presionando en su corazón. Hay una conocida enseñanza de los Sabios que “Si hay preocupación en [tu] corazón, dísela a otros”. Con respecto a esta enseñanza, el Míteler Rebe [el “Rebe entremedio”, como se conoce comúnmente a Rabí Dovber] explicó que de esta manera hay dos almas Divinas compitiendo contra un alma animal. Y los beneficios de esto son claramente evidentes45.
Estate ahí para los demás
Al estudiar este tema tanto en el asesoramiento privado del Rebe como en las enseñanzas públicas, uno percibe una creciente insistencia, incluso urgencia, a medida que pasan los años. Una y otra vez enfatizaba, con creciente emoción, cuán vital es que hablemos unos con otros, cuánto ganaremos en el proceso y cuánto más fuertes nos volveremos todos en consecuencia.
Pareciera como si el Rebe se estaba dirigiendo a una sociedad cada vez más fragmentada, donde los individuos presumen que deben adivinar por su cuenta su camino a través de las desconcertantes complejidades de la vida. Sus palabras parecen preguntar, casi suplicando: ¿Por qué deberías cargar con todo ese peso por ti mismo? ¿Por qué deberías navegar por este sendero sinuoso sin un guía? Acércate a un mentor que respetes. Escucha sus consejos cariñosos. Consulta con un amigo que sabe. Sé lo suficientemente humilde como para permitir que te ayuden. Hay tesoros tales de sabiduría, de empatía, de experiencia de vida compartida en nosotros y a nuestro alrededor, si tan solo abrimos nuestros corazones los unos a los otros.
De hecho, junto con el estímulo del Rebe a consultar con otros, también instó enfáticamente a las personas a ponerse a disposición de otras, tanto práctica como emocionalmente. Por un lado, dijo, aconsejar a los demás también te iluminará a ti, como enseñaron los Sabios: “Más que de mis maestros y amigos, aprendí de mis alumnos”46. Pero mucho más importante aún, estar ahí para los demás es la consecuencia natural del precepto fundamental de la Torá: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”47.
Una nota manuscrita dirigida a activistas comunitarios enfrentando dificultades financieras y pugnando por recaudar fondos dice lo siguiente:
Consulten con amigos conocedores. [Como] amigos [ellos] ciertamente se interesarán en su situación en todos sus detalles. Porque “ama a tu prójimo como a ti mismo” es 1) un principio 2) fundamental 3) en la Torá. Mencionaré esto [en plegaria] en el lugar de reposo de mi suegro48.
El Rebe invoca aquí la enseñanza del sabio talmúdico Rabí Akivá (siglos I-II de la era común), que amar a tu prójimo como a ti mismo es un “principio fundamental en la Torá”49, e ilustra cómo cada una de las palabras de Rabí Akivá confiere un nuevo significado a este mandato. Porque no se trata de una máxima más, sino de un principio. Y no de un principio cualquiera, sino de un principio fundamental, por encima de todos los demás principios. Y no es un principio fundamental de cualquier cosa, es un principio fundamental de la sagrada Torá, el libro eterno de la vida. Por lo tanto, el Rebe asegura a estas personas en medio de una pesadilla financiera que pueden sentirse completamente seguros al comunicarse con amigos experimentados. Teniendo en cuenta la enorme importancia de estar ahí para los demás, no hay duda de que sus amigos estarán felices de dar con abundancia de su tiempo y experiencia para ayudarlos a superar su difícil situación.
Aquí se vislumbra un mundo diferente. Si tan solo adoptamos la directriz de la Torá de “ama a tu prójimo como a ti mismo”, si tan solo prestamos atención al llamado del jasidismo a vincularnos incondicionalmente con los demás recordando nuestra alma Divina compartida, entonces ya no habrá necesidad de medidas costosas para curar todas las punzantes dolencias que supuraban en el aislamiento. El amor y la generosidad de espíritu jasídicos nos fortalecerán desde el vamos. En las palabras de Isaías que el Rebe citaba a menudo: “Cada persona ayuda a su prójimo y a su hermano le dice: ‘¡Ánimo!’”50.
En este sentido, una breve historia.
Itzjak Gansburg, o “Itchke” como se lo llamaba comúnmente, era un apasionado hombre jasídico. Nacido en la Rusia soviética en el seno de una familia jasídica en 1928, Gansburg sentía un vínculo íntimo con el Rebe y deseaba verlo en persona. Sin embargo, incluso después de emigrar a Israel, durante muchos años esto fue imposible debido a las complicaciones de la visa y las limitaciones financieras. Finalmente, para la temporada de las Altas Fiestas de 1957, su sueño se hizo realidad. A lo largo de su estancia de un mes en Nueva York, escribió cartas detalladas a su familia describiendo sus experiencias catárticas de éxtasis espiritual.
Sin que él lo supiera, Leib Levin, su viejo amigo de juventud compartida en Rusia, también había hecho el viaje a Nueva York para ver al Rebe. Años atrás, habían pasado a menudo noches juntos comentando sus luchas internas y animándose mutuamente a permanecer fuertes en espíritu y resistentes en acción frente a las dificultades y el fracaso. Sin embargo, muchos años atrás, Levin se mudó a Francia, y los dos amigos no habían podido verse desde entonces.
En una carta a casa, Gansburg describió el siguiente momento:
Eran las 7:15 p.m. y las oraciones de la tarde estaban a punto de comenzar. De repente, mi amigo Leib Levin de París se materializó ante mí.
No puedo describirles mi alegría interior al ver a este querido y amado amigo. En mis ojos aparecieron lágrimas y nos abrazamos efusivamente.
En ese mismo momento, se abrió la puerta del estudio del Rebe y este entró al santuario.
Inmediatamente nos quedamos quietos, pero resultó que el Rebe ya había vislumbrado nuestro abrazo. Nos miró y una suave sonrisa se extendió por su sagrado rostro. Regresó a su estudio por un breve momento e inmediatamente volvió para las plegarias de la tarde.
Más tarde, escuché que el Rebe había comentado: “Este es el significado del amor jasídico”51.
A una joven que duda mientras sale con alguien con fines matrimoniales:
Es posible que después de que se reúna con él de nuevo, una decisión le quede clara. Si aún tiene dudas, convérselas a corazón abierto con una amiga (¿sus padres?). Tome su decisión de acuerdo a cómo se siente después de hablar y escuchar la reacción de su amiga, y que Di-s le conceda el éxito. La mencionaré en oración en el lugar de reposo de mi suegro.
(¿Cómo se llama la madre del joven [con el que se está encontrando, para que yo también pueda orar por él?])
En conclusión
Si tienes dificultades en un área particular de tu vida (por ejemplo, presión laboral, crianza de los hijos, adicción, depresión o cualquier otra cosa), recuerda lo siguiente:
Podría no parecer así, pero muchas personas, tal vez incluso en tu entorno inmediato, enfrentan problemas similares al tuyo. No hay razón para que te regañes a ti mismo o entres en pánico; estás pasando por una experiencia humana perfectamente normal.
A nivel práctico, no es necesario que lo hagas solo. Hay personas cariñosas y competentes con las que consultar. Comunícate con alguien con conocimientos en esta área. Ábrete a un amigo de confianza.
Esto aliviará tu aislamiento emocional, te proporcionará una nueva perspectiva y vigorizará tu fortaleza interior para sortear con éxito los desafíos de la vida.
Hasta ahora hemos explorado perspectivas esenciales para un Yo saludable: ser un dador, saber que no estás solo, reconocer tu propósito especial.
Hemos sondeado los hábitos de estilo de vida necesarios para una salud emocional sólida: garantizar que tu cuerpo tenga lo que necesita, tener una ocupación productiva, mantener una estructura en tu día, seguir socialmente comprometido, practicar rutinariamente las mitzvot, actos Divinos.
Hemos mencionado formas de lidiar con los desafíos emocionales comunes, como el descontento, la preocupación, los cambios de humor o la autocrítica.
Hemos obtenido herramientas para aliviar la tensión mental y emocional en torno a las dificultades: no consentir ni luchar contra esos pensamientos ansiosos sino cambiar de tema, saber que eres normal y que no estás solo, abrirte y consultar con un amigo experto.
Sin embargo, todo en este libro gira en torno a un fundamento subyacente, sin el cual el crecimiento no es posible: el coraje para cambiar.

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