El Dr. Reuven Feuerstein (1921-2014) fue un psicólogo cognitivo mundialmente aclamado.
Nacido en el seno de una familia judía en Rumania, escapó por poco de los nazis a los veintitantos años y finalmente se estableció en la Palestina del Mandato. Allí observó a niños inmigrantes, muchos de los cuales eran sobrevivientes del Holocausto o refugiados de países del norte de África que tenían dificultades en sus estudios, y se dio cuenta de que sus dificultades se extendían más allá de las barreras lingüísticas y culturales. Llegó a la conclusión de que estos niños, al haber crecido en entornos tumultuosos, habían perdido etapas cruciales del desarrollo cognitivo, pero que estas deficiencias podían corregirse con el apoyo psicológico adecuado.
Sus observaciones lo impulsaron a desafiar la creencia predominante en la época de que la inteligencia de una persona es innata e inmutable. Durante sus estudios en la década de 1950 en Suiza, con maestros como Carl Jung, Karl Jaspers y Jean Piaget, comenzó a formular un método –hoy llamado Método Feuerstein– para desarrollar habilidades cognitivas en niños considerados intelectualmente discapacitados y sin esperanza.
A medida que sus teorías germinaban, Feuerstein dijo: “Comencé a recibir personas enviadas por el Rebe. Dondequiera que iba, dondequiera que visitaba para trabajar en mi campo, la gente se me acercaba y me decía: ‘El Rebe quiere que vea a nuestro hijo’. A veces yo mismo recibía una carta o un mensaje del Rebe sobre un caso en particular”.
Ver los tipos de niños que el Rebe insistía en que eran capaces de un crecimiento considerable amplió los horizontes de Feuerstein y lo envalentonó. “Mi creencia de que incluso las personas con trastornos genéticos o cromosómicos pueden convertirse en individuos con un funcionamiento normal – eso lo obtuve en gran medida del Rebe. En ese momento era muy atrevido. La gente no creía que fuera posible. Me preguntaban: ‘¿De dónde sacó el coraje para decir que este niño podrá hablar, podrá leer, podrá terminar la escuela?’. Gran parte de esta creencia, debo decir, vino de mis interacciones con el Rebe”.
Feuerstein rememoró vívidamente una de esas derivaciones. Fue el caso más difícil en sus cincuenta años de carrera. “Este niño fue diagnosticado falsamente como mentalmente defectuoso en su país de nacimiento y fue colocado en una escuela para niños ‘deficientes’. Allí vivió entre adolescentes problemáticos y comenzó a imitar su comportamiento. En consecuencia, se convirtió en un verdadero problema, y nadie creía que alguna vez pudiera funcionar como un ser humano normal e independiente.
“En algún momento, su padre fue a ver al Rebe, y este le dijo que trajera a su hijo a mí, y eso fue lo que hizo. Gracias a Di-s, todo salió muy bien, y sentimos que habíamos tenido éxito.
“Pero después de que nos dejó, regresó con sus viejos amigos y volvió a caer en hábitos imprudentes. Se fue a un lugar del que poca gente regresa. Estaban involucrados con las drogas, el crimen y la promiscuidad, y no había transgresión que no cometieran.
“Cuando me enteré de lo que había sucedido, me puse en contacto con el Rebe, quien me dijo: ‘No lo deje salir de sus manos. Envíe a alguien a buscarlo, tráigalo de vuelta y continúe’. Yo no creía que un intento de rescate tuviera éxito, pero el Rebe me había instruido que lo intentara, así que lo hice. Envié a alguien para que alejara a este joven de estas personas, y lo entrenamos con éxito para que volviera a un estilo de vida saludable y moral. Estaba perdido, pero regresó, y hoy es padre de cuatro hijos”.
Al relatar este episodio años más tarde, Feuerstein reflexionó: “Como psicólogo, nunca habría creído que tal cambio fuera posible. Por lo general, en casos tales, simplemente levantamos las manos y nos damos por vencidos. Pero el Rebe no se rindió.
“La psicología es muy limitada en su comprensión del otro. Está muy afectada y relacionada con nuestra comprensión de nosotros mismos. Pero la forma en que el Rebe veía al individuo, la razón por la que sugirió y se sintió empoderado para decir: ‘Sí, hágalo’, surgió de una forma completamente diferente de ver a una persona: no como un reflejo de sí mismo, sino como un espíritu que viene de lo Alto”1
El Rebe dedicó mucho tiempo y esfuerzo a alzar a la gente de la desesperación arraigada. Le mostró que hay motivos para tener esperanza, porque el cambio es eminentemente posible.
Más alto que los ángeles
El gran profeta judío Zacarías (siglo IV antes de la era común) recibió una visión profética con un mensaje ambiguo sobre el potencial de los seres humanos: “Te daré [la habilidad] de caminar entre esos [ángeles] parados aquí”2.
Clásicamente3, el versículo se entiende como describiendo cuán alto puede escalar espiritualmente una persona. Los ángeles encarnan el máximo nivel de perfección, mientras que los seres humanos son inherentemente defectuosos. El mayor nivel espiritual que el versículo puede atribuir a una persona es la capacidad de alcanzar un estatus similar al de un ángel – caminar entre los ángeles.
Sin embargo, el Rebe señaló a menudo una interpretación diferente de este versículo4, en la que los seres humanos son considerados mucho más grandes que los ángeles: “Te daré [la habilidad] de caminar, entre aquellos [que solo tienen la capacidad de estar] parados”.
Los ángeles son seres estáticos. Claro, son inmensamente espirituales, pero dentro del plano del espíritu son estacionarios. No tienen dificultades ni tropiezan y, por lo tanto, los saltos cuánticos simplemente no son posibles. Se paran quietos. Los seres humanos son totalmente diferentes. Sí, cometemos errores, pero tenemos la capacidad única de transformarnos por completo – la capacidad de caminar hacia adelante y llegar a lugares completamente nuevos.
Para el Rebe, esto no era apenas una interpretación interesante; era un llamado a la acción. Él creía en la capacidad de cada individuo para trascender su statu quo, para ir más allá del presente, para dejar de quedarse parado y comenzar a caminar.
“Aun si tiene razón en su evaluación”, dice una carta dirigida a una joven abatida por el declive espiritual que percibía, la solución no es sentirse desanimada, inadecuada o inferior. Por el contrario, esto debería evocar dentro de usted la determinación de poner en primer plano sus fuerzas interiores para superar este declive y crecer aún más que antes.
A la persona se le encarga ir de fortaleza en fortaleza y “caminar hacia adelante” toda su vida. Y puesto que este es el deber del hombre, su Creador ciertamente le da a la persona toda la fuerza necesaria para cumplir este papel5.
Una carta a una mujer que recientemente perdió su trabajo dice de manera similar:
La vida humana no siempre transcurre en línea recta. En vista de que una persona tiene la capacidad y la aspiración de ascender, esto mismo presenta también la posibilidad de descender. Por lo tanto, uno no debe inmutarse y desanimarse, Di-s no lo quiera, cuando enfrenta algún nivel de descenso. Por el contrario, un declive debería despertar en usted fuerzas de fe más profundas, que se manifiestan en valentía y ecuanimidad frente a un fenómeno desagradable, en especial uno que [en su caso] durará solo muy poco tiempo6.
Una de las ideas que puede darnos el coraje para hacer el cambio de “estar de pie” resignados a “caminar” decididos es que la renovación está incorporada en el tejido mismo de la existencia.
Nuevos comienzos
El Baal Shem Tov, fundador del movimiento jasídico (16981760), educaba a sus alumnos por medio de enseñanzas concisas que transmitían un nuevo paradigma del mundo, el Yo, y lo Divino. El significado de sus enseñanzas, y su aplicación en la experiencia humana, han sido desentrañados por generaciones de maestros jasídicos.
Una de estas enseñanzas fundamentales fue que el mundo es creado por Di-s de nuevo en cada instante del tiempo7 El mundo de hace un segundo no se derrama de forma natural en el momento presente. Es traído activamente a la existencia una y otra vez.
Piensa en una roca que es lanzada al aire, explicó el quinto Rebe de Lubavitch8. No continuará volando para siempre; más bien, considerando que un objeto volando va en contra de las leyes de la gravedad, la roca debe ser empujada activamente hacia adelante por alguien o algo. Cuando la energía que impulsa la roca en el aire se agota, la roca cae. De manera similar, considerando la profunda novedad de la existencia del universo –siendo algo en el lugar de la nada–, el mundo y todo lo que hay en él deben ser continuamente “empujados” a la realidad por una infusión constante de energía Divina. Si esa energía Divina cesara, el mundo simplemente volvería a su estado natural: no existir.
Internalizar esto, enseñó el Rebe9, puede ayudarnos a liberarnos de los grilletes del pasado. Cada día somos renovados y se nos da una tabla rasa, borrón y cuenta nueva, sobre la cual dibujar nuestras vidas. Nuestras elecciones de ayer no determinan nuestras elecciones de mañana. Sí, el pasado nos enseña, impacta en nosotros e incluso puede marcarnos, pero no nos define.
Esta es la razón por la que los seres humanos fueron diseñados con la necesidad de dormir10. A primera vista, el sueño parece una pérdida de tiempo inútil. ¡Seríamos mucho más productivos sin él! Pero sin intervalos de sueño, la vida sería una larga cadena uniendo nuestro yo pasado con nuestro yo presente en una continuación sin fisuras. Ir a dormir y despertar nos recuerda la verdad anterior: cada día es realmente un nuevo día, el pasado se fue con el sueño. Amanece un nuevo presente, imbuido de una nueva vitalidad Divina y de una nueva oportunidad personal.
Esto se refleja también en el flujo natural de las estaciones. El invierno es una época de sombrío estancamiento para los árboles, las verduras y las plantas. Durante largos meses permanecen desnudos e inactivos. Sin embargo, a pesar de este largo paréntesis, llega la primavera y se produce una notable metamorfosis. Las frutas maduran, las flores florecen, las hojas verdes crecen y el olor del renacer está en todas partes.
“Aplicando esta idea al elemento humano”, se lee en una carta de 195111 , puede haber un estado de invierno –de aparente improductividad– en la vida de una persona. Pero ningún individuo debe considerarse a sí mismo –y ciertamente no debe ser considerado por otros– como si hubiera terminado su utilidad, aunque haya transcurrido un largo tiempo de infructuosidad. Con la inspiración y el estímulo adecuados, el estado del invierno puede convertirse fácil y repentinamente en primavera y tiempo de floración, que eventualmente madurará en buenos frutos para Di-s y el hombre.
Esto es cierto también para aquellos que sienten que la flor de su vida ha pasado y solo les espera un invierno improductivo. Jerry Grafstein, un hombre de negocios y miembro del Senado canadiense desde hace mucho tiempo, estuvo una vez en Nueva York en un viaje diplomático. Programó una audiencia para consultar con el Rebe sobre sus asuntos públicos.
“El Rebe me escuchó con visible interés”, dijo Grafstein, “y me dio algunos consejos prácticos sobre mis actividades. Sin embargo, vio que algo presionaba mi corazón. Cuando terminamos de analizar las preguntas que yo había planteado, el Rebe me preguntó qué era lo que me molestaba.
“Le dije que ya no era joven y que empezaba a pensar en lo que había logrado hacer en mi vida y en lo que aún me quedaba por lograr.
“Al escuchar esto, el Rebe me preguntó si sabía cuántos años tenía Moisés cuando comenzó su carrera. No lo sabía. El Rebe golpeó la mesa y dijo apasionadamente: ‘¡Tenía ochenta años!12 ¡Y usted está muy lejos de esa edad!’.
“A partir de entonces, cada vez que tales pensamientos nos perturban, mi esposa y yo pensamos en estas palabras del Rebe”13.
La seductora atracción de la desesperación
Sin embargo, hay un cierto atractivo en pensar que no tenemos la posibilidad de cambiar, personal o comunitariamente. Al rendirnos a nuestra condición presente, nos liberamos del trabajo que se requiere para progresar. Por lo tanto, la desesperación puede ser relajante, excusándonos del esfuerzo que demanda el crecimiento.
El Rebe advirtió a muchas personas precisamente sobre este escollo. Como lo explica una respuesta:
Porque entonces [es decir, cuando una persona ha renunciado] ¿qué se le puede exigir y por qué razón debería intentarlo? Ya ha declarado (a los demás como a sí mismo) que ha renunciado a toda esperanza, Di-s no lo quiera.14
Además, frente a las dificultades, a veces podemos comenzar a sentir lástima por nosotros mismos, cayendo en la autocompasión. Aquí, también, debemos preguntarnos si estamos eligiendo la salida fácil, aceptando nuestra impotencia percibida en lugar de considerar qué se puede hacer para mejorar la situación. Como dice otra respuesta:
Según el Tania,15 la autocompasión es una de las seducciones más exitosas del iétzer hará. Una persona se dice a sí misma: “Viendo que Di-s me creó de esta manera –esta es mi situación–, y viendo que soy digno de lástima más que cualquier otro ser humano, por lo tanto, no hay nada que se pueda hacer y estoy liberado de todas las obligaciones”.
El punto subyacente en todo lo anterior es [como enseñaron los Sabios]: “Si alguien dice: ‘lo he intentado, pero no tuve éxito’, no le creas”16 Esto se aplica a todos los asuntos de la vida, en todos sus detalles.17
No importa cuán atrapado puede haber estado alguien en un ciclo negativo, no importa cuán desesperado y lamentable se sintió, el Rebe trató de inculcarle una firme confianza en su propio potencial para trascender su situación actual. Como explica una carta a un respetado escritor israelí:
Uno que tiene fe en el hombre y en los poderes ilimitados de su alma... también tiene fe en que en poco tiempo cada individuo puede alcanzar grandes alturas, sin importar su condición un momento antes18.
Era la década de 1980, y Avraham Krishevsky vivía felizmente en Beitar Illit, Israel, con su esposa e hijos, cuando recibió una angustiante llamada telefónica de la ciudad de Nueva York.
“Al otro lado de la línea estaba un miembro de la familia de un viejo amigo mío”, recordó Krishevsky. “Lo último que supe es que se dedicaba al comercio, estaba casado y tenía hijos. Su pariente me informó que mi amigo había caído recientemente en un grave abuso de sustancias, así como en otras actividades indignas, y que estaba tocando fondo. Ya se habían intentado todo tipo de intervenciones, sin éxito. La familia se enteró de que teníamos una relación y se preguntaban si yo podía ayudar.
“Hice las maletas y tomé un vuelo a Nueva York.
“Cuando llegué, fui a visitar a mi amigo. Se encontraba en una condición verdaderamente miserable. Se alojaba en un sótano abandonado, su familia ya no soportaba vivir con él. Me senté con él durante muchas horas, pero no veía ningún progreso. Me di cuenta de que no podía ayudarlo solo.
“En una visita, lo convencí para que escribiera conmigo una carta al Rebe.
“Durante toda la noche, nos sentamos juntos a trabajar en la carta. Le dije: ‘Al Rebe le desnudas todo, no hay juegos’. Él detalló todo por lo que había pasado, todo lo que lo había llevado a llegar a este punto en la vida. Pero me puso una condición. No quería que la carta fuera entregara por intermedio de la secretaría. Le preocupaba que alguien allí la leyera, y se sentía avergonzado. Le di mi palabra de que la entregaría personalmente.
“Cuando terminó de escribir, me dirigí a la casa del Rebe para entregar la carta. También agregué una carta mía. Le escribí al Rebe que había dejado atrás a mi esposa e hijos para venir a ayudar a este amigo mío, y no podía regresar a casa y abandonarlo así. Le escribí: ‘Usted es como un padre para mí, y quiero una bendición y un consejo sobre cómo salvar a mi amigo’.
“Eran las 7:00 de la mañana cuando toqué a la puerta. El ama de llaves abrió y le expliqué que tenía cartas para el Rebe. Ella se molestó. ‘Esta no es la manera de hacer esto’, dijo. ‘¡Déjalas en la secretaría como todos los demás!’. Luego cerró la puerta. Volví a llamar. Cuando abrió, simplemente coloqué las cartas en su mano. A regañadientes, las llevó adentro. Yo esperaba que le llegaran al Rebe.
“Después de dejar las cartas, caminé hasta 770 y esperé cerca del estudio del Rebe. Cuando el Rebe entró al edificio, me vio. Me miró con ojos profundamente penetrantes y luego entró en su estudio. Como media hora después, me dieron la respuesta del Rebe a nuestras cartas.
“Escribió una respuesta cálida pero aguda, de la cual citaré solo el final. Mi amigo había escrito en su carta que ‘mi lucha con las drogas comenzó en los últimos seis meses’. El Rebe añadió una estrella cerca de esas palabras y escribió en los márgenes:
Esto significa que hasta hace seis meses todo estaba bien en usted, [a pesar de] no consumir drogas. ¿Cómo, entonces, puede decirse a sí mismo que ahora no tiene la capacidad de abstenerse de ellas [y que no puede vivir sin ellas]? Tiene la capacidad de superar estos hábitos, y [eso puede suceder] con mucha más facilidad de lo que imagina.
“Volví con mi amigo. Nos sentamos juntos y leímos la respuesta del Rebe. Empezó a derrumbarse, a llorar. Lo tocó hasta lo más profundo de su alma. Empezó a volver en sí.
“No mucho después, regresó con su familia, recuperó un estilo de vida saludable y dejó atrás todo este período – como si nunca existió”19.
El poder atómico dentro de nosotros
“Nuestros Sabios nos aseguran”, explica una carta a un hombre de negocios estadounidense que estaba considerando hacer un difícil cambio de vida, que “nada se interpone en el camino de la voluntad”20. Esto es comprensible, ya que a cada ser humano se lo ha dotado de inmensos poderes en potencia. Si las cosas materiales tienen tremendos poderes atómicos, cuánto mayor es el poder “atómico” del alma que, como lo define la Torá, es “realmente una parte de Di-s en lo Alto”21. Sólo es necesario concretarlo; y esto es una cuestión de la propia voluntad y determinación del individuo22.
Era el invierno de 1971, y Tzvi Hersh Weinreb, un joven padre de algo más de treinta años, acababa de recibir un doctorado en psicología y comenzaba a trabajar como psicólogo clínico en Silver Spring, Maryland.
“Supongo que era demasiado joven para una crisis de la mediana edad”, recordó Weinreb más tarde, “o tal vez llegué a ella antes que la mayoría, pero en ese momento estaba profundamente desgarrado por preguntas apremiantes.
“Tenía mucha incertidumbre sobre mi carrera. ¿Debería siquiera seguir en psicología? Y si es así, ¿debería hacer una carrera de práctica privada o aceptar una oferta de los servicios sociales del condado?
“Estaba en una encrucijada en mi relación con mi esposa. ¿Cómo podría hacerlo mejor? ¿Cómo podríamos acercarnos más? Habíamos estado casados durante seis o siete años, pero ¿cómo podría volverlo un vínculo que durara sesenta o setenta años?
“Estaba confundido acerca de la forma correcta de criar a mis hijos. ¿Qué tipo de actitud debo tomar como padre? ¿A qué colegios debo enviarlos?
“También tuve mi propia cuota de dudas sobre la fe. La vieja pregunta de por qué le pasan cosas malas a la gente buena me atormentaba. No de una manera filosófica, sino de una manera profundamente personal.
“Estaba confundido hasta el punto de la depresión”.
Weinreb acudió a sus amigos cercanos en busca de consejos sobre cómo manejar esta crisis, y uno de ellos lo animó a consultar al Rebe. Al principio se mostró escéptico, pero sintiéndose cada vez más desesperado, pensó que no tenía nada que perder. Y así, un día, Weinreb se encontró llamando a la oficina del Rebe.
“El secretario del Rebe contestó el teléfono en inglés, con un simple: ‘Hola, ¿quién es?’.
“Mientras hablaba con el secretario, en el fondo escuché al Rebe preguntar en ídish: ‘¿Quién llama?’.
“‘Un judío de Maryland’, respondí.
“Le dije al secretario que tenía muchas preguntas que me gustaría conversar con el Rebe; preguntas sobre qué dirección debería tomar mi vida, preguntas sobre mi carrera, preguntas sobre la fe... Le expliqué que estaba en una etapa muy incierta de mi vida y que no sabía a dónde acudir.
“Y luego escuché al Rebe decir en el fondo, en ídish: ‘Dile que hay un judío que vive en Maryland con quien puede hablar, su nombre es Weinreb’.
“El secretario me preguntó: ‘¿Escuchó lo que dijo el Rebe?’.
“Yo no podía creer lo que escuchaba. Sabía con certeza que no había dado mi nombre al secretario, ¡pero el Rebe acababa de decir mi nombre! Me quedé desconcertado y quise escucharlo de nuevo. Así que cuando el secretario me preguntó si había escuchado, dije que no.
“El secretario repitió las palabras del Rebe: ‘Dile que hay un judío que vive en Maryland con quien puede hablar, su nombre es Weinreb’.
“Entonces le respondí: ‘¡Pero si mi nombre es Weinreb!’.
“Y entonces escuché al Rebe decir: ‘Si ese es el caso, debería saber que a veces uno precisa hablar consigo mismo’”.
Weinreb se volvió un respetado psicólogo, un erudito estimado y un líder prominente en la judería norteamericana (entre otros cargos, se desempeñó como presidente de la Unión Ortodoxa, una organización judía ortodoxa líder en los Estados Unidos).
Rememorando esta llamada telefónica cuarenta años después, dijo:
“Pienso en esta llamada telefónica un par de veces a la semana, si no todos los días. Si pudiera poner palabras en la boca del Rebe, creo que estaba diciendo: ‘Estás buscando respuestas fuera de ti mismo. Ya no eres un niño; eres un hombre. Tienes treinta años; eres padre; eres un maestro. Con todos tus problemas –filosóficos, profesionales, familiares– la respuesta está dentro de ti. Debes ser valiente. Debes vencer la falsa modestia. No te vuelvas arrogante, pero nunca te menosprecies. Date cuenta de que puedes hacerlo. Y puedes hacerlo hoy’”.
Bendición y saludo:
(traducción libre)
16 de Iyar 5711 Brooklyn, N.Y.
Me ha complacido tener la oportunidad de intercambiar unas palabras con usted. Puesto que usted relacionó su visita con el día de Pesaj-shení que observamos anteayer, quiero hacer de él el tema de esta carta.
Una de las lecciones significativas de Pesaj-shení es no desesperar nunca, incluso cuando uno no ha alcanzado las alturas espirituales de los demás. Así, mientras todo el pueblo está celebrando Pesaj a su debido tiempo, y uno encuentra a sí mismo “lejos”, o de alguna manera no apto para entrar en el Santuario, se le dice: no desesperes; comienza tu camino hacia el Santuario; acércate más y más; porque tienes una chance y oportunidad especiales de celebrar el Segundo Pesaj, si te esfuerzas lo suficiente.
Por favor, transmita mis saludos y mis mejores deseos a su círculo.
Cordialmente, /M. Schneerson/

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