Un tema importante en las enseñanzas del Rebe es que la actividad intensa después de una pérdida ayuda a desarrollar un mayor sentido de propósito y puede ser un medio importante para lograr el consuelo.
En 1956, después de un atroz ataque terrorista en una escuela de la aldea israelí de Kfar Jabad que se cobrara seis vidas (véase el capítulo 14 para más información sobre esta historia), los habitantes del lugar quedaron totalmente devastados y abatidos.
En palabras de un artículo periodístico publicado en aquella época, “la desesperación y el abatimiento invadieron a la aldea y comenzaron a corroer sus cimientos. Algunos funcionarios locales eran de la idea de cerrar la escuela. Otros vieron lo ocurrido como una señal de que su sueño de una vida pacífica en la Tierra Santa era prematuro. ¿Tal vez deberíamos disolvernos, cobijarnos al amparo de cielos más seguros? La aldea está pereciendo lentamente...”.
¿La reacción del Rebe? Aunque el judaísmo no ofrece explicaciones para la tragedia, sí tiene una respuesta. Por lo tanto, el mensaje del Rebe a la aldea afectada fue: ¡No disminuyan ni resten importancia a sus nobles actividades, por el contrario, increméntenlas y extiéndanlas!1
Las dudas que los residentes de Kfar Jabad habían comenzado a albergar respecto a su proyecto comunitario de establecer una ciudad se vieron opacadas por su preocupación y sus terribles pensamientos y conversaciones pesimistas. Sólo al sumergirse en actividades de mayor crecimiento comenzarían a ver su misión bajo una mejor luz, y su fe en el futuro volvería a florecer.
En su respuesta a la gente de Kfar Jabad, el Rebe no estaba arrojando luz sobre el verdadero problema de seguridad que había. De hecho, muy poco después de ocurrida la tragedia, se puso en contacto con el Sr. Zalman Shazar, futuro Presidente de Israel, para discutir cuestiones de seguridad. Pero, al principio, el Rebe se centró en dar apoyo moral y ánimo. Su mensaje era claro: el consuelo se logra a través de incrementar las actividades, un mayor sentido de propósito y redirigiendo nuestros pensamientos de lo que se ha perdido a lo que afortunadamente aún queda.2
Una conmovedora enseñanza de Rabi Jaim Ibn Atar3 , conocido como Or HaJaim, sobre el duelo de Iaakob por su hijo Iosef, aclara este punto:
En el libro de Génesis leemos la desgarradora historia de Iosef y sus hermanos. Iaakob, convencido de que su amado hijo Iosef había sido devorado por bestias salvajes, se sentía abrumado por el dolor. La Torá relata que Iaakob se rasgó las vestiduras, se vistió de duelo y dijo: “Bajaré a mi tumba llorando por mi hijo”. Se negó a ser consolado, pero su familia no dejó de intentarlo. De hecho, (como expone el versículo:) “todos sus hijos e hijas se levantaron para consolarlo...”.4
Or HaJaim observa que los hijos de Iaakob no pronunciaron una sola palabra de consuelo. La situación estaba más allá de las palabras, ya que Iaakob se había declarado inconsolable. Pero se reunieron, los once hijos, las hijas y la multitud de nietos, y “se levantaron” para “consolarlo”. Sabían que nada de lo que pudieran decir o hacer podría reparar el pasado. Pero lo que sí podían hacer era simplemente presentarse ante él, haciendo brillar el centro de atención de la gran y hermosa familia de Iaakov, destacando el bendito presente y su prometedor crecimiento hacia el futuro.
Inmediatamente después de este relato, la Torá ofrece otra lección sobre el efecto de intensificar las actividades después de un trauma.
Iehudá había perdido trágicamente a dos de sus hijos. Poco después perdió también a su esposa. ¿Cómo encuentra consuelo un hombre que lo pierde todo? “Subió a supervisar a sus pastores”5 . Se dedicó a desarrollar sus negocios. Al concentrarse en un proyecto y poner su mente y su corazón en éllo, estaba ayudando a sanar sus heridas.
El Rebe hizo un comentario similar a una afligida viuda que había perdido trágicamente a dos hijas por una enfermedad. Poco después de completar la shivá de su segunda hija, escribió una carta desgarradora al Rebe preguntando cómo Di-s podía llevarse a dos de sus hijos después de haberse llevado a su marido. Concluyó su carta preguntando cómo podría seguir viviendo con semejante dolor.
A su última pregunta, el Rebe respondió que la manera de vencer tal sufrimiento era “dedicándose a aliviar (literalmente “endulzar”) las vidas del ‘viudo y los huérfanos’, es decir, su yerno y sus nietos”. Esto, escribió el Rebe, sería un canal para su dolor y la ayudaría a alcanzar cierto grado de consuelo y bienestar.6
El Rebe transmitió un mensaje similar al rabino Rafael Grossman y su esposa cuando acudieron en busca de consuelo tras el repentino y devastador fallecimiento de su hija de diecisiete años. Después de aconsejarles sobre el curso de acción en un cambio de vida que estaban contemplando, el Rebe dijo gentilmente:
“Y en lo que respecta al consuelo duradero, el verdadero consuelo lo obtendrán a través de los logros positivos que alcancen en el futuro, especialmente los relacionados con honrar e inmortalizar la memoria de tu preciada hija, de bendita memoria”.7
En la misma línea, cuando el rabino Mordejai y Freida Sufrin estaban de duelo por el fallecimiento de su recién nacido, delicadamente el Rebe les sugirió: “Sería aconsejable que hiciesen todo lo posible por dar a luz otro hijo.”
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