A pesar de que el Rebe siempre insistió en que nos tomásemos los eventos trágicos a pecho, utilizándolos como catalizadores para la reflexión y el crecimiento espiritual (ver capítulo 11), también rechazó las “justificaciones” simplistas de tales eventos trágicos.

En varias ocasiones y en diferentes contextos, el Rebe se pronunció en contra de aquellos que pretendían culpar de las tragedias —ya sea las inminentes o las que ya habían caído sobre el Pueblo de Israel— a la falta de observancia de la Torá. Fiel a su costumbre, el Rebe se esforzaba mucho no sólo en ver a sus semejantes judíos de manera positiva, sino en hallar excusas para sus conductas, aunque a veces las mismas fueran defectuosas.

En reiteradas ocasiones, el Rebe enfatizó que Di-s ama a Sus hijos —como la Torá afirma una y otra vez1 — y que Él no desea escuchar cosas despectivas sobre ellos. Incluso los profetas, de quienes se dice que “el espíritu de Di-s hablaba a través de ellos y Su palabra estaba en su lengua”2 , fueron advertidos de que “Di-s no desea a quien habla mal de Su pueblo”3 .

Nunca fue más marcada la defensa del pueblo judío por parte del Rebe —y su firme insistencia en que se le viera con una mirada afectiva— que cuando hablaba del Holocausto. En 1990, mientras se incrementaban las tensiones en el Golfo Pérsico e Irak amenazaba a Israel con un ataque químico, un influyente rabino israelí afirmó (en un discurso publicado en los medios de comunicación israelíes) que la guerra inminente sería otro Holocausto, que, como su predecesor, sería un castigo por el abandono de la práctica religiosa. La respuesta del Rebe a semejante afirmación fue contundente e inequívoca:

Esta generación, remanente del Holocausto en el que seis millones de judíos (que Di-s vindique su sangre) fueron asesinados, es comparable a un “leño rescatado de las llamas”. ¡Di-s prohíbe, por lo tanto, [que alguien ose] criticarlos hasta el punto de advertir de otro holocausto (en ciernes)...! Tal arrebato contra esta generación se torna muchísimo más grave al conectarlo con la profanación del honor de los que perecieron en el Holocausto al afirmar que tal Holocausto ocurrió por sus pecados...4

En cambio, el Rebe enfatizó su postura previamente expuesta respecto a que ciertas circunstancias no deseadas (o desgracias) ocurren no como una forma de castigo por faltas cometidas, sino como consecuencia de un decreto, plan divino, para el que incluso los grandes eruditos de la Torá carecen de respuestas. Por ejemplo, quién puede explicar por qué uno de los más grandes Sabios del Talmud, Rabí Akiva, fue asesinado de manera tan cruel por los romanos o por qué los “diez mártires”5 perecieron de manera igualmente horrenda. Cuando los Sabios buscaron la explicación de Di-s, sólo recibieron como respuesta: “Guarda silencio...” (“no cuestiones”)6 , o bien: “Es Mi decreto” (“así lo decido Yo”)7 .

El ejemplo primordial de tal decreto inexplicable es la revelación de Di-s a Abraham: “Sabe con certeza que tus hijos serán extranjeros en una tierra que no es la suya. Serán esclavizados y oprimidos durante cuatrocientos años”8 . Este decreto, dijo el Rebe, no se debió a ningún pecado sino que fue un decreto Divino9 . Y lo mismo con el Holocausto:

La destrucción de seis millones de judíos de una manera tan horrenda que superó la crueldad de todas las generaciones anteriores no puede considerarse un castigo por los pecados. Ni el mismísimo Satanás podría hallar un número suficiente de pecados que justificasen semejante genocidio. No hay absolutamente ninguna explicación racional para el Holocausto, excepto el hecho de que se trató de un decreto Divino —definitivamente, no la voluntad interior de Di-s— sino más bien un momento en el que “por un breve instante Yo (Di-s) te he dejado”10 .

Y por qué sucedió, está más allá de toda comprensión humana, pero definitivamente no es ningún castigo por pecado alguno. Por el contrario, todos los que fueron asesinados en el Holocausto son considerados “santos” (kedoshim), ya que fueron asesinados en santificación del Nombre de Di-s por su condición de judíos, y es sólo Di-s quien vindicará su sangre.

Tan grande es el nivel espiritual de los kedoshim, aun sin tomar en consideración su nivel en la observancia de las mitzvot, que sobre ellos dicen los Sabios: “Nadie más puede alcanzar su (encumbrada) posición”11 . Cuánto más [se puede decir esto] sobre quienes perecieron en el Holocausto, muchos de los cuales procedían de lo mejor de la judería europea observante de la Torá, como es bien sabido.

[Por lo tanto,] es inconcebible que se cite al Holocausto como ejemplo de castigo por el pecado.173

El Rebe consideraba particularmente reprobable el concepto (universalmente difundido) ique es la creencia de muchos, asumido por muchos) de que Di-s se sienta en el cielo a contabilizar los pecados de Su pueblo en previsión de castigarlos. Tal perspectiva sobre la forma en que Di-s conduce los asuntos de este mundo es nada menos que un insulto a Di-s:

[Es] lo opuesto al honor celestial describir a Di-s como que está sentado calculando el número de pecados y esperando a que haya suficientes para tomar retribución; para luego, después de haber aplicado el castigo, comenzar a contar nuevamente... Esto es, sin duda, lo opuesto al respeto por Di-s, ya que da la impresión de que Di-s puede ser comparado con un rey cruel que está esperando para castigar. Esto es, de hecho, lo contrario de la verdad, ya que Di-s es un “Padre Misericordioso”, como lo afirman explícitamente numerosos versículos, particularmente [en el libro del Éxodo que enumera] los “trece atributos de la misericordia...”12

Además, cuando el Todopoderoso castiga por los pecados —después de haber sido sumamente paciente— el castigo no es a modo de venganza, sino es por el bien de la persona misma, para limpiarla y purificarla de la impureza del pecado. En palabras del Alter Rebe: “Como un padre misericordioso, sabio y justo, y que golpea a su hijo... como un rey grande y admirable que lava él mismo el excremento de su único hijo, por su gran amor hacia él”13 . Y dado que dicha purificación es por amor, causa dolor a Di-s y también Él grita: “Ay de mí...” y “Yo estoy con ellos en sus problemas”...14

En otra ocasión, el Rebe expuso apasionadamente sobre la importancia de hablar positivamente unos de otros:

Todo el pueblo judío es una entidad única y unificada... Debemos apreciar la importancia de hablar positivamente y los efectos perjudiciales de hablar negativamente. Cualquiera que tenga genuino temor a Di-s también temerá hablar negativamente de Sus hijos. Criticar o hablar desfavorablemente de cualquier segmento del pueblo judío es como hacer tales declaraciones sobre Di-s mismo. Es como si uno golpeara a quien más ama: a Di-s. Un ataque contra cualquier judío es un ataque contra Di-s. Cuando uno habla, sus motivos son irrelevantes; lo que importa es cómo la gente entiende tales palabras. Este es ciertamente el caso cuando dichas declaraciones se hacen en público, con gran publicidad, hasta el punto de ser difundidas incluso por la prensa secular; y en particular cuando la persona que hace las declaraciones es una figura pública que tiene influencia sobre otros15 .

Fiel a su estilo, el Rebe concluyó con una nota positiva: “Aquellos de quienes se ha hablado negativamente deben saber que dichas palabras no tienen ni tendrán ningún efecto sobre ellos. Por el contrario, Di-s los bendecirá tanto en lo material como en lo espiritual con buena salud y largos años”16

El Rebe instó a que sigamos el modelo de los prominentes líderes judíos de la historia: Moshé y Aarón, Baal Shem Tov y Rabi Levi Itzjak de Berditchev17 , quienes siempre procuraron hallar méritos en sus semejantes, aun en momentos en que éstos se hallaban en una situación espiritualmente desfavorable.