Cuando ocurre una tragedia a nivel comunitario, la conmoción y la sensación de vulnerabilidad pueden ser paralizantes. Se suelen plantear interrogantes complejos, del tipo “¿Qué hacemos ahora? ¿No deberíamos retirarnos o reducir nuestros esfuerzos y nuestra presencia? ¿No será una señal de que estamos en el lugar equivocado, que esto nunca funcionará?”.
En el capítulo 12 hemos citado la respuesta del Rebe a los afectados residentes de Kfar Jabad después de que su aldea fuera objeto de un ataque terrorista:
Si bien el judaísmo no da explicaciones para la tragedia, no obstante sí tiene una respuesta: No disminuyan ni desvirtúen sus nobles actividades, sino increméntenlas y expándanlas.
El consuelo puede lograrse mediante la intensificación de la actividad, un mayor sentido de propósito y reorientando nuestros pensamientos acerca de lo que se ha perdido hacia lo que afortunadamente aún queda.
Al elegir reconstruir e intensificar el crecimiento ante la pérdida —y especialmente ante el terrorismo y los actos de odio— también hacemos una declaración de victoria. Nos convertimos en la evidencia tangible de que el mal no prevalece, de que la vida triunfa sobre la muerte. Por el contrario, reducir los esfuerzos y las actividades positivas sólo contribuye a promover los objetivos ideológicos de los perversos.
Una remota expresión de este argumento podemos hallarlo en la tradición midráshica1 , tal y como lo pronunció la profetisa Miriam cuando era una niña. Después de que el Faraón decretara que todos los varones hebreos recién nacidos fueran arrojados al Nilo, los padres de Miriam —Amram y Iojeved— que ocupaban posiciones de liderazgo entre los hijos de Israel, se divorciaron (para evitar que su eventual hijo fuese asesinado), lo que llevó a otros israelitas a divorciarse también. Miriam ae presentó ante su padre desafiándolo: “El Faraón decretó contra los varones, pero tú has decretado también contra las mujeres”.
Como resultado de dicha discusión, que provocó el reencuentro de Iojeved y Amram, nació nada menos que Moisés, declarado enemigo del Faraón. Y fue este argumento el responsable de la alta tasa de natalidad judía a pesar de su condición de esclavos en Egipto.
El argumento de Miriam no era ciertamente intuitivo, y el contraargumento resonaría a lo largo de gran parte de la historia judía, incluyendo más recientemente el Holocausto: “¿Quién en su sano juicio podría traer niños a un mundo tan oscuro y turbulento?” En la época del primer holocausto judío en Egipto, cuando los recién nacidos fueron utilizados como elementos de repuesto (ladrillos)para la construcción y se llevó a cabo una campaña de genocidio contra los niños varones, tener hijos debía parecer, como mínimo, irresponsable. Y, sin embargo, tal como argumentó Miriam, y finalmente el pueblo judío entendió, privarse de traer hijos al mundo sólo contribuía al programa de exterminio planeado por sus enemigos.
En una franca carta dirigida a Eli Wiesel (sobreviviente del Holocausto cuyo activismo y escritos le valieron el Premio Nóbel de la Paz), el Rebe abogó por un enfoque similar para quienes habían sufrido el trauma y la devastación del Holocausto:
Y ahora permítame hacer una observación personal relacionada con nuestra discusión cuando usted me visitó la última vez. Su serie de artículos intitulada “Y el mundo quedó en silencio” despertó en mí la idea que me gustaría comunicar aquí.
Recordar y no olvidar, como enseña la Torá: “No olviden lo que les hizo Amalek...”2 es obviamente una acción, y en el lenguaje de los Sabios: un “mandato positivo”.
No obstante, recordar es sólo un aspecto de nuestra responsabilidad. El otro aspecto, y posiblemente más importante, es la batalla activa contra la llamada “solución final” que Hitler, que su nombre sea borrado, como Amán en su momento, tenía en mente concretar.
Tal batalla debe expresarse a través de hechos que recuerden la respuesta judía al infanticidio en Egipto: “se multiplicarán y proliferarán”.
Para lograr dicho objetivo no sirve meramente entristecerse y recordar constantemente las horribles tragedias del pasado y la importancia de no olvidar. Más bien, debemos ampliar y dar a conocer los esfuerzos para que el pueblo judío crezca literalmente, y en el espíritu de “se multiplicarán y proliferarán”, en franca contraposición a la “solución final”.
En este tema, como en todos, lo importante es dar un ejemplo viviente, especialmente alguien como usted que sufrió los horrores que sufrió, que demuestre que Hitler no prevaleció. Aunque más no sea para fastidiarlo, cada uno debería tener una familia numerosa de hijos y nietos.
Con toda la convicción que puedo reunir, me gustaría decir que, a pesar de la importancia de contar a las generaciones más jóvenes las trágicas experiencias y pérdidas sufridas y lo difícil que es librarse de esos terroríficos recuerdos y calvarios del pasado, en mi opinión, la principal vocación de nuestro tiempo es cumplir la enseñanza por la cual: “(Aun) contra tu voluntad, debes vivir”3 , con el énfasis puesto en “debes vivir”... es decir, debes hacer el esfuerzo de establecer un hogar y una familia judía, lo que sin duda contribuirá a la caída (definitiva) del hitlerismo (neonazismo), demostrando la futilidad de sus esfuerzos para que haya un jasid menos de Vizhnitz...4
En la conclusión de esta extensa misiva (de la que sólo citamos una parte), el Rebe culmina:
¿Es una carta demasiado extensa? Sin embargo, si en buena hora contrae usted matrimonio después de la Festividad de Shavuot, según la tradición de Moisés e Israel, esta larga carta, así como el tiempo que usted haya dedicado a leerla, habrá sido recompensado.
Posteriormente, Eli Wiesel se casó y atribuyó su decisión, en parte, a la insistencia del Rebe. Como relató en una entrevista, el Rebe se alegró de la noticia: “El mejor ramo de flores que he recibido fue el del Rebe para mi boda. Él [siempre] me incentivaba a casarme. Tengo cartas —una carta en la que hablamos de teología judía— siete, ocho páginas sobre teología. Al final [de la carta], dijo: “Y, por cierto, ¿cuándo se casará usted?”. Como si ambas cosas tuvieran algo en común”5 .
En la mente del Rebe, claramente lo tenían6 .
Además de la respuesta práctica, demográfica, el Rebe también abogó por una especie de represalia espiritual como respuesta a la pérdida masiva que el pueblo judío ha sufrido a manos de los enemigos.
Lo que sigue es un extracto de una sesión de debate informal entre miembros del Gabinete de Liderazgo Joven de la U.J.A. (United Jewish Appeal) y el Rebe, que se prolongó hasta la noche del 4 de marzo de 1962.
Pregunta: Haremos una peregrinación a Varsovia y a Auschwitz en conmemoración del levantamiento del Gueto de Varsovia. A medida que nos adentramos en la lectura, nos surgen interrogantes y cuestionamientos que nos Holocausto y Auschwitz nos plantean... ¿Cuál es el significado de todo ello?
Rebe: ...si la historia nos enseña algo que no debemos repetir o que debemos emular, la mejor lección la podemos tomar de la destrucción del Segundo Templo. Fuimos testigos de algo tan terrible, que debe llevar a cada judío a identificarse más con su judaísmo... cada uno de nosotros tiene el deber de luchar contra Hitler, [lo cual] puede concretare promoviendo que todo lo que Hitler tenía en mente aniquilar, no sólo continúe, sino que se desarrolle más y a mayor escala. Hitler no estaba interesado tanto en aniquilar el cuerpo de los judíos como en aniquilar su espíritu. [Decretó que las ideas espirituales y morales que encarnaba el pueblo judío7 ] no debían infectar al pueblo alemán, al pueblo ruso ni al pueblo polaco, y por eso tenía a todo el pueblo polaco, ruso y alemán de su lado. Consideraban a los judíos como un cuerpo extraño, y un cuerpo que no pertenece debe ser eliminado.
Si se ejerce influencia sobre un judío para evitar que se asimile y que profese su judaísmo, su orgullo, su inspiración y su alegría, ello es derrotar al hitlerismo. Si alguien hace todo lo posible en su vida personal por ser judío y [para que] todo el mundo en la calle vea que es judío, que su casa es un hogar judío, que está orgulloso, y que ser judío no es una carga sino su orgullo, su vida derrota la idea del hitlerismo.
Cuando vas a Auschwitz debes profesar que Auschwitz no vuelva a ocurrir. Puedes afirmarlo convirtiéndote en un ejemplo de judío viviente. No tiene nada que ver con el exclusivismo. No estás tratando de convertir a nadie en judío, sino que estás luchando, estás luchando por la supervivencia no sólo como ser humano, sino como judío. En nuestro tiempo es un problema considerable, porque cada uno de nosotros debe hacer algo no sólo para realizar su misión sino para reemplazar a todos aquellos que fueron asesinados y aniquilados. La misión (inconclusa) de ellos es nuestro deber directo8 .
En los años posteriores al Holocausto, el Rebe expresó a menudo la noción de que después de las atrocidades cometidas por los alemanes, que aniquilaron a casi un tercio del pueblo judío, cada judío vivo cuenta como dos, ya que a través de cada judío vivo, también viven aquellos que fueron asesinados.
En cuanto a los sobrevivientes y a los que no fueron directamente afectados por la catástrofe, la responsabilidad de ellos de representar a los que perecieron queda plasmada en el siguiente relato:
Un sobreviviente del Holocausto fue cierta vez a visitar al sexto Rebe de Lubavitch, Rabi Iosef Itzjak Schneersohn, algunos años después de que se estableciera en América. Este sobreviviente estaba atormentado por un sentimiento de culpa que lo consumía por completo, del mismo tipo del que afligía a muchos de los que veían cómo sus compañeros eran asesinados, o que eran el único remanente de sus familias o pueblos enteros. El interrogante de “¿Por qué yo?” devoraba sus horas de vigilia. “¿Por qué sobreviví yo y los demás no?”, es el cuestionamiento que se formula esta gente y los carcome por dentro.
A este hombre también le perseguía la culpa del sobreviviente. Había visitado a muchos rabinos en busca de consejo para poder seguir adelante, pero fue en vano. Su búsqueda lo llevó a 770 Eastern Parkway para una audiencia con el Rebe.
“¿Qué zejut (mérito) tuve yo por sobre los demás?”, preguntó desesperadamente. “¿Por qué yo tuve el privilegio de sobrevivir?”
La enfática respuesta de dos palabras cambió su vida:
¿Zejut? ¡Jov! (“¿Privilegio? ¡Obligación!”)
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