En el comienzo, la gente contemplaba con admiración el mundo a su alrededor Después comenzó a comprender todo lo que podía. Pero la admiración persistía. Eventualmente llegó a creer que podía comprenderlo todo; y aquello que no tuviera explicación, simplemente no era verdad, no existía. Eso fue la muerte de la maravilla.

Todo esto es un preámbulo a la visión del Rebe sobre la verdad:

Descartar la noción de que "verdad" significa aquello que nos parece razonable. Quienes pensaron así fueron los que calificaron de engaño a la lámpara de Edison, mientras Menlo Park disfrutaba de su luz; y quienes escribieron tesis para demostrar que no es posible volar dentro de una máquina, mientras los hermanos Wright estaban haciéndolo públicamente desde hacía cinco años. Aquéllos eran tan tontos como los científicos del siglo XVIII, quienes desalojaban a los meteoritos fuera de los museos argumentando: "¡No caen rocas del cielo, porque en el cielo no hay rocas!".

La verdad es algo que puedes encontrar entregándote a ella. La verdad es algo que a veces -incluso- preferirías rechazar algo que se niega a acomodarse en tu mente. La verdad viene de algún lugar más allá de tu entendimiento, más allá de ''ti".

Cuando hayas reconocido que sí, que ésta es la verdad ineludible, debes entonces comprometer cada célula de tu cerebro para comprenderla, para digerirla. Pero comienza con admiración, con el vacío, con ojos y oídos abiertos para lo que el mundo te está diciendo.