Contrariamente a la creencia popular, las raíces del movimiento espiritual clandestino que llegó a conocerse como jasidismo surgieron casi un siglo antes del nacimiento de R. Israel Baal Shem Tov, el 18 de Elul de 5458 (1698).

Dejando de lado complejas historias superpuestas sobre el porqué, baste decir que era una época peligrosa para practicar el misticismo judío, especialmente dentro de las comunidades donde Baal Shem Tov fue criado y donde se le transmitieron las complejidades de la Cabala y la Torá. Los místicos judíos de la época eran recibidos con severas sospechas por algunos miembros de la comunidad judía, por lo que se dedicaban a su intenso y devoto estudio en relativo anonimato.1

Por su parte, Baal Shem Tov se empeñó en ocultar su santa luz, prefiriendo una vida privada consagrada al estudio de la Torá, a la profunda contemplación y a la sagrada práctica mística, al tiempo que resistía todos los esfuerzos de su mentor, R. Adam Baal Shem, por sacarlo de su autoimpuesta oscuridad. 2

Pero había una verdad que acechaba en los rincones de la tranquila vida del gran maestro: la conciencia del propósito de su alma en la tierra, arraigada en una historia que le reveló su maestro cuando era adolescente.

Como le fuera dicho al joven Israel en una carta:

En el año 1573, en la santa ciudad de Safed, en el norte de Israel, vivía un judío sencillo en estado de absoluta devoción y dedicado exclusivamente al servicio a Di-s, a pesar de ser casi un perfecto ignorante en Torá. En el mejor de los casos, era capaz de leer lo suficientemente bien como para cumplir con sus deberes de la plegaria.

Una noche, mientras recitaba Tikún Jatzot, la plegaria de medianoche en que los piadosos lamentan la destrucción del Sagrado Templo, este hombre fue sorprendido por unos golpes en su puerta.

Tras preguntar quién estaba allí, oyó la increíble respuesta: "Es Elías el Profeta".

Sin dudarlo un instante, el joven abrió inmediatamente, dando la bienvenida a Elías mientras la habitación se llenaba de luz divina y regocijo por la santa presencia del profeta.

La figura resplandeciente lo observó brevemente antes de decir: "He venido a revelarte el maravilloso secreto de cuándo vendrá el Mashíaj. Pero sólo si antes me revelas el especial acto meritorio que has realizado el día de tu Bar Mitzvá, pues fue ese acto el que movilizó a la Corte celestial a dictaminar que eres digno de escuchar esta gran revelación."

La verdad de lo que dijo el profeta lo invadió: que había hecho una acción en el día de su Bar Mitzvá, algo tan profundamente puro y santo que había pasado desapercibido (incluso) a la vista de las almas más elevadas e incluso de la mismísima Corte celestial, y que, como tal, (dicha acción) fue recibida y conocida sólo por Di-s mismo. Esas elevadas almas, a su vez, estaban dispuestas a bendecirle con uno de los mayores secretos guardados en los Cielos, todo para saber qué acto tan especialmente meritorio había realizado.

Increíblemente, el joven rechazó la tremenda oferta del profeta, alegando: "Me educaron en la creencia de que las buenas acciones que uno realiza deben permanecer ocultas a los demás para asegurarse de que las realiza sólo en aras de Di-s."

Entonces el gran profeta desapareció y regresó a la Corte celestial, donde se produjo un gran tumulto por el rechazo del hombre a la inusual oferta, expresando así su asombrosa devoción a Di-s, incluso a costa de una recompensa insondable. Después de considerarlo, la Corte celestial dictaminó que el hombre debería recibir aún mayores recompensas espirituales, incluyendo el conocimiento de todos los aspectos y dimensiones de la Torá.

Después de recibir su bendición espiritual, este hombre, anteriormente simple, se convirtió en un ejemplo único de pureza, erudición y divinidad, sin perder jamás su modestia distintiva, eligiendo preservar su conocimiento, obras inspiradoras y logros sagrados exclusivamente para la gloria de Di-s. Vivió una vida de aislamiento e inimitable devoción; y al fallecer compareció para su juzgamiento ante la Corte celestial. Por supuesto, fue unánimemente declarado digno merecedor de la más elevada distinción en el Cielo.

Tras reflexionar sobre el destino del alma del hombre, se decidió que descendería nuevamente al mundo físico, excepto que esta vez debería revelar su grandeza, y su alma tendría la tarea de iniciar un nuevo camino en el servicio a Di-s. Su sagrada misión glorificaría a Di-s de una manera sin precedentes, infundiendo sabiduría Divina en la creación y acelerando así, en gran manera, la llegada del Mashíaj. 3

R. Adam Baal Shem concluyó su carta al joven Israel diciendo: "Tú eres esta alma Divina, enviada a este mundo una vez más para traer una nueva luz."

Esta alma, renacida como R. Israel Baal Shem Tov, legó a la humanidad la escuela del Jasidismo, el camino del amor bondadoso, y dio origen a una tremenda revolución en el judaísmo. Como resultado, las viejas concepciones judías de devoción y mérito, práctica y propósito quedaron totalmente trastocadas.

Qué apropiado que fuera Baal Shem Tov quien revelara la siguiente asombrosa verdad espiritual, verdad que el Rebe repetiría incesante y enfáticamente en un esfuerzo por cristalizar la importancia de un mero acto de servicio y bondad:

"Un alma puede descender a este mundo durante setenta u ochenta años sólo para hacer un favor a otro.” 4

Aquí estaba un alma que se había elevado a alturas espirituales mayores incluso que las de los Patriarcas, que dominaba todas las dimensiones de la Torá y que había vivido en perfecta armonía con la Divinidad. Y sin embargo, esta alma, de indescriptibles mérito y santidad, fue enviada de vuelta con un último mandamiento: debes compartir tu sabiduría con tus semejantes.

La síntesis de esa sabiduría, y su manifestación, se cristaliza en un mero acto de bondad de cada uno de nosotros, acto al cual Baal Shem Tov ototgó un valor único, suficiente para justificar toda una vida.

Una buena acción

Durante un memorable farbrenguen de Purim en 1962, en un momento en que su visión de "difusión" aún no había cobrado plena fuerza, el Rebe elaboró la historia de Baal Shem Tov sobre el propósito único en un esfuerzo por inspirar y reorientar a una comunidad de Jasidim centrados en sí mismos hacia una vida de shlijut y servicio:

"El descenso del alma 'desde un alto tejado a un pozo profundo' es el mayor de los descensos, sin comparación. Como explica el Tania... [el estado del alma mientras está encarnada en este mundo] no es comparable al del alma antes de descender a este mundo, y mucho menos comparable al del alma tal como está en su Fuente.

"...Siendo así, se requiere una explicación: ¿Qué razón puede haber para justificar tal descenso?"

Aquí el Rebe hizo referencia a las sagradas palabras de Baal Shem Tov:

"Un alma puede descender a este mundo durante setenta u ochenta años sólo para hacer un favor a otro".

Comentando esta revolucionaria enseñanza, el Rebe observó:

“Ahora piensen en esto. Hablamos de un judío justo que estudia la Torá y observa los mandamientos a lo largo de toda una vida de setenta u ochenta años. Sin embargo, el descenso de su alma a este mundo es esencialmente para una o dos acciones puntuales. …Y dado que el objetivo principal del descenso [del alma] es esa acción específica, se entiende que esa acción es la más importante, y por medio de ella el alma se eleva más alto que por medio de todas las demás acciones durante su vida en este mundo.

"Esa es también la lección para todos y cada uno de los individuos con respecto a su actual servicio a Di-s...

"...Puesto que ninguno de nosotros sabe realmente con certeza [la razón por la que su alma fue enviada a este mundo], puede ser que esta acción sea la acción esencial por la que su alma ha descendido durante el lapso de setenta u ochenta años.

"Y cuando argumenta que ya ha vivido muchos años poniéndose tefilín, estudiando Torá, observando mitzvot y haciendo mucho bien a los demás, y siendo así, ¿cómo es posible que todas esas cosas sean meramente secundarias a esta única acción de hacer un simple favor espiritual a un judío, o incluso un mero favor material? ¿Es posible que todos sus setenta años sean meramente secundarios a esa única acción?

"La Torá nos enseña: No desprecies un día de cosas pequeñas.5 Esto se refiere a una acción que, sin bien a tu juicio parece la más trivial de las cosas, pero sin embargo, ya que te ha tocado a ti realizarla, 'no la demores'.6 ...Es posible que cada acción o asunto que se te presente pueda ser toda la razón por la que tu alma haya descendido a este mundo...".

“Y cuando el enfoque de uno hacia todo lo relacionado con la Torá y las mitzvot se basa en la premisa de que quizás haya sido solo por esa acción que su alma ha descendido durante los setenta u ochenta años de su vida, y todo lo demás es secundario, entonces realizará esa acción con una motivación completamente diferente, y así su éxito será incomparable”.7

Esto es

Como se ejemplifica en la siguiente historia, fue precisamente esta apremiante conciencia, orientada al propósito, la que el Rebe encarnó personalmente y buscaba transmitir a cada persona con que entraba en contacto.

Una mañana temprano, cuando el Rebe salía de su casa camino a 770, se le acercó un hombre que había viajado desde lejos y lo encaró en busca de orientación.

Se trataba de una violación del protocolo, ya que las reuniones con el Rebe solían concertarse a través de su secretaría con muchos meses de antelación, debido a las extremas exigencias del tiempo del Rebe.

No obstante, el Rebe se detuvo y se tomó el tiempo necesario para tratar los problemas del hombre, dejándole reconfortado y revitalizado antes de dirigirse a la sinagoga.

Cuando el hombre se dio la vuelta para marcharse, fue confrontado por algunos estudiantes de la ieshivá que habían presenciado su intercambio con el Rebe y querían reprenderle por su audacia. Lo amonestaron por considerarse superior a quienes esperaban pacientemente su turno para ser recibidos por el Rebe en iejidut o que simplemente le habían escrito una carta y esperaban una respuesta.

El hombre se sintió abrumado por el remordimiento y envió al Rebe una carta de arrepentimiento, disculpándose profusamente por haberle hecho perder el tiempo de semejante manera.

El Rebe comenzó su respuesta aliviando los sentimientos que le dejó su encuentro con aquellos estudiantes de ieshivá: "En primer lugar, los estudiantes de ieshivá que lo han abordado a usted, lo hicieron durante las horas de clase, cuando deberían haber estado estudiando en la ieshivá en lugar de haberle reprendido,"

El Rebe ofreció entonces una respuesta conmovedora, replanteando radicalmente su interacción con el hombre:

"Una de las enseñanzas cardinales de Baal Shem Tov es que 'el alma puede descender a este mundo durante toda una vida, sólo para hacer un favor a otro'. ¿Quién sabe? Tal vez la razón por la que mi alma vino a este mundo fue para poder ayudarte esta mañana.”8

A través de las numerosas historias sobre el Rebe vemos esta convicción en acción: cada encuentro con alguien en necesidad merece nuestra máxima atención de amor, independientemente de la montaña de exigencias que se cierne al otro lado del encuentro. Incluso cuando su lista de tareas a realizar era asombrosamente extensa, permanecía fiel a la enseñanza de Baal Shem Tov: cada encuentro puede ser la oportunidad más importante de tu vida, el mismísimo acto de bondad por el que tu alma se ha encarnado. Puede ser un desconocido indigente que tiende su mano hacia ti mientras corres a tu próxima cita, o un amigo que te llama con el corazón quebrado después de que hayas tenido un día especialmente agotador, o un niño que te interrumpe por una pregunta mientras trabajas denodadamente para seguir el ritmo de tu carga de trabajo…

Es precisamente en esos momentos cuando debemos recordar que ninguna oportunidad de estar ahí para otro es trivial o despreciable, y que cada encuentro está colmado de tremendas y desconocidas posibilidades. De hecho, esa oportunidad aparentemente trivial, ese único acto de caridad o buena voluntad, puede encarnar el propósito y el potencial que tu alma vino a cumplir a este mundo.