El domingo 20 de Tevet de 5749 (1988), el Rebe se presentó ante una fila de cientos de personas en 770 Eastern Parkway, Brooklyn, que habían viajado desde diversas partes del mundo para recibir su porción de dólares de domingos. Durante más de dos años, esta práctica fue una constante; cada domingo, innumerable personas visitaban al Rebe, quien entregaba billetes de un dólar, y ocasionalmente algunos más, a todos los que acudían. Se esperaba que, a su vez, cada receptor donase la misma suma, en un acto de tzedaká (caridad). a alguien en necesidad. El Rebe era bien conocido por su singular dedicación a fomentar esta práctica entre sus seguidores.
Ese domingo en particular, el Rebe recibió la visita del filántropo internacional, diplomático y funcionario público Ronald Lauder. El Rebe entregó a Lauder un billete de un dólar y le dijo:
“Mi idea es que, (ya desde) el primer encuentro entre dos judíos, estos hagan algo por un tercero. Y lo primero que pueden hacer por ese tercero es aportar –. Y esa es la idea de dar: no es mucho dinero, pero es una indicación de lo que cada uno de nosotros debería hacer: cuando nos encontremos con alguien, comencemos por hacer algo que beneficie a un tercero...”1
Este concepto añade una asombrosa dimensión a nuestra búsqueda de propósito. De la misma manera que cada individuo tiene su propio y único propósito divino, cada generación recibe su propio propósito general y colectivo, que representa un área distinta de enfoque para esa generación en particular. 2
Durante la época de los sabios talmúdicos, por ejemplo, esta mitzvá superlativa era el estudio absorbente de la Torá.
Pero el Rebe proclamó una misión generacional nueva y radical, que fuera iniciada por el Alter Rebe, y que respondía a las exigencias únicas de nuestro tiempo y al rol específico que nos corresponde en la historia de la creación. Esta nueva meta-mitzvá proponía un giro trascendental: tomar el enfoque introspectivo (y centrado en el alma) —propio de los Sabios de generaciones anteriores— y canalizarlo hacia afuera (hacia el otro.) Era un llamado a establecer un paradigma renovado que prioriza la acción y el servicio al prójimo. No implicaba restar valor a la introspección o al estudio3 , sino introducir una nueva prioridad dominante: orientarnos a realizar el trabajo propio y específico de nuestro tiempo, y estar dispuestos a cambiar nuestro enfoque al llegar nuestra parte de ese trabajo.
El propósito de nuestra generación es, según el Rebe, llegar a ser una generación caritativa, una generación de dadores.
La Mitzvá del momento
Esta revolucionaria reorientación hacia la tzedaká se observó por primera vez en el Tania, que declaraba que había llegado el momento de un cambio profundo. El Rebe citaba a menudo el siguiente pasaje para promover este principio:
“...Presten atención a estas breves palabras, sobre cómo en estos tiempos, cuando los pasos del Mashíaj se acercan, el principal servicio a Di-s es el servicio de la tzedaká. Como dijeron nuestros Sabios, de bendita memoria: ‘Israel será redimido solo mediante la tzedaká’.
”(Si bien) nuestros Sabios, de bendita memoria, dijeron que ‘...El estudio de la Torá es equivalente a todas ellas’ [a todas las mitzvot previamente enumeradas en la Mishná], incluyendo los actos de bondad, (no lo dijeron para todas las épocas, sino) solo para la época de ellos pues, para ellos, el área principal del servicio Divino era el estudio de la Torá, razón por la cual hubo tan grandes eruditos en aquellos tiempos…
"Sin embargo, en una época en que los pasos del Mashíaj se acercan, [el principal servicio de nuestra generación pertenece] al nivel de Asiá [“acción”, porque] no hay manera de adherirse verdaderamente a ella [a la presencia de Di-s en el mundo] y transformar la oscuridad del mundo en luz excepto a través de una correspondiente categoría de acción, como lo es la acción de tzedaká.4
Da lo mejor de ti
Comprender por qué la tzedaká es la mitzvá de nuestro tiempo requiere que examinemos brevemente su naturaleza metafísica en relación con el propósito y el papel único que desempeña el acto de dar en el cumplimiento de la misión de nuestra época. Según las interpretaciones cabalísticas, la tzedaká es singular por su poder de elevar a la humanidad y cumplir el propósito supremo de la creación. Como ocurre con todas las mitzvot, la energía que invertimos en el acto de dar eleva nuestra alma animal y, al hacerlo, atrae la luz de la Divinidad al mundo. Sin embargo, cuando cumples una mitzvá típica, solo pones una parte de ti mismo en el acto; por ejemplo, usas el brazo y la cabeza para ponerte los tefilín; te vales de la boca para comer matzá, pero tu intelecto no necesariamente está implicado. En cambio, cuando aportas tzedaká, estás haciendo mucho más.
Como lo resume el Alter Rebe en el Tania:
"Ahora bien, no encontrarás ninguna otra mitzvá en la que el alma animadora [del cuerpo] se halle revestida en la misma medida que en la mitzvá de la caridad. Porque en todas las demás mitzvot, sólo una facultad del alma [animadora] está revestida (por ejemplo, la facultad de la acción en la mano que se coloca los tefilín o sostiene un etrog), e incluso esta única facultad está revestida en la mitzvá sólo mientras realiza la citada mitzvá.
"En el caso de la caridad, sin embargo, que uno da del producto del trabajo de sus manos, ciertamente toda la fuerza de su alma [animadora] está revestida en (es decir, aplicada a) el esfuerzo de su trabajo u ocupación por la cual obtuvo este dinero que ahora distribuye para caridad. Así, cuando entrega ese dinero en caridad, dinero al que aplicó toda la fuerza de su alma [animadora], resulta que toda su alma [animadora] asciende a Di-s. De ahí la superioridad de la caridad sobre otras mitzvot.
”Incluso quien no gana su sustento mediante su trabajo, de todas formas, el hecho de que podría haber usado ese dinero —que finalmente entregó a la caridad— para adquirir lo necesario para sí mismo, implica que está entregando la vida de su alma a Di-s en forma de caridad. Por eso, la caridad encierra y eleva mayor flujo de energía del alma animadora que cualquier otra mitzvá."
"Por eso nuestros Sabios han dicho que la caridad acelera la redención. Pues con un solo acto de caridad se eleva mucho del alma [animadora], de hecho, (se eleva) más facultades y poderes (del alma) de lo que se podría elevar por medio de muchas otras mitzvot [combinadas]... La Era Mesiánica es el resultado de nuestros esfuerzos por purificar y elevar el alma [animadora]; la caridad, que efectúa esta elevación de forma tan profunda y abarcadora, acelera así la redención."5
Una alcancía de Tzedaká siempre disponible
Como parte de su esfuerzo por concretar y realizar la conciencia de tzedaká que incansablemente se esforzaba por sembrar en todas partes y en todas las personas con las que se relacionaba, el Rebe lanzó una campaña mundial de cajas (alcancías) de tzedaká.6 Típicamente, una lata o pequeña caja con una abertura para monedas y billetes, estos recipientes, conocidos coloquialmente como pushkas, representan mucho más que meras alcancías de caridad. El Rebe animó a los judíos de todo el mundo a empotrar estas cajas, como elementos permanentes,7 en sus lugares de estar, trabajo, ocio y otros, porque su sola presencia transformaría cada contexto y lugar en un centro de generosidad8 y bendición. 9
"Una caja (alcancía) de tzedaká", enseñaba el Rebe, "redefine todo un espacio, transformándolo en un centro de bondad y afecto10
Su objetivo, tanto como el de dólares de domingo, era crear una masa crítica de generosidad y ayudar a transformar nuestras vidas, nuestros hogares y toda nuestra generación, en fuentes de altruismo.11
Con el tiempo, la influencia de la Campaña Pushka se extendió mucho más allá de los hogares y las familias judías. El Rebe se esforzó por vincular todos los entornos, instituciones, profesiones y emprendimientos en una cadena secuencial de donaciones caritativas. Por ejemplo, animó a un oficial de la marina israelí a pedir a sus superiores que colocaran una pushka en cada buque de la marina.12 En el invierno de 1990, el Rebe pidió a uno de los directores generales de El Al Airlines una lista de todos los aviones bajo su gestión para donar un dólar como impulso para la colocación de pushkas en cada avión.13 Instó a los estudiantes universitarios a colocarlas en las residencias estudiantiles.14 Incluso animó a Avraham Fried, el célèbre cantante jasídico, a dar tzedaká antes y después de cada concierto, lo cual se convirtió en un ritual para Fried, que se asegura de dar caridad en el escenario en cada una de sus presentaciones. De hecho, el Rebe siempre buscaba una oportunidad para difundir la conciencia de tzedaká.
En Janucá 5747 (1987), trece años después de haber lanzado la Campaña Pushka, el Rebe anunció una campaña para colocar una alcancía en la habitación de cada niño. Al día siguiente, salió de su oficina en 770 Eastern Parkway con una bolsa de monedas de cinco centavos, que distribuyó a los niños para que las colocaran en sus nuevas alcancías de tzedaká.15 Con el tiempo, su constante entrega a los niños de monedas para caridad llegó a ser una de las iniciativas más notorias y reconocibles de la labor del Rebe.
"Recientemente hemos estado promoviendo la educación de los niños judíos en la mitzvá de tzedaká dándoles una moneda para que la depositen en sus pushka de tzedaká (alcancía de caridad). Hay quienes buscan problemas y argumentan: ¿Cuál es el sentido? Son niños que no están obligados a cumplir las mitzvot, y ni siquiera disponen de su propio dinero. ¿Qué sentido tiene darles una moneda para que la pongan en la pushka?"
El Rebe explicó:
"La respuesta la ofrece un versículo explícito: Educa al niño según su camino, incluso en su vejez no se desviará de él.16 Cuando educas a un niño a poner dinero en una pushka, ciertamente continuará haciéndolo cuando crezca. Esto entrena su mano para ser "una mano generosa, que distribuye tzedaká”. 17
Desde la perspectiva del Rebe, cada acto de dar, sin importar cuán pequeño sea y sin importar la edad del donante, nos inmuniza contra la perniciosa tendencia moderna a afirmar que la satisfacción y la plenitud de la vida se basan en la máxima adquisición posible (para propio beneficio). De este modo, nos elevamos por sobre los dictados del alma animal, que ve el mundo a través de la lente de la escasez y la supervivencia, dejando poco espacio para la generosidad y la caridad, a la vez que fomenta una vida definida por la acumulación, el materialismo y el exceso. La donación para caridad se convierte así en la antítesis espiritual de la carrera hacia el “más y más”, impulsada por la escasez, y nos reorienta hacia la Divinidad, la interconexión y la fe.
El mensaje es claro: No pospongas el acto de dar. Empieza con algo pequeño. Pon una pushka en tu casa. Abre una cuenta de ahorros especial dedicada a donaciones caritativas. Empieza a trabajar hacia el maaser, la mitzvá del diezmo.18 Haz un "plan de tzedaká" a cinco años y con el tiempo ve incrementando tu capacidad de dar. Da sin reservas, cada día y con espíritu de generosidad.
El Rebe insistió en que quien elija ser un vehículo de generosidad y bondad contribuye al gran esfuerzo para acelerar la llegada del Mashíaj.
"Además, finalizando esta alocución y designando a cada uno de los aquí presentes como emisario para dar tzedeká en el momento adecuado y con su propia contribución adicional, ello acercará aún más y acelerará el tiempo [del Mashíaj]... Y [entonces] danzaremos juntos con nuestras alcancías de tzedaká y con nuestras buenas acciones acumuladas.”19
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